“Educados para gobernar las olas” (Tinker, Taylor, Soldier, Spy. John Le Carré, 1974)

La nostalgia, el anhelo por un mundo perdido, puede ser un elemento importante en la toma de decisiones. Para algunos sujetos, como los protagonistas de El topo, puede explicarlo todo, incluso la traición. Para un pueblo, en su conjunto, puede ser clave a la hora de decidir las grandes cuestiones, primando el imaginario creado, la sensación y el recuerdo, sobre la razón.

tinker-tailor-bookEl lamento de Connie volvió a sonar en sus oídos: “Pobrecillos, educados para servir al Imperio, para gobernar las olas del mar… Tú eres el último, George, tú y Bill”. Con dolorosa claridad vio la imagen de un hombre ambicioso, nacido para ocupar un puesto en un amplio paisaje, nacido para gobernar, dividir y mandar, cuyas ambiciones y vanidades se habían centrado exclusivamente, lo mismo que las de Percy, en el juego político mundial, y para quien la realidad no era más que una pobre isla, con apenas una voz capaz de hacerse oír más allá del mar.

Cuando el Brexit ganó

El 23 de junio de este año, el mundo observó incrédulo como los británicos decidían salir de la Unión Europea. Yo mismo estaba entre los sorprendidos y recuerdo que la noche anterior había estado hablando tranquilamente sobre el tema, convencido de que al día siguiente no pasaría nada. Al fin y al cabo, eran demasiadas las razones que desaconsejaban la salida, tanto económicas, como políticas y sociales. Y sin embargo, el Brexit ganó, contando con el apoyo de la mayor parte de los ingleses. “Saltar al precipicio”, lo llamaron algunos. Como era de esperar, las consecuencias no tardaron en hacerse notar. Esa misma tarde, al ir a ver a mi padre, pude ver a uno de sus vecinos lamentándose en el portal, entrecruzando algún que otro sollozo con improperios contra los ingleses, rememorando aquello de lo de la pérfida Albión. Para él, el Brexit se había convertido en algo personal: la bolsa se había venido abajo y con ella una parte de sus ahorros. En este sentido, la tarde del viernes 24 debió de ser amarga para muchos otros.

3689375968_729f3acec2Quizá todos estos acontecimientos, y sobre todo, que finalmente hubiera triunfado una opción tildada de manera machacona por los medios de irracional y arriesgada, me llevaron a interesarme por los asuntos británicos, condicionando por completo mis lecturas del verano. Entre mis inquietudes, tratar de entender los motivos de aquella decisión, de aquella marcha, más allá de los elementos más evidentes. Al fin y al cabo, son los sentimientos colectivos subyacentes y las problemáticas y los malestares arrastrados los que suelen decidir este tipo de cuestiones. No fue tarea fácil. Desde un primer momento pensé que fueron los últimos años de la década de los 70 y los primeros del gobierno de Thatcher los que determinaron los hechos posteriores, marcando a la generación que había optado por la salida. Fue entonces cuando Gran Bretaña, y en especial Inglaterra, tomó un rumbo que aún hoy en día parece mantener. Pero encontrar lecturas sobre esta época se convirtió en una tarea arduo complicada ya que, quitando las hagiografías dedicadas a la Dama de Hierro, sus propias memorias y las ardientes y muy nutridas críticas al sistema neoliberal, los trabajos no son tan numerosos (me atrevería a decir que inexistentes en caso de buscar algo en español. Ahora al menos me he podido agenciar los libros de Dominic Sandbrook). Más sencillo fue hallar otro tipo de obras, en este caso referidas a la grandeza británica del siglo XIX (Torneo de Sombras, de Meyer y Brysac, del que probablemente pronto hablaré), así como a su papel en los grandes conflictos mundiales (La Primera Guerra Mundial, de M. Gilbert). Estas últimas me hicieron recordar otro libro que leí hace varios veranos, El Imperio Británico de Niall Ferguson, una obra rodeada de cierta controversia, en la que el autor reivindica los logros y aportaciones del Imperio Británico como civilización, transmitiendo una visión de su pasado colonial que, para muchos, peca de ser demasiado optimista. Hay que señalar que la obra de Ferguson cuenta con un notable éxito en ventas, siendo un historiador bastante reputado, sobre todo en los círculos Tories.

