
Bajo el término genérico de Hermetismo se encuadran toda una serie de conocimientos que irán desde la astrología, pasando por la magia o la alquimia, hasta el arte o las ciencias, los cuales estarán envueltos en planteamientos filosóficos y religiosos y que se desarrollan bajo el amparo cultural del helenismo.
Precisamente el contexto social, político y cultural que rodea al término helenismo es el que permite entender el desarrollo de esta tradición filosófica y religiosa, la cual sirve de base doctrinal para la sabiduría encerrada en los diferentes escritos que forman el aporte fundamental para englobar a toda la creencia que recibirá la denominación de Hermetismo. El nombre deriva de Hermes Trismegisto (es decir, el tres veces grande), a quien se le atribuyen los textos base de toda esta tradición. Este supuesto sabio-fundador es relacionado con la divinidad sincretizada que surge de los dioses Thot/Toth/Tot (Dyehuty) egipcio y del Hermes griego (Mercurio en Roma).
Origen Sincrético
Dicha divinidad surgida y que precisamente responde a la helenización de creencias egipcias, presenta una vinculación con Tot por la asociación de dicha divinidad con la escritura, como su creador, así como también con la sabiduría, con las artes, ciencias, con el mundo mágico egipcio y por ser el escriba y protector de los conocimientos de los dioses. De este modo, era una divinidad que fácilmente se le podía relacionar con diversos textos sagrados o que contenían referencias a un conocimiento oscuro y oculto. Así sucedió con los documentos que supuestamente tenían los sacerdotes egipcios donde se recogerían todas sus enseñanzas y que algunos autores, como Clemente de Alejandría, estimaron en cuarenta y dos escritos sagrados.

Con posterioridad al propio Tot se le asociará la figura de Hermes, que si bien es una figura ambigua, entre las atribuciones existentes en esta divinidad está la de proporcionar a los hombres dones y ganancias inesperadas, además de tener gran inteligencia y solía ser considerado en la antigua Grecia como una divinidad civilizadora. Si juntamos estas características de Hermes junto con otras, como ser divinidad de límites físicos o su carácter psicopompo por ser capaz de atravesar los límites tanto de la vida como de la muerte, encontramos esas características necesarias para dotar a la divinidad sincretizada de estas referencias oscuras y relacionadas con conocimientos ocultos. No obstante Hermes, en el periodo helenístico, llegará a ser convertido en el patrón de las ciencias ocultas y de la magia. Dentro de la asociación entre ambos dioses se añadirá la autoría de Hermes en los cuarenta y dos textos sagrados griegos. Pero la adscripción entre las dos divinidades, ahora convertidas en una con nuevos significados, debe entenderse en un periodo más tardío, ya entrados en los siglos II o III d.C., aunque el gran cambio conceptual será cuando las primitivas comunidades cristianas lo adaptaron a sus creencias y provocaron una transformación desde una divinidad a un personaje histórico que se remonte mucho más atrás en el tiempo de lo que la memoria pueda recordar.
Hermes Trismegisto, el sabio egipcio

Por tanto y según la tradición, este personaje conocido como Hermes Trismegisto era considerado un sabio egipcio, que presentaría paralelos y vínculos con el dios Tot, el cual crearía la alquimia y la base general de todas estas creencias metafísicas y cosmológicas conocidas como hermetismo. Las ideas principales beben de los conocimientos egipcios pero con un filtro profundo del helenismo, sobre todo a nivel de planteamientos y terminología. El crecimiento del hermetismo se produjo durante la Edad Media, momento en el cual hay gran número de intelectuales y teóricos cristianos que adaptan parte del pensamiento hermético a la doctrina cristiana junto a otras prácticas desarrolladas durante el medievo. A partir de éste periodo histórico, continuado en los siguientes, hay una profundización en el mito de Hermes Trismegisto llegando a ser considerado como un profeta pagano que anunció con antelación el advenimiento de Cristo y de todo el mundo cristiano posterior.
