Vivir en primera persona

Primera persona. No todos los cuerpos, pero casi

Portada del libro de Pimera Persona
Portada del libro

La escritura en primera persona es algo que siempre me ha cautivado. Por una parte, me gusta imaginar al autor o autora en el mismo momento de la escritura. Por otra, asumo como mía esa narración, busco de forma inconsciente todo aquello que pueda relacionar con mis experiencias; en otras palabras, empatizo con lo que me están narrando.
Todo ello provoca una polifonía de voces en mi cabeza que se me asemeja mucho a algún tipo de trastorno o delirio, y que yo creo que puede ser la finalidad de la literatura: visitar otros lugares, otros momentos, otras emociones… pero sin salir de tu zona de confort, que en nuestros días tan de moda está rechazar.

Breve acercamiento a los tipos de voz narrativa

Existen distintos tipos de voz narrativa. Para ello hay que saber diferenciar entre voz narrativa y autor, sobre todo en el caso de la primera persona.

La voz narrativa es aquella que el narrador (y no autor) adquiere para contar la historia, es un ser ficcional, que es determinada por el autor durante el proceso de escritura. Así, puede participar o no en la acción, ser protagonista u observador, o incluso contarla desde recuerdos suyos o de otros. Por lo tanto, una historia puede ser homodiegética, autodiegética o extradiegética.

El narrador homodiegético es aquel que narra la historia desde dentro, a partir de sus propias experiencias. Suele ser en primera persona, pero no necesariamente tiene que ser el protagonista. Un ejemplo de esto lo tenemos en la novela de Kirmen Uribe Lo que mueve el mundo (Seix Barral; 2013), en la que el autor a partir de sucesos personales que le han marcado, el autor/narrador recupera una historia de un personaje histórico olvidado. En este caso utiliza la autoficción; un recurso en el que el narrador en primera persona utiliza elementos reales y otros inventados.

El narrador autodiegético participa en la acción, puede ser protagonista y, por lo tanto, también utiliza la primera persona. Un ejemplo de esto sería Nada, de Carmen Laforet.

Por último, el extradiegético, que se da cuando el relato se cuenta desde fuera de la acción en tercera persona. Un ejemplo lo tendríamos en Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós.

Lo que me interesa en esta ocasión es analizar brevemente la narración en primera persona. A raíz de una publicación que he adquirido recientemente y que será el objeto de análisis en este artículo, me he permitido repasar la función primigenia de la narración en primera persona.

Primera Persona, de Margarita García Robayo

La obra a la que me refiero es Primera persona, de Margarita García Robayo. Es una escritora colombiana, afincada en Buenos Aires, colaboradora en distintos medios periodísticos y autora de novelas como Hasta que pase un huracán, Lo que no aprendí y Tiempo muerto. En 2018, ha publicado Primera persona en la editorial Tránsito.

La obra se trata de una recopilación de crónicas, ensayos y relatos escritos de manera intimista, escogiendo el modelo de diario personal, en el que la autora (y narradora) describe distintos momentos de su vida que la marcaron como persona y como mujer, y aborda cuestiones en las que bien nos podemos identificar como lectoras.

Hay tres cuestiones que me parecen interesantes a la hora de analizar la novela. Si es verdad que la maquetación no es un aspecto a destacar, la selección de los relatos, así como su orden y sobre todo los distintos temas que abordan hacen de esta novela un interesante objeto de análisis en cuanto a novela escrita por mujeres, en este caso más por ser una autora hispanoamericana.

Los diez relatos que componen la obra están ordenados de forma aparentemente aleatoria, en los que se abordan distintos temas relacionados con la experiencia vital de la autora/narradora, a través de los cuales hace una sutil crítica de los cánones que le han tocado vivir (y transgredir) como mujer, mestiza, escritora, independiente.

Cuestiones de género

A lo largo de diez narraciones, publicadas en distintas revistas en años desordenados, la autora nos define poco a poco cómo ha sido su construcción identitaria personal como mujer, las preguntas, preocupaciones y obsesiones que la han acompañado durante toda su vida.

