Religio y Superstitio

Resulta inevitable cuando analizamos la religión en la Antigüedad, principalmente en el mundo romano, tener que explicar que consideraban los propios romanos como religión. No es un tema baladí, ya que la consideración que tenemos actualmente de la misma responde a patrones mentales y espirituales nacidos de la tradición judeocristiana. Como indica John Scheid, historiador dedicado a la religión romana, religio no tiene que equivaler a credo. Para un romano como Cicerón, la religión no es ni más ni menos que el culto a los dioses, y ese culto puede conllevar o no una autenticidad en la veneración. Es decir, la discrepancia entre creencia y acción religiosa no tiene que implicar la ausencia de emociones o de conciencia religiosa, pues la importancia del acto viene del propio desarrollo del ritual, que está expuesto por costumbre y de un modo muy concreto.

El ritual romano

Un romano debe seguir el ritual de la manera más correcta y exacta posible, lo que se entiende por pietas, para asegurarse el bienestar estatal, familiar y personal. La intención es la de garantizar el respeto hacia los dioses o la veneración a los antepasados, sin olvidar el beneficio derivado hacia la nación. Si se actúa correctamente, los dioses estarán satisfechos y provoca una recompensa en el propio devenir de la nación, se trata de asegurarse la pax deorum, la paz de los dioses.

Gracias a este desarrollo cultual hacia los dioses el individuo romano, en concreto el padre de familia que será el encargado de llevar a cabo los rituales salvo algunos casos de cultos femeninos en un porcentaje muy reducido, se verá involucrado con todo su entorno, bien en los planos domésticos como comunitario. Precisamente la religión romana estará integrada por cultos familiares y domésticos como estatales o pertenecientes a la comunidad, lo que demuestra como la religión está integrada en todos los aspectos de la vida.

Relieve del Altar de Domicio Ahenobarbo, representación de un sacrificio romano

La contraposición de religio y superstitio

Pero esta concepción religiosa no fue homogénea ni para los propios intelectuales romanos, los cuales van hacer un empleo diferente del término religio para definir algunas prácticas apropiadas, como en la misma evolución de la religiosidad en la sociedad romana. La mentalidad respecto a la religión y las creencias se verá influenciada por los cambios políticos, sociales y económicos, provocando modificaciones conceptuales, así como la aparición de corrientes cosmológicas, filosóficas o de nuevos cultos (mistéricos, orientales o el cristianismo por ejemplo), que presentaron un nuevo escenario ideológico. De hecho, no será un proceso sencillo ni cómodo, pues la tradición romana a través de la defensa de su religión actuó frente a los nuevos escenarios. De tal manera, que frente al concepto de religión, desde una perspectiva positiva, surgirá el contrapunto de superstición o superstitio, para referirse a las prácticas inadecuadas desde una visión religiosa o, bien, aquellas manifestaciones de religiosidad que no pueden ser entendidas propiamente dentro de las estructuras religiosas oficiales. Por tanto, superstitio fue empleado para cargar contra todas aquellas actuaciones religiones, entre las que destacaron gran número de sectas y creencias que fueron contra los intereses de Roma y que, casualmente, con posterioridad fue empleado por el propio Cristianismo para referirse a los cultos paganos. El cambio de papeles en las acusaciones provocó una reconfiguración de concepciones, al ser sustituida la idea de Religio pagana por una perspectiva cristiana, quedando las prácticas paganas como algo negativas y supersticiosas.

Escena de familia romana realizando sacrificio

Por supuesto ambos conceptos presentan una amplia carga semántica producida por la gran evolución que sufrieron desde el s.III a.C. hasta el s. V d.C. con el final del Imperio. De hecho, tal es la variedad de significados que incluso los propios autores clásicos muestran variaciones y ambigüedades en las definiciones que ellos mismos dan al emplear ambos términos. Estas diferencias van a depender del contexto, el cual no tiene que estar sujeto a determinadas religiones o prácticas sino a actuaciones concretas. Así, la adivinación, también los prodigios, el exceso de religiosidad o al mal empleo dirigido hacia determinada divinidad, como el temor, una religión ilegal, la veneración a un culto privado concreto y, por supuesto, la superchería fueron proclives a ser considerados como superstitio.

Aunque la separación respecto a religio es algo más oscura, ya que aparecen ambos términos para referencias religiosas en tiempos remotos. Incluso en ocasiones se emplea superstitio para realizar distinciones dentro de religio para acusar de prácticas inadecuadas o se trata como religio a determinados ropajes religiosos aunque estos se usen para un culto considerado como superstitio.

Ahora bien, parece atestiguado que religio va a corresponder a cultos romanos, así como algunos de fuera de la Urbs que llevan ya integrados varios siglos en su sociedad, que tienen un carácter oficial o admitido y practicado por ciudadanos romanos. Por su parte, lo opuesto a todos casos es considerado como superstitio, con algunas excepciones que sí bien podían parecer propias de una religio, implicaban una mala utilización o el abuso mediante determinadas conductas religiosas, ya fuese a través de las propias formas que encerraba esa religión o en actitudes indecorosas. En estos últimos casos, podían llegar a ser expulsadas o condenadas como inadecuadas dentro de la sociedad romana.

Triunfo del Cristianismo por Tommaso Laureti

Con el paso del tiempo se simplifican sus significados

La gran ambigüedad manifiesta en las definiciones de ambos términos, irán perdiéndose con el paso de los años y se encaminarán a una simplificación manifiesta, llegando a determinar religio como una religión o práctica religiosa positiva o aceptable, y superstitio como una oposición negativa. De este modo, la religión romana muestra contrapuntos para separar conductas apropiadas e inapropiadas, al igual que se separa la pureza de la impureza o lo privado de lo público, aunque con bastante permeabilidad. Por tanto, la conjunción de muchos aspectos y variaciones de casos, conforman la complejidad de la naturaleza de la religión no solo en Roma, sino en toda la Antigüedad.

Javier Solís Montero

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