La literatura hermética
Todas las atribuciones que se le van a asignar mediante los diferentes pensamientos, doctrinas y conocimientos, van a ser plasmados en diferentes obras, las cuales fueron conocidas de modo genérico como “literatura hermética”. En las mismas, y que van a ocupar un rango temporal diverso, se recogerán esas tradiciones arcaicas y escondidas a la mayoría de los mortales. La temática de estos escritos va a ser muy diversa, aunque inicialmente van a estar compuestos de toda una serie de papiros a los cuales se les atribuye hechizos y actos mágicos, pero encontramos libros de astrología, que ya están presentes en el siglo III a.C y que van a continuar e incluso acrecentarse durante la Edad Media y el Renacimiento, o, también, escritos vinculados con la demonología, como es el caso de El Discurso Perfecto, texto griego de principios del s. IV d.C. que presenta una versión latina y corresponde a un libro sagrado dedicado al dios Asclepio. De dicha obra tenemos conocimiento gracias a los Manuscritos de Nag Hammadi, que incluyen el diálogo entre Hermes Trismegisto y su discípulo Asclepio, presentando una base gnóstica, pero que plasma una base abundante del pensamiento hermético a nivel cosmológico y teológico. En dicho texto se trata el carácter iniciático de los misterios, el origen y naturaleza de la humanidad, la inmortalidad mediante el crecimiento adquirido por el conocimiento, la dualidad del alma y el cuerpo, así como su composición, junto a un carácter ascético y un importante contenido escatológico.
El caso del Carpus Hermeticum

Hay obras con una impronta filosófica, como es el caso del Corpus Hermeticum, cuyo nombre engloba a toda una colección de escritos de diversos géneros datados entre el 100-300 d.C., los cuales han sufrido multitud de modificaciones, principalmente de corte gnóstico, influyendo en su contenido. El Corpus Hermeticum ha sido puesto en duda acerca de su veracidad aunque la mayoría de sus textos son aceptados. También la cosmología aparecida en el tratado Poimandres muestra una base hermética, presumiblemente con mayor originalidad. La cosmología será el centro del Kybalion, el cual recoge las leyes que rigen el Universo tal y como lo entendían los iniciados herméticos.
Otro tema recurrente parte de la alquimia, con varios tratados entre los que sobresale la conocida Tabla de esmeralda. Esta obra es básica para el desarrollo posterior de la alquimia, la cual, junto con magia y astrología van a ser el tronco del conocimiento hermético. Otra obra conocida y relacionada con el pensamiento de los seguidores de Hermes Trismegisto es el Libro de los muertos, obra egipcia que goza de gran predicamento para comprender el más allá egipcio. La tradición hermética se alarga en el tiempo y sus contenidos serán recogidos por diversos intelectuales y movimientos, aunque la existencia de una comunidad hermética, entendida como tal, va a resultar compleja respecto a las comunidades paleocristianas, y muy dudosa para los inicios de la Edad Media.
En todos los casos se atisba la base principal de la tradición hermética, consistente en la creencia de una Prisca Theologia; es decir, una primitiva y auténtica teología entregada por Dios a los hombres desde tiempos primitivos y que al difuminarse en las diferentes religiones y pueblos estará presente en todas las religiones del mundo como pilar. Así mismo, la creencia hermética en la trinidad basada en Dios-Cosmos-Hombre, y presente en las obras que siguen esta inspiración, va a servir como base para la definición de Hermes Trismegisto por todos los estudiosos de su figura. Precisamente la consideración como “el tres veces grande” parte de esta idea trinitaria.
Su peso en el Esoterismo

Los escritos centrados en el hermetismo sirvieron de influencia para el mundo esotérico, con todo el peso de las prácticas y mentalidades antiguas, desde la Edad Media hasta nuestros días. Precisamente este carácter, como algo interno y solo accesible para iniciados, es lo que llevó a su plasmación en diferentes escritos para que dicha tradición, junto a los conocimientos recogidos, permitiesen su perpetuación. Por este motivo actualmente los seguidores de las doctrinas esotéricas siguen manteniendo la existencia de los lazos del mundo hermético con los conocidos cuarenta y dos textos sagrados egipcios.
La vinculación de Hermes Trismegisto a lo largo de la historia con otros personajes míticos se ha perpetuado, sirviendo para integrar la tradición hermética con diferentes culturas y religiones. Así sucede con la aproximación hacia profetas como Abraham, Melquisedec, Enoc o Idris, los dos últimos desde la perspectiva islámica.
