6 de noviembre. Son las dos de la mañana -otra vez insomnio-. Enciendo la televisión y veo que Trump ha ganado en Pensilvania y puede que en Florida. Las caras de nerviosismo en los medios son más que evidentes. Perfecto, me olvido de dormir. Ya son las cuatro, y ambas victorias se confirman. De hecho, solo Minnesota e Illinois han aguantado el tirón en el Medio Oeste. Unas horas más tarde, los resultados se hacen oficiales. La derrota Demócrata es definitiva y las miradas en su sede son todo un cuadro. -Malditas estadísticas- gruñen algunos. Para muchos, es difícil ocultar su frustración y de hecho el partido aún va a…