Dicen que pocas veces dejó nadie su patria para ir al destierro tan abatido como Aníbal cuando abandonó la tierra enemiga; que repetidas veces volvió la vista hacia las costas de Italia, y que, acusando a los dioses y a los hombres, echó maldiciones sobre sí mismo y su propia cabeza por no haber conducido sus tropas a Roma cuando aún estaban cubiertas de sangre por la victoria de Cannas. Tito Livio La segunda Guerra Púnica y su desenlace Hoy nos hemos acercado hasta El Café de la Lluvia para hablar de una batalla que tuvo especial relevancia allá por el siglo I. a. C. Se trata de la batalla…