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Tiempos de arcade

Máquina de Space Invaders 1
Máquina de Space Invaders 1

Muchos de los que pertenecemos a esa generación que creció durante los años 80 y los 90 contamos, en nuestro imaginario de juventud, con el recuerdo de aquellos irrepetibles salones arcade, en los cuales sociabilizábamos y competíamos al tiempo que agotábamos la reducida paga de un niño o adolescente de aquellos tiempos. Como elemento icónico de la cultura pop de las últimas décadas, los salones recreativos tenían que tener un pequeño espacio en esta sección, a modo de humilde homenaje.

Por situarnos, las máquinas arcade (un mueble de madera en cuyo interior se aloja una pantalla de rayos catódicos y una placa que contiene software para jugar) nacieron casi en paralelo a los primeros videojuegos en los años 70, siendo PONG el primer y legendario arcade en llegar al público.

Clásico salón recreativo
Clásico salón recreativo

Durante los años 80 y 90, estas máquinas se popularizaron enormemente, convirtiéndose en vanguardia tecnológica del sector e inundando bares y salones recreativos por todo el mundo. Los arcade ofrecían una experiencia jugable que no se podía obtener con los dispositivos domésticos de videojuegos, razón que explica que los jóvenes de medio mundo se dejasen sus ahorros en estas máquinas.

Finalmente, en los años 2000, el rápido avance e innovación en el campo de las videoconsolas domésticas y el juego on-line provocaron la decadencia de las máquinas arcade hasta la práctica desaparición de los salones recreativos, que en su mayoría se reconvirtieron en locales destinados a los juegos de azar y a las apuestas deportivas. Hoy en día los arcade son un recuerdo del pasado y únicamente siguen gozando de popularidad en Japón.

Clásicos en la memoria

Imagen de Ghost 'N' Goblins
Imagen de Ghost ‘N’ Goblins

Durante todo ese período tuvimos la suerte de disfrutar con joyas inigualables del entretenimiento y la cultura pop. ¿Quién no recuerda la icónica primera pantalla de Donkey Kong (1981), en la que debíamos trepar hasta la princesa secuestrada mientras esquivábamos los barriles que nos arrojaba el enfurecido simio? ¿Quién no tiene en su memoria alguna partida masacrando “marcianitos” en Space Invaders (1978)? ¿Y qué me dicen de Pac-Man (1980) y su frenético avance devorando sospechosas pastillas amarillas?. Con los años, la tecnología fue permitiendo realizar juegos cada vez menos esquemáticos y abstractos, y pronto llegaron a los salones grandes títulos como, Bomb Jack (1984), Wonder Boy (1986), 1942 (1984), Ghost ‘N’ Goblins (1985), Golden Axe (1989) y un largo etcétera. En los primeros años 90, los avances en las placas arcade permitieron nuevos e impresionantes alardes técnicos y pudimos gozar con juegos como The Simpsons (1991), Cadillacs & Dinosaurs (1993), Street Fighter II (1991) o Sunset Riders (1991), mientras que la segunda mitad de los 90 dio paso al desarrollo de las 3-D. Con la innovación de las tres dimensiones llegaron los últimos clásicos a los salones arcade, destacando títulos como The House of the Dead (1998), Virtua Striker (1994), Star Wars: Racer Arcade (2000), Sega Rally (1998) y muchos más.

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Personajes del salón recreativo

En aquellos lugares tan especiales algunos vivimos momentos inolvidables y disfrutamos de pequeños instantes de gloria de los que luego podíamos “fardar” en el cole (como cuando un servidor se pasó el Virtua Striker entero ante la mirada de un nutrido corrillo de clientes del local). Eran sitios donde, con el paso de los años, se fue conformando una especie de fauna peculiar que podíamos encontrar, a modo de patrón común, en casi todos los salones arcade de nuestro país. Fueras a local que fueras, no podía faltar el clásico kinki que intentaba sacar alguna moneda de “5 duros” a los clientes mediante intimidación o simplemente pesadez, el agonías que no podía esperar a que llegase su turno en una máquina ocupada y se dedicaba (con poco disimulo) a intentar molestar o distraer al jugador para que este metiese la pata y se acabase su partida, o el listillo que intentaba jugar de gorra diciendo eso de “uy, te van a matar, si quieres te paso esta partida”. cabina-del-juego-sega-rally-1Lo mejor era acudir en grupo de amigos, una suerte de escolta que protegía al jugador de posibles moscones, pesados y gorrones. No podía faltar tampoco el trilero del local, ese que afirmaba saber la manera de engañar al mecanismo de las monedas para jugar gratis (en realidad, nunca conseguí jugar sin pasar por caja, pero sí que atasqué alguna máquina introduciendo botones, para disgusto del propietario). Y también estaba el habitante del salón, ese individuo poco hablador, concentrado en la pantalla y al que, fuera la hora que fuera, encontrabas delante de la maquinita de turno (la única explicación para este fenómeno era una paga muy generosa o una habilidad descomunal).

Aprendimos a emular

Llegó la generación de los 128 bits, los salones arcade perdieron gran parte de su “valor añadido” y, poco a poco, fueron desapareciendo de nuestras ciudades, pero no de nuestras vidas. En la actualidad, gracias a la emulación, podemos volver a disfrutar de aquellos clásicos irrepetibles de nuestra juventud, e incluso hay manitas que se dedican a fabricar máquinas arcade caseras con las que revivir esas sensaciones (pero sin dejarnos el sueldo introduciendo monedas). Porque no todo son gráficos espectaculares y partidas on-line. A veces, una palanca, dos botones y un juego sencillo y adictivo es todo lo que necesitamos para pasar un buen rato.

logoAntonio Cristobal Castellano