La mirada de Michael Corleone

Don Vito atiende la petición de Bonasera

Pocas sagas en el mundo del celuloide (y de la narrativa, pero eso queda para otro momento) han logrado despertar tanta admiración por parte de crítica y público como El Padrino. La serie de películas dirigida por Francis Ford Coppola nos transporta a una epopeya coral con tintes de tragedia griega en la cual se nos narra la historia de la familia Corleone (una ficticia familia italoamericana del hampa neoyorkino) a lo largo del siglo XX, centrándose especialmente en la vida del principal protagonista de los tres largometrajes, Michael Corleone.

A pesar de la huella que el personaje interpretado por Al Pacino ha dejado en la cultura popular, parece que en el imaginario colectivo ha quedado eclipsado por el magnífico Vito Corleone de Marlon Brando, y es por eso que es justo dedicar una columna a la evolución de tan carismático y oscuro personaje de la historia del cine, posiblemente una de las mejores interpretaciones que recuerda Hollywood.

Introducción al personaje

Michael Corleone se nos presenta como el menor de los tres hijos del Don de la familia Corleone, Vito, el cual se estableció en los Estados Unidos de América a principios del S.XX y acabó haciéndose con una posición dominante dentro del mundo de La Mafia neoyorkina de los años 30 y 40. Michael, como tercer hijo varón de Don Corleone, no estaba destinado a heredar los negocios de su padre, papel destinado al mayor de sus hermanos, Santino.

Michael relata a Kay el modo de vida de su padre

Muy al contrario, Michael deseaba mantenerse alejado de los negocios de su familia, razón por la cual se había formado en una prestigiosa universidad y, en un acto de rebeldía, se había alistado en el Cuerpo de Marines de los EEUU. Sin embargo, una serie de eventos trágicos debidos a las luchas de poder entre las 5 familias de la mafia de Nueva York, acaban obligando a Michael a hacerse cargo del legado familiar y, de manera sorprendente para todos sus enemigos, se mostrará como un hombre frío y calculador capaz de todo para mantener a salvo la posición de su familia, siendo su mayor obsesión que esta se mantenga unida. Todas sus acciones irán encaminadas a obtener poder para mantener a salvo a su familia, y todo, paradójicamente, le llevará a terminar destruyendo a su familia para mantener ese poder.

Evolución durante la saga

El personaje del padre de Michael, Vito Corleone, es el retrato de un hombre que, pese a foguearse en un mundo violento y terminar adaptándose a él haciendo él mismo uso de esa violencia, se nos presenta con mucha humanidad. Una humanidad que observamos en el trato afectivo que, dentro de las particulares relaciones de lealtad del mundo siciliano, brinda a sus amigos, a sus socios y, sobre todo, a los miembros de su familia (queda para el recuerdo la escena final del “viejo” Vito con su nieto, donde se nos muestra toda la ternura del personaje).

La transformación de Michael

En contraposición a su padre, Michael tendrá a lo largo de las tres películas una evolución muy diferente, El Michael que vemos al comienzo de El Padrino es un hombre nada interesado en continuar la vida delictiva de su padre, y que simplemente se nos muestra como una persona que siente cariño por los miembros de su familia, pero con cuya naturaleza criminal no se siente a gusto, como demuestra su frase: “Así es mi familia Kay, pero yo no“.

Pero la historia de El Padrino es la historia de cómo una serie de circunstancias trágicas pueden cambiar a un hombre y el rol que está destinado a ejercer. La evolución de Michael puede verse en un detalle magistral de la interpretación de Al Pacino, y es su mirada. Pocas veces en la historia del cine una mirada ha dicho tanto del fondo de su personaje, y resulta asombroso comparar la mirada limpia, con cierta ternura e inocencia del Michael que compra los regalos de navidad junto a su novia Kay, a la mirada oscura e impasible que muestra el Michael Corleone que está asistiendo al bautizo de su sobrina, donde la transformación del personaje ya se ha consumado, culminando un proceso que es el principal elemento narrativo de la primera parte de la trilogía. Y es que esta evolución está maravillosamente compartimentada en las tres películas. Si en la primera vemos la transformación de Michael en un personaje despiadado para defender a la familia, en la segunda vemos cómo este nuevo e implacable Don Corleone, aún más alejado de todo rasgo de humanidad (sólo apreciamos un atisbo de estar ante una persona con sentimientos cuando conversa con su madre acerca de sus temores respecto a la familia), acaba viendo desmoronarse a su familia mientras afianzaba su imperio (todo esto acompañado de los brillantes flashback que nos muestran el ascenso de su padre, Vito). Finalmente, en la tercera, asistimos al arrepentimiento y búsqueda de expiación del otrora poderoso señor de la mafia, en una obra de tintes confesionales.

La Familia

Asistimos, pues, a la tragedia de un hombre que, creyendo proteger lo que él más ama, acaba destruyéndolo y destruyéndose a sí mismo para que, cuando decide escapar de ese interminable y kafkiano ciclo de muertes (magistralmente acompañado por ese vals de Nino Rota que nos inspira de modo brillante esa suerte de castigo de Sísifo que es la vida de la mafia).

El destino de Michael Corleone

Me partiste el corazón Fredo

La comparación entre las vidas de Vito y Michael es la herramienta narrativa que emplea Coppola en la segunda (y para mí la mejor) parte de la saga. Esta confrontación de ambas realidades contrapone la de un Vito que construye una familia de la nada, con la de un Michael que parte de un objetivo diametralmente opuesto: proteger y conservar lo que ya tiene, viéndose incapaz de frenar la decadencia a la que parece estar abocada su familia a pesar de eliminar sistemáticamente a sus enemigos y consolidar su poder. Si hay una paradoja que defina mejor que nada cómo es Michael Corleone, es la relación que tiene con su hermano mediano, el débil pero afectuoso Fredo Corleone, y cómo esta relación se resuelve de la manera que menos cabría esperar en un hombre que concede tanto valor al vínculo familiar.

La confesión de Michael

Es la historia de cómo el poder afecta a personas buenas, de cómo se ven arrastradas a un círculo vicioso (siempre representado por ese vals de Rota) de muerte que les acaba transformando.
El Michael de la tercera parte de la saga (buena película, aunque alejada de las pretensiones épicas de las dos primeras, y concebida como homenaje y colofón a la historia), es un hombre que ha perdido la determinación de antaño y su carácter impasible. Un hombre al que, finalmente, han alcanzado los demonios que él mismo creó, y que busca en vano la redención, no ya para él, sino para su familia, viendo cómo una vez más ese terrible ciclo de muerte se abate sobre lo que para él es más preciado.
Finalmente, el destino del hombre que anhelaba más que nada proteger a su familia, es la soledad de quien se ha convertido en un monstruo como aquellos de los que quería proteger a los suyos.

Antonio Cristóbal Castellano

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