El otoño de Krahe

En nuestro espacio radiofónico con la entrada de una estación tan poética como la que se acaba de deslizar sobre nosotros, solemos mostrar algunas representaciones culturales de la estación en cuestión.Hoy pensaba escribir sobre Antonio Vivaldi, Juan Ramón Jiménez y Vicent Van Gogh, sin embargo, esta mañana el café me supo a Krahe y me di cuenta de que nuestro cantautor es más otoñal que los citados anteriormente.

A Krahe lo conocí hace tiempo a través de su disco en directo “Cábalas y cicatrices” (2002), una obra redonda en la que las escenas costumbristas se entrelazaban con la rabiosa actualidad. A partir de ese momento mis noches estaban acompañadas por la cálida voz de Krahe y su poesía.

Con cada canción obtenía una mirada diferente al igual que un poliedro acristalado, pues las letras que nos dejó nuestro cantautor son fruto de una profunda reflexión, aunque él las vista con un ligero vestido transparente. Y de ese ejercicio del pensamiento reposado con lecturas y experiencia vivida viene el otoño:

No será el “nembutal” el que nos suicide mientras caminamos por las grises aceras de la ciudad de Madrid contemplando al “buen caballero” el de la mano en el pecho. No será el clin clin de la cucharilla al chocar con la taza la que nos despiste para dejar de presenciar como “Don Andrés Octogenario” se queda tieso en la cafetería de la calle Quintana mientras el “señor juez” ve como sale el anciano por la tangente de la vida. Y cuando la “tormenta” de un septiembre vencido cesó, salimos de aquel lugar respirando un aire marchito y pensando que todo el párrafo era más que un absurdo un “burdo rumor”. Satírica sonrisa del costumbrismo “y todo es vanidad”.

Krahe es otoño y quien le escuchó lo sabe.

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Javier F.Negro

 

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