Una de vaqueros

Tengo que admitirlo, desde pequeñito soy un fan de los westerns. Aún recuerdo con cariño las tardes de verano cuando después de comer me sentaba con mis padres en el sofá para “echar la siesta” y me tragaba la película de vaqueros de la 2. Y por esta razón he decidido traeros mi western favorito, en este caso de uno de sus subgéneros, conocido como western crepuscular.

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Portada de Sin Perdón

Al hablar del género western, es inevitable pensar en Clint Eastwood, unos de los iconos del spaghetti western. Además de su faceta como actor hay que destacarlo como uno de los grandes directores de Hollywood, y ¿Qué ocurre cuando juntamos el género western y la dirección de Clint Eastwood? Pues que obtenemos una obra maestra como Sin Perdón (Unforgiven, 1992).

Ganadora de 4 Óscar (mejor película, mejor dirección, mejor montaje y mejor actor de reparto) no era la primera vez que Eastwood dirigía una película del género western, de hecho, era la 5ª, tras La Venganza del Muerto (1973), El Fuera de la Ley (1976), Bronco Billy (1980) y El Jinete Pálido (1985). Esta última, una revisión del clásico Raíces Profundas (1953), supuso una revitalización del western que desde los 70 y 80 estaba en franca decadencia.

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Fotograma de Sin Perdón

La primera vez que vi la película, con 14 o 15 años, rápidamente me enamore de ella, y desde entonces puedo decir que la he debido de visionar tranquilamente una docena de veces. Pero ¿porque estamos ante una película tan buena (al menos para mí)?

Lo primero a destacar del fin son las actuaciones del trío protagonista. Eastwood decidió juntar a un trío de veteranos actores con sendas carreras en Hollywood, un excelente Gene Hackman (ganador del Óscar al mejor actor de reparto por su sheriff Little Bill), un Morgan Freeman en el mejor momento de su carrera, y el propio Eastwood. A este trío debe sumarse además la aparición secundaria de Richard Harris (Rebelión a bordo, Camelot y Harry Potter y la Piedra Filosofal entre otras muchas) como el cazarrecompensas Bob “El Inglés”.

Con este reparto de lujo no podía faltar un guion a la altura, obra de David Webb Peoples, una narración que va evolucionando, con un progresivo desarrollo de los personajes y la historia con nuestro héroe que busca cumplir su cometido, más por la búsqueda de redención de su pasado que por la suculenta recompensa; y unos diálogos que nos dejan con el culo pegado al sofá.

Por último hay que destacar una preciosa fotografía, tan típica de los mejores westerns, con esplendorosos paisajes abiertos, obra de Jack Green, colaborador habitual de Eastwood. Para el recuerdo quedan la primera y la última escena, con una cabaña, un árbol, y el sol cayendo sobre el horizonte, un claro guiño a los clásicos westerns de John Ford. Destacar también la banda sonora, especialmente el tema que suena al final, Claudia’s Theme, compuesto por el mismo Eastwood.

Ni tan malo ni tan bueno

A diferencia de la mayoría de los papeles de Eastwood en los westerns, en los que interpretaba al llamado Hombre sin nombre, nos encontramos ante un personaje más definido, William Munny, antiguo pistolero que ha dejado atrás su vida de delincuencia para trabajar en una granja y criar a su hijo y su hija. Necesitado de dinero, un día le llega una oferta de trabajo que le obligaría a retomar su antigua vida, esto le sumerge en un debate entre la necesidad de conseguir dinero para cuidar de sus hijos, o mantener la promesa que le hizo a su difunta esposa (Claudia) de no volver a matar.

Junto con su antiguo compañero Ned Logan (Morgan Freeman) y un joven pistolero, Schofield Kid, decide ir en busca de la recompensa que ofrecen las prostitutas de un pueblo por matar a dos vaqueros que acuchillaron el rostro de una de sus compañeras. El duro sheriff Little Bill (Gene Hackman) intentará evitar que dichos hombres sean asesinados. La historia se va sucediendo hasta llegar al gran tiroteo final, una de las escenas más destacadas del film y que no os destriparemos aquí.

Estamos por lo tanto ante un film en el que los personajes buenos no son tan buenos, ni los malos tan malos, donde tenemos a nuestro héroe que debe elegir entre sus dos yos, el que es ahora, o aquel que era antes, cuyo mayor don es a la vez su maldición.

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Sin Perdón marcó un punto de inflexión no solo dentro del género western, sino en el mundo del cine general. Para Eastwood, que a pesar de haber dirigido anteriormente films notables no estaba considerado como un buen realizador, le asentó como uno de los grandes directores de Hollywood gracias al Óscar conseguido como mejor director. La película se convirtió en el tercer western, tras Cimarrón (1931) y Bailando con Lobos (1990), en conseguir el Óscar a la mejor película.

Es considerada hoy en día como una de las mejores películas de la historia, y en mi caso personal, como mi western favorito. Así que para quien no la haya visto, desde aquí le animo a hacerlo.

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Víctor Tirador García