La lectura de “El topo”

Luego llegó a mis manos un ejemplar de El topo, de John le Carré, una novela que llevaba persiguiendo desde que vi la serie y la película. Antes de nada destacar que este no es el título original de la novela (Es Tinker, Taylor, Soldier, Spy, estribillo de una canción infantil que es usada como código en una parte), pero si la clave de la trama, que versa sobre la búsqueda de un infiltrado dentro de los servicios secretos británicos. No es mi intención destripar aquí el argumento, desarrollado con gran solvencia por Le Carré, siendo uno de esos libros que se devoran con facilidad. Solo decir que hasta el último momento uno duda quien puede ser el topo (e incluso si este de verdad existe). Más bien quiero destacar una sensación que acompaña a toda la obra, y es la de la nostalgia, la de la melancolía por un mundo perdido, una percepción que cobra tanta fuerza que llega a convertirse en el motor real de toda la historia.

El topo describe una época, mediados de los años 70, en la que los ingleses pintan cada vez menos en el mundo, con un servicio secreto errático y un protagonista, Smiley, en plena decadencia. Para entonces, el Imperio parece algo cada vez más alejado, mientras que Gran Bretaña se convierte de manera creciente en un mero apéndice de Estados Unidos dentro del escenario internacional. Esto es precisamente lo que motiva toda la trama, basada en la resistencia de unos pocos hombres, educados para dejar su huella en el mundo, “para gobernar las olas”, ante este destino mediano. En palabras de Le Carré: Sencillamente, llegó el momento en que comprendió que si Inglaterra se retiraba del juego, el precio del pescado no quedaría alterado en absoluto, es decir, nada ocurriría. A menudo se había preguntado de parte de quien se pondría en el caso de que tuviera que decidir. Tras una larga reflexión concluyó que si llegaba el día en que uno de los dos monolíticos bloques triunfaba, él prefería hallarse en el Este. – Se trata de una conclusión primordialmente estética -explicó- Estética y moral, desde luego. El topo describe una sociedad frustrada y estática, desgarrada por el conflicto social, pero que aún se erige como una tercera vía entre los bloques del Este y el Oeste (antes de la revolución neocon y el thatcherismo). Como buen socialista, voy detrás del dinero. Como buen capitalista, estoy a favor de la revolución, bromeaba cínicamente uno de los espías.

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John Le Carré sentado entre Gary Oldman y John Hurt (2011)

De alguna forma, el topo me dio más respuestas que el resto de mis lecturas, o al menos me hizo reflexionar mucho más, valorando la nostalgia por aquel mundo perdido, por aquel pasado idealizado que los ingleses tanto parecen apreciar, como uno más de los elementos que pueden explicar su decisión del 23 de junio. Cierto es que ya son pocos los ingleses que algún día creyeron que podrían gobernar la olas. Pero también lo es que la Unión Europea tampoco les sirvió para proyectarse en el exterior, para brindar un espacio propio en el que volver a tener voz y fuerza, siendo para muchos un pesado corsé del que era mejor liberarse (y del que nunca convenía ser un apéndice). En vez de ello, prefirieron buscar su propio camino. Quizá fuera solo eso, una sensación, lo que denota igualmente un gran fracaso por parte de Europa. Ya que, como ya he señalado, muchas veces son las sensaciones, y no las razones, las que suelen decidir este tipo de ocasiones.

Edición utilizada: El topo, editorial Bruguera, 1984 (6ª edición).

Miguel Conde

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