Mani el profeta

A diario mucha gente utiliza “maniqueo” dentro de alguna expresión o frase para referirse a una persona que divide su pensamiento en extremos sin punto medio, para poder explicar la realidad que le rodea, y así, esta idea, es recogida en la RAE entre las acepciones de la palabra. Pero quizás gran parte de la población no sepa el origen para esta consideración, ni tampoco qué era el maniqueísmo, quiénes eran los maniqueos, ni mucho menos, quién podía ser su fundador.

Dibujo antiguo sobre grabado de cobre, donde se muestra una imagen de Mani. En la basa sobre la cual está la figura, puede leerse en latín Manes seu Manichaeus Corbicus. Realizado por Romeryn de Hooghe en 1701.

El inicio de todo ello parte con la figura de Mani/Manes, nombre que varía levemente dependiendo de las fuentes y los diversos idiomas (incluida la variable latinizada de Manichaeus), quien se presentará como profeta con la idea de crear una nueva religión, la cual recibe su nombre, maniqueísmo. Su vida transitó durante todo el siglo III d.C., entre el 216 y el 274 d.C. aproximadamente, criándose en una familia noble la cual estaba emparentada con la dinastía arsácida (su madre pertenecía a la familia próxima de los Kamsaragan), que reinaba en ese momento en Partia. Sus padres, Patek o Patekios y Myriam, procedían de la región de Mardinu, al norte de Babilonia, si bien, se asentaron posteriormente en Seleucia-Ctesifonte, capital del entonces Imperio Parto, siendo en sus alrededores o en la propia ciudad donde se sitúa el nacimiento de Mani.

Durante estos años el propio imperio parto vivía una crisis profunda a diferentes niveles, que produjo consecuencias a nivel ideológico y religioso en toda la población. Ante esta situación la familia de Mani no fue indiferente, ya que su padre tras su establecimiento en la capital, se interesó por nuevas prácticas religiosas, así como otros cultos. Será durante su presencia dentro de la denominada Casa de las imágenes divinas, cuando escuchó hasta en tres ocasiones una extraña voz que le empujaba a la renuncia del vino, la carne y las mujeres. Decidido a renunciar a estas tres tentaciones, se retiró hasta las regiones pantanosas de la antigua Babilonia, donde entrará en contacto con otros grupos religiosos, que algunos investigadores han vinculado con movimientos o sectas judeo-cristianas, principalmente los Bautistas. Las actuaciones religiosas de su padre no pasaran desapercibidas en su hijo, ya que con posterioridad dentro del ideario maniqueo, se incluirán el ayuno, el vegetarianismo y la castidad. Por tanto, a partir de la conversión del padre, se produce una influencia que desembocará en la futura transformación del hijo.

El despertar profético de Mani

Los inicios religiosos de Mani se producirán a temprana edad, ya que con 12 años, según la tradición, se le apareció un ángel, at-Ta´um, el cual le revelaría que se trataba de su propio doble celestial. Éste gemelo Paráclito, se presenta ante él en nombre de Dios, el cual ocupa una posición de rey dentro del denominado Paraíso de las Luces maniqueo, para educarle y prepararle en su misión profética. Desde ese momento y a lo largo de diferentes momentos en su vida, experimentará otra serie de visiones de sí mismo que le marcarían el camino a seguir. Así mismo su educación religiosa, que hasta el momento estuvo centrada en la secta mandea, dará paso a nuevas interpretaciones basadas en el zurvanismo (o zervanismo), así como otros aspectos del zoroastrismo y en el mitraísmo.

