Comunistas en la antigua Iberia

No sabríamos leer las bellas páginas de la Antigüedad sin sentir no sé qué emoción de un género particular […]; cuando nos entregamos a esas añoranzas, es imposible no querer imitar lo que se añora”, Benjamin Constant (De la libertad de los antiguos comparada con la de los modernos, 1819).

Un texto curioso

Esto trata de una causa noble que se apoyó en un espejismo. Todo comienza con un breve texto antiguo:

“la organización más curiosa es la de los llamados vacceos; cada año dividen la tierra entre ellos y la cultivan; consideran la cosecha propiedad común y entregan su parte a cada uno, y han establecido la pena de muerte para los agricultores que sustraen alguna cosa” (D. S. 5.34.3; trad. de J. J. Torres Esbarranch).

Portada de Joaquín Costa, /Crisis política en España/, 1901.

El historiador griego Diodoro Sículo escribió esto en el siglo I a.e.c. acerca de los vacceos, pobladores del valle del Duero, entre otras curiosidades sobre Iberia. Es un texto extraño, y aislado. Nunca más se mencionó una costumbre parecida, ni de los vacceos, ni de ningún otro pueblo hispano. Quizá por eso pasó prácticamente inadvertido a lo largo del tiempo, hasta que un hombre lo rescató a finales del siglo XIX.

Joaquín Costa era historiador, jurista y político republicano. Es considerado uno de los grandes regeneracionistas, aquellos intelectuales inquietos por la grave crisis de España en torno al Desastre de 1898. Era un progresista moderado, pero en ocasiones mantuvo discursos más radicales, cercanos al movimiento obrero. Hijo de campesinos, le preocupaba especialmente el injusto reparto de la tierra, el privilegio de los latifundistas y la miseria que generaba. Por eso le fascinaba la idea del colectivismo agrario, como fenómeno histórico y como solución de futuro para la pobreza en España. Ahí entraba el texto de Diodoro.

Utopías destruidas

Costa quería demostrar que la explotación comunal de la tierra era un sistema que funcionaba, así que dedicó buena parte de su vida a estudiar las formas colectivistas en la Historia de España. Para este cometido aquel texto era muy valioso porque constituía, de largo, la referencia más antigua. Así que no solo lo rescató, sino que desarrolló toda una teoría en torno a él. Para Costa, tanto los vacceos como todos los hispanos prerromanos se organizaban de manera comunal y horizontal, con un reparto equitativo del poder y la riqueza (sistema gentilicio). Cuando llegaron los colonizadores, particularmente Roma, impusieron un sistema de propiedad privada que sumió al pueblo en la miseria, empujándolo al bandidismo y la violencia. Desde esa perspectiva, la conquista de Hispania fue en realidad una lucha de clases entre los pobres y las elites acaparadoras.

“Viriato es un revolucionario de los tiempos modernos injerto en un héroe de Homero. Fue el libertador del pueblo avasallado por la nobleza capitalista, comido de deudas, sin tierra que labrar […]. Es la lucha entre el capital y el trabajo” (Tutela de los pueblos en la Historia, 1917, pp. 11-12).

Costa leía a Diodoro y hablaba sobre la Antigüedad, pero estaba pensando en los terratenientes y jornaleros de su época.

Un espejismo atractivo

Conferencia de las cinco naciones de los iroqueses, grabado francés del siglo XVIII.

No es raro que los pensadores progresistas hayan buscado en los pueblos primitivos sociedades ideales en las que inspirarse. Ilustrados como Montesquieu y Rousseau, y tras ellos muchos revolucionarios y socialistas, imaginaron sistemas igualitarios entre los espartanos, galos, germanos o vikingos; no en vano, Friedrich Engels se basó en el modelo asambleario de los iroqueses para formular los principios antropológicos del marxismo. Recreaban al buen salvaje para representar en él su propia utopía y explicar las razones de su destrucción. Concebían una Edad de Oro que, en realidad, nunca existió más allá de su imaginación idealista.

Costa había encontrado a su buen salvaje en aquel curioso texto de Diodoro. Le siguieron otros, especialmente los historiadores marxistas de las décadas de 1960-1980. Sin embargo, su teoría acabó descartándose, pues tenía poco fundamento. Por lo que sabemos hoy, nada hace pensar que los antiguos hispanos fuesen colectivistas, ni igualitarios, ni justos; vivían en un mundo jerárquico y violento. Las guerras con Roma tampoco fueron una lucha entre ricos y pobres, sino un complejo proceso colonial en el que confluyeron múltiples intereses. Y el enigmático texto de Diodoro es, en realidad, muy poco creíble. Esa parte de su obra está plagada de tópicos y mitos filosóficos; probablemente, más que reflejar una realidad histórica, estaba imaginando un ideal propio de su educación estoica. Al parecer, Costa construyó una utopía moderna a partir de una utopía antigua.

Su intención era intachable, dar solución al problema agrario, y su propuesta colectivista era razonable, pero su argumento histórico se basaba en un espejismo, en una Antigüedad ficticia. Los ideales apoyados sobre argumentos del pasado se derrumban fácilmente ante la razón. Y eso es así porque la realidad de una civilización antigua no puede ser la nuestra, ni la de nuestro futuro; esta es la más complicada porque es nueva, nosotros debemos crearla.

Tomás Aguilera Durán

Para leer más:

  • Aguilera, T., 2014, “Homéricos revolucionarios. La Iberia prerromana desde el prisma socialista”, en Cerro, Mª C. del et al. (eds.), Economías, comercio y relaciones internacionales en el Mundo Antiguo, Universidad Autónoma de Madrid, 417-441.
  • Salinas, M., 2010, “El colectivismo de los vacceos, entre el mito y la realidad histórica”, en Romero, F. y Sanz, C. (eds.), De la Región Vaccea a la Arqueología Vaccea, Universidad de Valladolid, 105-121.
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