De 7 en 7

3 meses ago elcafedelalluvia 0

Vuelvo a uno de mis géneros favoritos, el western, y os voy a contar el por qué. Hace unas semanas me decidí a ver el remake de los Siete Magníficos que se estrenó en 2016, dirigida por Antoine Fuqua y protagonizada por Denzel Washington y Chris Pratt entre otros. Aunque no me esperaba mucho del film, salvo que al menos fuera entretenida, lo cierto es que me defraudó bastante: un argumento muy pobre, personajes sin convicciones, un malo demasiado exagerado y tiroteos casi inverosímiles.

Fue tan malo el sabor de boca que me dejó, que tuve la imperiosa necesidad de coger la versión original, la de 1960, y contemplarla de nuevo, de principio a fin. Tras el fiasco del remake sentí como mi pasión por el western revivía. Y es de esta versión original de la que voy a hablaros hoy.

Siempre el Clásico

Para empezar, debemos matizar el adjetivo de “original”. Porque lo cierto es que esta película no es del todo original, en realidad se trata del remake de una película japonesa, la gran Los 7 Samuráis, del aún más grande director Akira Kurosawa, que había sido estrenada 6 años antes. Puede resultar curioso pensar que una película de un género tan puramente americano como es el western esté basada en una historia japonesa, pero lo cierto es que no es éste el único caso. Años después, Sergio Leone se basaría de nuevo en una película de Kurosawa, Yojimbo (1961) para realizar su primera película sobre la Trilogia del Dólar, Por un puñado de dólares (1964). En este caso Kurosawa acusó y denuncio a Leone por plagio. No había ocurrido lo mismo con Los 7 Magníficos, de la que el director japonés se declaró fiel devoto. Es más, se dice que tan encantado estuvo por la película que le regaló al director, John Sturges, una espada de samurái como agradecimiento.

Yul Brynner, protagonista del film.

Antes de entrar a comentar la película, enmarquémosla. Dentro del género western existen una variedad de subgéneros, el clásico, el spaghetti, el crepuscular… Podríamos catalogar Los 7 Magníficos como una evolución del western clásico, a media camino entre éste y el western crepuscular. La principal característica del western clásico es que los protagonistas son siempre los buenos, es decir, los hombres de la ley, como el sheriff y sus ayudantes, o los soldados del 7º (o cualquier otro) regimiento de caballería. En este caso nuestros protagonistas no son hombres de la ley, sino más bien vaqueros o pistoleros, pero que son contratados para luchar del lado de los desafortunados contra los malos, los auténticos forajidos. Es por esto que no nos encontramos ante un western clásico, de hecho, se dice que con este film arranca el western crepuscular, en el que los protagonistas ya no son los hombres de la ley con su brillante placa, sino personajes oscuros, cansados, sucios y melancólicos.

Cumplir con lo prometido: Entretener

La historia es bastante sencilla, y a la vez de las que gusta al público: los pobres habitantes de un pequeñito pueblo que son acosados por una banda de forajidos. Para ponerle solución acuden con sus escasos fondos a una serie de “hombres de armas” para que les ayuden. Estos van aceptando uno por uno, pero no por el dinero, la paga no es demasiado generosa, sino más bien por su sentido del honor, o de resarcimiento. Se trata pues de un esquema básico: unos pocos buenos, que ayudan a los más desfavorecidos a luchar contra los que les tienen dominados, muy al estilo de unos Robin Hood con pistolas. El planteamiento es sencillo, y en definitiva, podemos decir que estamos ante una película que cumple lo que promete, entretener y hacer disfrutar al espectador. Eso lo cumple con creces.

Fotograma de Los 7 Magníficos

Entremos un poco en materia. Tenemos a nuestro malo malísimo, el temible Calvera, interpretado por un grandísimo Eli Wallach, brillante como en todas sus actuaciones (más recordado por el público por ser el feo de El bueno, el feo y el malo). Sin poder soportar más el trato al que son sometidos, los habitantes del pueblo van en busca de pistoleros. El primero con quien se topan es Chris, interpretado por Yul Brynner. Se dice que Brynner, una gran estrella en ese momento, fue quien tuvo la idea de la adaptación y quien más insistió a los productores para la realización del film, asegurándose además no solo ser el principal protagonista, sino que también se hizo con el derecho de elegir al resto de actores.

Tras Chris, van apareciendo el resto de personajes. Sturges no se toma demasiado tiempo en presentar al resto de los magníficos, interpretados por un grandísimo reparto, Steve McQueen, Charles Bronson, James Coburn (con estos tres Sturges volvería a contar en otra de sus grandes obras, La gran evasión), Robert Vaughn, Brad Dexter y Horst Buchholz. Pero ni el director, ni nosotros, necesitamos conocer a fondo a los personajes, solamente las motivaciones que les mueven para aceptar el trabajo: honor, dinero, respeto, etc. La trama se centra más en la presencia de los magníficos en el pueblo, en la ayuda a los habitantes, su adiestramiento y su relación con ellos, y por supuesto en los enfrentamientos con Calvera y su banda, en grandes tiroteos que son de lo mejorcito del género, especialmente la lucha final, de la que no desvelaré nada para quien no conozca la película.

Y esa música…

La película gozó de un notable éxito, y con el tiempo se convirtió en uno de los grandes clásicos del género. Su éxito fue tan grande que se llegaron a realizar tres secuelas, aunque Yul Brynner solo repetiría su papel de Chris en la primera de ellas, una serie de televisión con un miembro del reparto original, Robert Vaughn, y el remake del 2016.

Y por último, pero no menos importantes, y en este caso el dicho está más que justificado, la banda sonora. Esa gran banda sonora compuesta por Elmer Bernstein, que se convirtió en todo un icono del western y que influyó en otras melodías posteriores.
Si os apetece disfrutar de uno de los grandes clásicos del género ya sabéis, un sofá, unas palomitas, y a pasarlo bien.

Víctor Tirador García

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