Lusitania en el Museo Arqueológico Nacional

Nos adentramos en la sala de exposiciones temporales del Museo Arqueológico Nacional para ver la muestra Lusitania, un recorrido del proceso de romanización sobre las culturas prerromanas que se articulaban en el oeste peninsular.

Ecos de la romanización

Figura granítica de guerrero

Nuestros primeros pasos nos llevan frente a la figura granítica de un imponente guerrero que no deja de ser una carta de presentación de los pueblos que habitaban en aquellas regiones, aspecto al que se suma el verraco que sucede a dicho guerrero. Zonas de trashumancia, ganadería y peleas intestinas es lo que se encontraron los romanos cuando iniciaron el proceso de conquista allá por el año 218 a.C en tiempos de la República.

Si entramos en materia vemos a través de la muestra los elementos que compusieron el proceso de romanización. Podemos destacar cómo se articulan las relaciones bajo la jurisprudencia romana con un Pacto de Juromenha, la canalización de las aguas gracias a la creación de acueductos y la medición del tiempo con la instalación de relojes solares. Elementos que atienden a lo público de ciudades como Augusta Emérita de la que podemos disfrutar mediante una recreación realizada por el taller de Ramiro Hernández y Prieto. No se olvida la muestra del propio prestigio social que se refleja a la hora de morir mediante la composición de estelas funerarias y lápidas.

Mosaico de las musas
Mosaico de las musas

Otra de las piedras angulares del orbe romano que podemos ver en la muestra es la creación de villas en el ámbito rural. Enclave de una élite social en el que se practicaba el ocio, pero que también era una fuente de recursos, cuyos excedentes entraban dentro del flujo comercial. El mosaico de las Musas es una de las piezas que más nos ha impresionado, dicho elemento de ornamentación pertenece a la Villa romana de Torre de Palma y data en el Siglo IV d.C.

La Lusitania religiosa

Sin ánimo de revelar al lector muchos más atributos que componen Lusitania no se puede dejar pasar el factor religioso. Un conglomerado de cultos convivían en la bastedad del territorio, representados de modo público en diversas partes de la ciudad. Por tanto convivían deidades autóctonas y romanas,  además de otras formas de culto como el que se ejercía a la figura del emperador. Finalmente, no debemos olvidar que en el ocaso del Imperio Romano de Occidente corrientes como el judaísmo y el cristianismo se asomaban al oeste de la Península para quedarse, aspecto que también se refleja en la muestra en forma de lápidas.

Llegados a este punto, cabría preguntarse si la exposición cumple las expectativas y alcanza la finalidad propuesta en inicio que no es otra que mostrarnos a través de 200 piezas de diferentes yacimientos y colecciones (Museu Nacional Soares dos Reis, Museu Nacional de Arqueología de Lisboa, Campo Maior, entre otros), los elementos que aglutinaron a diferentes etnias y culturas bajo el mismo paraguas que tuvo como máximo realizador a la figura de Octavio al crear en el año 25 a.C la provincia de Hispania Ulterior Lusitania con capital en Augusta Emérita. Pues bien, en gran medida sí. No obstante se echan en falta más recursos en forma de mapas, ilustraciones y recreaciones. Sin embargo, somos conscientes de que el espacio físico también es limitado y lo que priman son las piezas, que por cierto, son en suma de gran valor histórico. Si residen o están de paso por la ciudad de Madrid, no lo duden y visiten la exposición, merece mucho la pena.

Javier Fernández Negro