Héroes de muchas patrias

El ídolo de hoy expulsa de nuestro recuerdo al héroe de ayer, y será reemplazado, a su vez, por su sucesor de mañana, Washington Irving (The Sketchbook of Geoffrey Crayon, 1819).

Paradójicamente, pensar sobre dos personajes antiguos puede servir para reflexionar sobre una realidad muy actual. Buena parte de la Segunda Guerra Púnica, que enfrentó a Roma y Cartago, tuvo lugar en la Península Ibérica y, que sepamos, Indíbil y Mandonio fueron los hispanos más implicados. Eran líderes de los ilergetes, un pueblo del noreste, y su participación fue muy turbulenta: primero fueron aliados de los cartagineses, después de los romanos y, finalmente, se sublevaron contra estos hasta que acabaron muertos, Indíbil en combate y Mandonio ejecutado. Con un currículum marcado por la colaboración con los invasores y su gusto por traicionar, no parecen cumplir el perfil de los héroes ideales de la Historia de España, pero, sin embargo, lo han sido para muchos.

Los catalanes más rebeldes

Los ilergetes habitaban en el noreste, así que fue en Cataluña donde primero se rescataron del olvido. Desde el siglo XVI, las historias catalanas los presentaron como los primeros héroes que habían resistido las invasiones extranjeras por la libertad de su pueblo. Esto incluía la difusión de ciertas leyendas, como la que afirmaba que el arco romano de Bará, en Tarragona, se levantó en el lugar en que Mandonio había sido ajusticiado.

Muerte de Indíbil, cromo de la colección Història de Catalunya de Xocolates Juncosa, de los años 30. Fuente: http://bit.ly/2wPWe1j.

A medida que el catalanismo se consolidaba en su forma nacionalista, el mito ilergete crecía. El principal ejemplo es Ángel Guimerà, ilustre representante de la Renaixença, que comenzó y terminó su carrera literaria con Indíbil y Mandonio, dedicándoles un poema épico (1875) y una obra teatral (1917). Para Guimerà, el sacrificio de los ilergetes debía interpretarse como un ejemplo para que el pueblo catalán reaccionara y luchara por su liberación.

¿Qué has hecho, oh, raza de tantos héroes? ¡Mira!
¿Y a este precio te vendes a tus verdugos? ¡Despierta!
¡Venganza y libertad!

Raza, muerte y venganza son señas de identidad nacionalista. No en vano, cuando el catalanismo fue reprimido, el mito ilergete respondió. Durante la dictadura de Franco, Joan Baptista Xuriguera, que pasó un tiempo exiliado, escribió también una obra poética (1955) y otra divulgativa (1964) sobre estos personajes: para él, los romanos eran una metáfora del franquismo y los ilergetes del catalanismo. En realidad, más que rebeldes por la libertad, Indíbil y Mandonio fueron mercenarios de uno u otro invasor según su conveniencia, pero eso poco importaba.

Los españoles más leales

Parece contradictorio, pero ese mismo franquismo contra el que escribía Xuriguera también utilizó a Indíbil y Mandonio como un símbolo propio. En paralelo al mito catalanista, se había ido construyendo un mito españolista; junto con Viriato, Sagunto o Numancia, engrosaban la lista de los héroes que habían luchado por la independencia de España desde la Antigüedad. Cierto es que nunca gozaron de tanta popularidad como en Cataluña, pero el camino que siguió su idealización españolista es bastante curioso.

Indíbil y Mandonio en un libro de texto de los años 50, la Enciclopedia, de Ángel Pérez Rodrigo

Para el nacionalismo español, Indíbil y Mandonio fueron el máximo ejemplo de la llamada devotio ibérica. Ese concepto se inventó en el contexto de la dictadura de Primo de Rivera y tuvo un gran éxito durante el franquismo. Básicamente, define la supuesta costumbre de los antiguos hispanos de jurar fidelidad a sus caudillos hasta la muerte. Dicha idea se basa en algunas referencias reales, pero fue exagerada y simplificada en su momento: en un ambiente fascista, la idea de que los españoles tuviesen una inclinación ancestral por la lealtad militar resultaba muy atractiva. Pues bien, como los textos dicen que los ilergetes suplicaron perdón y prometieron fidelidad a Escipión (traicionándole cada vez que se ausentaba), se utilizaron como ejemplo por excelencia de aquella presunta tradición. Paradójicamente, los hispanos más traicioneros de la Antigüedad se convirtieron en símbolo de lealtad española. El fervor patriótico, a veces, encuentra salidas muy enrevesadas.

Los leridanos más autóctonos

El leridanismo acabó de elevar a estos personajes al estatus de héroes. En efecto, el territorio ilergete ocupaba aproximadamente la moderna provincia de Lérida, por lo que, además de un símbolo catalán y español, Indíbil y Mandonio son un emblema local. Además, esta faceta provinciana aporta uno de los episodios más curiosos de su historia.

Estatua Independencia o Indíbil y Mandonio, de Medardo Sanmartí, 1884. Fuente: http://bit.ly/2xymbqz.

En 1884, Medardo Sanmartí diseñó una estatua titulada Independencia y que representaba a Istolacio e Indortes, otros dos rebeldes de la Antigüedad hispana, pero que no tienen nada que ver con los ilergetes, ni con la antigua Cataluña. En 1946, el yeso de aquella estatua fue rescatado de una biblioteca, fundido en bronce y levantado en uno de los puntos más emblemáticos de Lérida, pero ya no se titulaba Independencia ni representaba a Istolacio e Indortes, sino que fue rebautizada como Indíbil y Mandonio. Desde luego, aquel falseamiento tuvo un éxito enorme, pues la estatua se convirtió en la imagen más icónica de la ciudad hasta la actualidad. Así se reconstruía simbólicamente a una ciudad castigada por la guerra, reinventando su identidad a base de referentes autóctonos. Al mismo tiempo, se aprovechaba un mito catalanista muy arraigado desactivando su carga subversiva al transformarlo en localismo inofensivo. No convenía que Indíbil y Mandonio fuesen catalanes, tampoco tenían demasiado tirón como españoles, pero estaba bien que fuesen leridanos.

Todo esto trata de leyendas, tergiversaciones y monumentos impostados. Indíbil y Mandonio no fueron catalanes, ni españoles, ni leridanos. Fueron ilergetes y ni siquiera sabemos lo que eso conllevaba exactamente en el siglo III a.e.c. Tampoco representan ninguna virtud actual, pues apenas entendemos su mentalidad y circunstancias históricas. Su consideración como ancestros es falsa, porque la apropiación del pasado para justificar identidades presentes siempre es falsa. Su simbolismo nacionalista es irracional, porque cualquier sentimiento nacionalista es irracional. Su invención como héroes es nociva, porque no deberíamos necesitar ningún héroe.

Para leer más:

GARCÉS, I. (1997): “El tractament historiogràfic i literari d’Indíbil i Mandoni”, en GARCÉS, I. (ed.): Indíbil i Mandoni: reis i guerrers, Ajuntament de Lleida, Lleida, 85-92.

QUESADA, F. (1998): “El grupo escultórico supuestamente de Indíbil y Mandonio en Lérida y el Nacionalismo artístico-arqueológico español del siglo XIX”, Ilerda, 52/2, 11-20.

Tomás Aguilera Durán

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