De Natura Deorum

De Natura Deorum

La mejor manera de iniciar este camino es explicando el por qué se decide el nombre presente de la sección, cuya razón responde a la magna obra del intelectual romano Marco Tulio Cicerón (106 a.C.-43 a.C.), con la cual compartimos título. De Natura Deorum, que podemos traducir en español como “Sobre la naturaleza de los dioses”, conforma un diálogo filosófico compuesto de tres libros, donde Cicerón analiza la esencia y concepción de los dioses, a través de las diferentes teologías propugnadas por los filósofos grecorromanos. Dicha exposición la realizará mediante el diálogo entre tres personajes, Veleyo, Cotta (quien parece ser la transposición literaria de la propia figura del autor) y Balbo, quienes van a responder a las grandes corrientes intelectuales del periodo en el cual vivió Cicerón y, que además, influyeron con mayor peso en la conformación del pensamiento del genio de Arpino.

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Busto de Cicerón

El manejo del recurso del diálogo entre varias personas es habitual en la literatura clásica permitiendo la contraposición entre las diversas ideologías, ahondando en la visión crítica del tema. De hecho, precisamente en De Natura Deorum encontramos a un Cicerón en plena madurez intelectual, donde expondrá con gran brillantez sus reflexiones filosóficas. Así mismo, la obra se enmarca en el periodo de mayor producción literaria de carácter filosófico, correspondiente entre el 45-44 a.C., donde llegará a escribir De amicitia, De senectute, De finibus, Tusculanae disputationes, De officiis, Filípicas y la ya citada obra homónima que exponemos. Este periodo bianual corresponderá con la muerte de su hija Tulia (45 a.C.), que le llevará a una profunda depresión de la cual no se recuperará, tratando de buscar alivio a tan trágica pérdida a través de la filosofía y, también, con el asesinato de César, los famosos idus de Marzo del 44 a.C., volviendo de su retiro en Túsculo gracias a la amnistía general promulgada por el Senado romano, que le servirá para apoyar a Octavio frente a Marco Antonio (de ahí el desarrollo de las Filípicas contra el segundo). No obstante, perderá un año después la protección de Octavio que le terminará costando la vida.

La filosofía como recurso intelectual de búsqueda

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Busto de Bruto

Por tanto es en estos años convulsos donde mediante la filosofía buscará respuestas a sus propios demonios internos y a las dudas que le asaltaron pretendiendo responderlas. De este modo, no es de extrañar la composición “Sobre la naturaleza de los dioses”, la cual, por cierto, está dedicada a Bruto, uno de los asesinos de Julio César. El propio autor al inicio de su escrito, defiende su interés por la filosofía, asegurando que está presente desde sus primeros escritos. Pero no podemos considerar los trabajos de Cicerón desde una concepción filosófica actual, ni desde la originalidad, pues no se trataba de teorizar sobre conceptos o realidades desde una visión abstracta, como si entelequias diversas conviviesen. El autor, como cualquier romano, busca una revisión de los diferentes intelectuales siguiendo la línea establecida por el postaristotelismo que va a tener un peso específico en este periodo, además de estar preocupado por una respuesta ética en el análisis que, por supuesto, tiene mucho que ver con su labor como orador y como político durante toda su vida. Es decir, hay una pretensión práctica donde los resultados sirvan para un fin más concreto, como puede ser la configuración del Estado, o la definición del poder en sus varias por ejemplo. Por tanto, las cuestiones jurídicas que están tan presentes en los estudios romanos, son una muestra clara de ello.

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LA escuela de Atenas por Rafael Sanzio (1510-1512)

Esta mentalidad llevó precisamente al éxito de algunas corrientes filosóficas en la antigua Roma, como es el estoicismo o con el eclecticismo, siendo de esta última Cicerón un gran seguidor. Tampoco es de extrañar, que ambas escuelas estén representadas en la obra que citamos, junto con el epicureísmo. Tres son los personajes que dialogan y tres son las escuelas filosóficas mencionadas, cada una de ellas defendida por cada individuo. Veleyo, defenderá los sistemas teológicos de los epicúreos pronunciándose a favor de la existencia de los dioses aunque rechazando la intervención de los mismos en la vida humana, lo cual lleva a la no necesidad de implorar su ayuda; Balbo mediante los ideales estoicos, si cree en la intervención de los dioses en la realidad humana; mientras Cotta (el propio Cicerón), a través de las ideas de la Nueva Academia (o Eclecticismo), considera que los dioses están influenciados por las creencias populares y son un reflejo antropológico y politeísta. No obstante, pese a las aportaciones de Cicerón mediante los tres personajes y sus visiones, no plantea una conclusión concreta, aunque una de las características más claras que tiene el eclecticismo es su predisposición a aceptar otros puntos de vista, rompiendo con ciertos dogmatismos y logrando una pluralidad en los argumentos, encajando con la estructura del escrito.

Por consiguiente, la búsqueda de principios morales para fundamentar las acciones que rigen el mundo, no solo físico, y la pluralidad de pensamientos que permiten un avance científico (desde la semántica del concepto en la Antigüedad), son la base de “Sobre la naturaleza de los dioses”, sin olvidarnos de la expansión del pensamiento griego, del cual Cicerón es un gran amante, dentro de las sociedad romana a todos los niveles, político, económico y, por supuesto, educativo.

Todo este conjunto de elementos críticos llevan a la conformación de una de las obras más reconocibles de Cicerón y seguramente de gran influencia para los filósofos de siglos posteriores prácticamente hasta el siglo XVIII. Así como, uno de los textos de referencia para poder comprender la religiosidad en la Antigüedad.

cabecera-solisJavier Solís Montero