Alula. Presentación de columna acerca del informe PISA
Eco de lluvia

El informe PISA y la realidad frente al espejo del alumnado español

El sistema educativo español no ha salido bien parado del último informe PISA. ¿Qué está pasando? ¿Existen soluciones? 

El pasado 8 de septiembre vio la luz el Informe PISA del año 2025. El documento analiza mediante una serie de parámetros el nivel del sistema educativo de los países de la OCDE y asociados. En el caso de España, algunos resultados han levantado ampollas y rápidamente se han generado bandos en la detección de las causas del empeoramiento en España.  

Los datos clave para no enredar al personal son los siguientes: bajada de 23 puntos en comprensión lectora, 16 en matemáticas y una caída en ciencias que nos sitúa por debajo de la media de la OCDE por primera vez. Estos tres puntales son los que han llenado titulares en primera instancia en todo medio de comunicación que se precie. 

¿Por qué?  

Las causas suelen ser complejas y responde por norma general a diversos factores. En este caso se ha focalizado mucho el debate en las pantallas y en el uso de la Inteligencia Artificial. La propia ministra del ramo, Milagros Tolón, hacía hincapié en ello en una reciente entrevista en la cadena SER, descartando los posibles efectos negativos de la LOMLOE, algo que sí señala la oposición al gobierno. 

Cualquier tiempo pasado fue PISAdo y se perdió

No se trata de decir ”cualquier tiempo pasado fue mejor” y ver con añoranza épocas que ya hemos distorsionado en nuestra memoria (de esto ya nos hablaban los romanos), pero sí hay que entender que los marcos sociales, económicos, políticos y tecnológicos han cambiado a lo largo de estos años y por ende también lo ha hecho el sistema educativo. 

El problema es que los cambios realizados en esto último no han sido capaces de adaptarse a las nuevas realidades. Seguramente porque la constante sucesión de leyes educativas españolas no responden a necesidades del alumnado, sino a intereses del partido de turno que entraba al Gobierno de España y a su vez del propio Sistema (nos quieren imbéciles).

Tiempos líquidos, pilares caídos y leyes ridículas

La LOMLOE no deja de ser reflejo de los tiempos líquidos en los que vivimos en un Sistema que nos quiere sumisos. El proceso ha sido gradual y la exigencia cada vez menor. Una base profunda de conocimientos es necesaria para poder aplicarlos en el día a día en distintos ámbitos, así como la adquisición de habilidades y competencias. Sin ese poso de saberes poco podemos hacer. El esfuerzo tiene que ser bandera, así como la disciplina y el respeto hacia compañeros y profesorado. 

Me da la sensación de que se ha realizado un ejercicio de ingeniería social que pretende bajar el nivel de los alumnos e igualarlos en la mediocridad, que nadie despunte, que todos sean iguales en el fango en el que los quieren sumir.

Las pantallas y la IA 

Es un tema que ya aburre. La exposición a las pantallas debería ser mínima y a la IA es necesario ponerle cerco y, sobre todo, enseñar a utilizarla de manera ética. Aquí también entran en juego los valores sobre los que se rige una sociedad y el ejercicio necesario de responsabilidad que debe ejercer cada alumno (y esto se tiene que aprender en casa).  

El profesorado, dique de contención

El profesorado es el último bastión, la resistencia. A pesar de los escasos recursos que tienen y la gran carga burocrática a la que están sometidos, intentan que los alumnos alcancen las metas fijadas en cada curso. Labor compleja y con muchos “palos en la rueda” por parte de las administraciones. Están jodidos, muy jodidos y no es casualidad que el número de bajas se haya disparado los últimos años e incluso muchas personas dejen el oficio. 

Las familias y la agónica espiral 

Actualmente estamos inmersos en una espiral que no nos deja ni respirar. Un eterno maratón en el que no nos detenemos y esto afecta a las familias. El tiempo es lo más valioso de lo que disponemos. ¿Pasamos el tiempo que queremos con nuestros hijos? ¿Es posible? ¿Es tiempo de calidad? Es necesario implicarse e implicarles, una labor compleja en el contexto en el que vivimos. Somos su espejo y ejemplo.  

 ¿Soluciones?

PISA es un indicador de indicadores, pero no es la Biblia. Ser fieles seguidores o detractores de este informe es irrelevante. Y sí, podemos criticar la cocina de los datos y los criterios, pero no hace falta PISA para ser conscientes de la deriva a la que nos dirigimos. 

Se habla en España de un gran pacto por la educación. De primeras suena mejor que cambiar la ley con cada gobierno, despropósito total. Ahora, ¿quién va a elaborar el corpus? Los políticos deberían dar paso a los profesores, a los que saben cómo es el día a día en el aula, porque si es un pacto entre políticos sin criterio alguno, ¿de qué nos sirve?  

Y otro asunto, este Sistema nos quiere huecos. Hay mucho trabajo por hacer desde todos los frentes.

Javier F. Negro

Redacción
Author: Redacción

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