Precisamente este totum revolutum ideológico, donde conceptos diferentes de muchas creencias y religiones se integran para conformar el hermetismo, es parte del éxito y el avance del mismo. De hecho, sucede desde los propios orígenes, donde se intenta adaptar a la mentalidad grecorromana a las creencias religiosas, místicas y filosóficas egipcias y donde precisamente el helenismo juega un papel primordial. A las cuales debemos añadir influencias del mundo hebreo, babilónico u otras corrientes orientales, que terminan configurando la corriente filosófica y, al mismo tiempo, una versión más pragmática o técnica, que llevará a la práctica de actos mágicos y la dirección hacia las ciencias ocultas.
Por si no fuera poco, se deben añadir influencias al final de la Antigüedad y durante la Tardo-antigüedad, como son los pensamientos neoplatónicos, de platonismo medio, estoicos, neopitagóricos y cristianos, a los cuales debemos sumar las influencias cristianas medievales, renacentistas y barrocas, desde la perspectiva católica, protestante o de la cábala cristiana y, por extensión, judía. Estas influencias llevarán a una dualidad filosófico-mágica, que sirve de base para el crecimiento “científico” del s. XVII y, sobre todo, del ocultismo desarrollado principalmente en el s. XVIII y en el s. XIX, donde se produce un crecimiento exponencial.
La búsqueda del conocimiento

La combinación de elementos configura una filosofía hermética donde se pretende conocer el mundo mágico pero también el mundo físico. Precisamente por este motivo hay un interés entre los grupos iniciáticos herméticos por la astrología, la alquimia, la magia, llegando a producirse, mediante la unión de filosofía y prácticas teóricas, un intento de aproximación al conocimiento y a Dios, lo que indica un componente teúrgico. A través de los rituales que se establezcan, se logrará un acercamiento a la verdad y, por consiguiente, a Dios, intentando imitar sus acciones, las cuales escapan de la concepción puramente racional, con hechos cercanos a lo mágico y sobrenatural pero con un carácter más profundo y cósmico. Esta idea es la que caló profundamente en las prácticas esotéricas occidentales. Por esta razón se le dará tanta importancia a la palabra y al silencio, precisamente por ese poder, tanto de aproximación a la divinidad, como de actuación mágica (el grabar y sellar, herméticamente, determinadas escrituras o textos), el conocimiento que implican y sobre todo la elevación a través del pensamiento por encima del cuerpo, reflejo claro de la influencia dualista en el hermetismo.
Por tanto, no es de extrañar que para definir la filosofía que encierra el pensamiento hermético se recurriese a planteamientos utilizados por las corrientes clásicas de filosofía, las cuales durante los siglos I-IV d.C. han ido ampliando su complejidad, sumándole la influencia de estas mismas corrientes en el mundo helenístico, como corrientes mistéricas, cristianas y variantes gnósticas. Términos como Noûs, Lógos, Pneûma o Aión, se emplean para poder explicar toda la carga teológica y cosmológica que encierran sus preceptos, además de adaptar tradiciones arcaicas a las nuevas necesidades que implica la evolución intelectual del hermetismo.
De este modo se acaba logrando una amplia tradición filosófica, que incluye significantes mágicos y religiosos, que se manifiesta desde una variante intelectual y reflexiva a la vez que una práctica y ritualista, donde la exclusividad del conocimiento, el absoluto y que acerca a la divinidad, es recogido por grupos reducidos e iniciados que va a resultar tan atractivo a los interesados. Este conjunto de conocimientos, que van desde la propia creación del hombre, de la naturaleza de Dios, de la eternidad o la composición del cosmos universal hasta la esencia del cuerpo y el alma, la cual renace y continua, van a ser los que entrelacen la mística hermética y su atractivo esoterismo. Por consiguiente, la historia del hermetismo es la propia de los grupos interesados en un conocimiento oculto, creyendo que estarían por encima de la realidad que les rodeaba, adaptándola a sus deseos.




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Ridi
CREYERON, CREEN Y CREERÁN
El mito de Odín nos cuenta del sacrificio de su visión para conseguir la sabiduría en la bipolaridad de la consciencia, entre el día y la noche, la vigilia y el sueño, el recuerdo y el olvido.
El lenguaje onírico es un reflejo especular del literal. Lo simbólico concentra la realidad anímica mientras lo literal, a las estructuras ordenadas, binarias y bidimensionales, funcionales en la mecánica clásica. Las runas, cuya confirmación implica el tránsito, y con las cuales divisa su fin, el Raganarok, y que preparado, luchará hasta el final para defender su imperfecto pero amado mundo y así la belleza de una frágil vida.