Desde el primer capítulo, El mar, se van tejiendo los hilos que conformarían su personalidad: «Mi primer recuerdo es molesto: el escozo de la sal en las heridas de infancia» (p. 7). Así como su futuro profesional: «Crecer mirando el agua, aspirando el salitre y buscando la sombra te condena a la divagación inconducente» (p. 13); «En mi caso, el mar es el territorio que me empuja a preguntarme por el sentido de las cosas» (p. 17).

Esa curiosidad, ese cuestionamiento permanente es lo que más adelante la convertiría en escritora.

En el segundo capítulo habla sobre la relación con su padre, cómo le idolatraba y él a ella, hasta que llegó la menstruación y todo cambió. Al hacerse mayor, comenzó su «colección de novios grandes» (p. 24); es decir, mayores que ella: la primera vez; el descubrimiento del sexo; las relaciones. A esta clasificación volverá en el capítulo Historia general de tu vida, al que volveremos más adelante.

Imagen seleccionada para el artículo en primera persona
Maternidad |Wikipedia

En el siguiente capítulo, Rapto de locura, la autora aborda la relación tormentosa con su madre, una mujer que desde que fue creciendo la vería como rival, como competencia por la atención de su padre. Y el trastorno sin diagnosticar que sufría su madre y que la obligó a huir de allí: «Supongo que decidí conseguir salir, pero arañada por el desquicie, con la idea fija de correr bien lejos sin mirar atrás más que para tomar algunas notas distorsionadas y, en un rapto de locura, escribir este texto» (p. 55).

En el capítulo titulado Leche, la autora diserta sobre su experiencia como madre primeriza y las distintas informaciones (o desinformación) acerca de la lactancia materna, y las preguntas y dudas que este tema provoca en las madres.

En estos capítulos observamos, no obstante, algunos indicios acerca de su razón de escritura. La obsesión por el mar y los efectos que este provoca sobre su forma de ser, la relación ambigua con el padre y parejas mayores, la locura, la experiencia de la maternidad y la inseguridad por ello. Todo se puede conjugar con la frase «Para todas ellas van mis notas. Y para el tipo que tienen al lado» (p. 76).

En Mudanza nos revela otra de sus obsesiones: las mudanzas, a las que atribuye un carácter dramático, relacionado con su historia familiar.

Cartel de movimiento feminista
Cartel del movimiento black feminism.

En Historia general de tu vida, cambia la voz narrativa a una segunda persona (pero que se refiere a ella misma) para contar otro suceso que cambiaría su vida: un accidente que la dejó inconsciente unos segundos y que pudo ocasionarla un cambio en su personalidad, aun siendo niña. Además, hace un repaso de todas sus experiencias hasta que nace su hijo y consigue cierta estabilidad: «Hay algo que te amansa. Sabes qué es, sabes exactamente qué es, pero jamás saldrá de tu boca» (p. 132).

Los dos últimos capítulos continúan en esa línea de rememoración de sucesos vividos en su pasado. No obstante, uno de los capítulos más interesantes desde mi punto de vista, y que creo que profundiza sobre su pensamiento adulto, es el titulado Mi debilidad, donde hace un repaso a través de varios años sobre la condición femenina, que finaliza con esta cita que subrayo con especial énfasis por incorporar en ella el verdadero significado de esta obra:

«El otro día se me ocurrió que mi debilidad no es ser mujer, sino ignorar qué clase de mujer soy. ¿Habrá quien lo sepa? ¿Una se parece más a sus actos o a sus pensamientos? ¿Cuántos pensamientos caben en un acto? ¿Cuántas mujeres caben en un cuerpo? ¿Cuántas en una vida? ¿Estoy dispuesta a abrazarlas a todas?».

Conclusión

Me gustan los relatos escritos en primera persona porque en ellos crees descubrir al escritor que se esconde tras el narrador, abres la caja de secretos que se esconden en las páginas de los libros de ficción y te hace partícipe de ese momento único de escritura-lectura. En el caso de Primera persona, no solo crees desvelar los secretos de la autora, sino que los haces tuyos, a medida que lees la obra te cuestionas sobre tu misma experiencia y cómo esta ha marcado tu carácter desde la infancia, las luchas contra una misma y la certeza absoluta de que ser mujer supone una lucha constante para romper con los roles que durante décadas se han inferido sobre nosotras, y que afortunadamente aún estamos a tiempo de deconstruir.

Mary Nafría


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