La carne es su territorio límite e inicial que expande la gama emocional y creativa en lo defectible, en donde encuentra el tesoro de la sabiduría, el de saber vivir.
En la batalla, el programador humano define el Alfa y el Omega de un circuito cerrado y se constituye ilusoriamente en amo del tiempo, mientras su esclavo creerá encontrarse en alguna parte de la secuencia dándole entidad de existencia y alimentando el circuito.
Ésta base es la que han utilizado montando ficciones y teatros sobre procesos vitales para ser aceptados naturalmente, y así dar formato a una estructura mental de gobierno sincronizada con estructuras físicas.
Por lo cual, la rueda que simula movimiento en su periferia está compuesta por innumerables rayos que olvidan el centro desde donde parten.
Lógicamente, la magia, creatividad o vida, también es efectiva dentro del circuito, pero hay que tener presente la inmanencia de ese formato mental impuesto cuya cohesión se basa en el uso de la dualidad de consciencia y la unidad de la visión, instalando una relatividad que obliga a configurar una quimera entre lo inocente y lo perverso, y así cargar la verdad con mentiras, la cura con venenos y la libertad con cadenas. Es el barro en donde se da forma al Hombre que sirve al imperio y su lenguaje. El movimiento pendular entre superior e inferior, víctima y victimario, es la base de la constitución de la piramide de control y círculos de poder concéntricos que aparentan estar desvinculados unos de otros. Nadie puede ingresar al centro o a la cima, porque nadie puede ser sí mismo sin el permiso del amo.
La omnipotencia de la idea, toma el sitio, pero alguien debe dormir para hacer que eso suceda.
La figura del intermediario en la periferia es la que comercia con la propia verdad. Es la entrada/salida de una auto exclusión del iniciado y al mismo tiempo, de la auto elección del vendedor como soberano del circuito.
En su versión de genio de la lámpara, su luz de futuro se llama deuda, que embarga presentes para enterrar pasados. La crisis, degradación y destrucción forman parte del proceso de renovación de los instrumentos de control y de conservación del trauma, la oscuridad en donde brillan, y en dónde se instala la espada que defiende al Yo-cautivo.
De esta manera se establece el arquetipo amo y esclavo que son extremos de una misma vara o cuerda disonante. En la frontera se encuentra un cancerbero que cuida del reino. Ficciones fantásticas, legales y técnicas acuñadas con libros sagrados, constituciones y softwares dan entidad al Templo, llamado Dios, luego Estado y ahora I.A.. Se convierten en la promesa de retorno hacia la tierra prometida, antes secuestrada, que es en realidad un muro de los lamentos.
Sin embargo, el amo también es un esclavo al estar obligado a sostener las condiciones ideales en dónde disfruta del privilegio, del producto de las virtudes y los defectos en el gobierno de la carencia, por el que ha pagado un precio que desconoce. Por eso el péndulo de carencia y desmesura es suplementado con la fuerza bruta, el engaño y la corrupción, que muchos créen y llaman inteligencia.
El amor siempre jura eternidad en el matrimonio con la apariencia, sin embargo en la separación, el amante se quedará con lo amado. El cornudo es el último en enterarse pero el primero en saberlo.
Afortunadamente, lo que muere es la apariencia y deja a todos desnudos. Nadie puede esconderse ni esconder nada y nada escapa a la mecánica con la que se programan los trucos. Y aún así, desde niños nos gusta jugar a las escondidas, ser encontrados y encontrar, recreando puertas y llaves en la ilusión.
Por eso la vida es cuento y la palabra es ficción, y nos encantan, sean bellos o de horror, aunque más compartirlos.
La palabra es recitada sobre una música de fondo y es interpretada en diferentes dimensiones. Al recitar sus versos, brindamos con una copa que endulza o es amarga, que embriaga o da lucidez, o bien fuerza o vulnerabilidad, más es un trago que olvida, esconde o recuerda, tristezas y alegrías, también derriba, une y construye, aunque siempre ama, porque las libera.
Al final de cuentas, no hay que ser tan duros ni egoístas, porque las mentiras, los engaños y las apariencias, tienen sentimientos y cumplen su función, pero también sus días contados.
Entonces, todo es perfecto hasta que no, y ya soberano en la inocencia, la espada separa lo que ha de separarse.
Olvidar y recordar, a qué hay que cortarle la cabeza.
¡Oh Din!