No obstante, durante los años siguientes a esa experiencia permanecerá en cierto letargo, formándose e instruyéndose (con amplios conocimientos en música, matemáticas, artes pictóricas, astronomía o medicina), hasta llegar a ganarse el afecto del rey Ardashir I y entrando bajo su servicio. Ya con 24 años (en el 240 d.C.), se le vuelve a aparecer el mismo ángel para comunicarle una nueva misión, encuadrada en convertirse en un Apóstol de la Luz, y consistente en despertar de su adormecimiento para anunciar la verdad y transmitir públicamente las enseñanzas que había adquirido, las cuales se han considerado que recibieron una gran influencia gnóstica. Esta opinión es secundada con gran seguridad por el Evangelio de la infancia, escrito que cuenta los primeros años de su vida y donde se observan dichas corrientes. Precisamente, la naturaleza sincrética de las enseñanzas maniqueas, incluyen asimilaciones del culto mitraico, de cuestiones morales budistas, de diferentes elementos del cristianismo o de otros cultos, sobre todo de influencia irania e india, junto con interpretaciones de tradiciones religiosas existentes en el mundo persa. Además no se debe olvidar, que la familia de Mani era de origen iranio y, de hecho, no resultaba baladí la influencia del zurvanismo y del mundo mitraico en su ideología. Incluso, pese a oponerse abiertamente a estos grupos, el propio Mani se mostraba como un mago (de clara influencia mitraica) y para la sociedad de la Antigüedad fue considerado como un sacerdote de Mitra y la religión que profesaba era irania. Todos estos aspectos muestran la complejidad no solo de la religiosidad antigua sino también en la propia ideología de los maniqueos, con profundo sincretismo.

Datado durante la dinastía Yuan (s. XIII-XIV d.C.), perteneciente a una colección privada en Japón. En el lado derecho se realiza una exposición y explicación del diagrama a cargo de Zsuzsanna Gulácsi y Jason BeDuhn

Desde luego el maniqueísmo se puede considerar como una religión dualista, principalmente por esa vinculación con las religiones iranias, por su interés en destacar esos aspectos recogidos del zoroastrismo, sobre todo del zurvanismo, pero también por la propia presencia ideológica en el mitraísmo o en las corrientes gnósticas derivadas del cristianismo. Dentro de ese dualismo, eminentemente radical, es donde el maniqueísmo muestra una visión del mundo dividido y compuesto a la vez en dos partes, luz y oscuridad/espíritu y materia. De igual manera, existirá un dios bueno, que será la luz, la fuerza, la sabiduría, frente a un ser de las tinieblas, que representa el caos y la maldad, el cual dirigirá a su ejército de demonios contra el dios bondadoso. Esta lucha arquetípica que se sumerge en la religión irania (Ohrmazd contra Ahrimán), también se encuentra representada en otras religiones. Este dios que representa todos los aspectos positivos, pedirá ayuda al hombre primordial para su lucha contra el maligno. De esta manera encontramos una representación del guerrero contra el mal y de un salvador que sufre para después redimirse gracias a la ayuda del primero. Además habrá todo un proceso mitológico de enfrentamientos entre la luz y la oscuridad, de cómo el salvador comunica a Adán la gnosis o el conocimiento que salva a aquel que tenga consciencia del mismo, mediante lo que fue, lo que es y lo que será. Corresponde a un concepto de Tres Tiempos, recogido del zurvanismo, que se aplica también a la propia separación conceptual del maniqueísmo mediante un tiempo anterior a la unión de la luz y las tinieblas, a la conjunción de ambas y a la posterior separación que se vuelve hacer. Será al final de la lucha entre el bien y el mal, cuando al lograr la victoria las facciones buenas, el Gran Rey, que en la tradición maniquea es llamado Jesús, presidirá el juicio final, logrando volver todos los seres, también los del infierno, a la luz y ser purificados. Todo ello corresponde a la base principal del dogma maniqueo y que Mani pretendió extender como religión en toda Persia y más allá.

Precisamente a partir de la nueva revelación que recibe Mani, se dedicará a propagar la palabra de Dios y sus planteamientos, empezando por comunicar a sus propios padres tal anunciación, quienes se convertirán a la fe de su hijo. Posteriormente, coincidiendo con un repunte en los conflictos bélicos entre Persia y Roma (a partir del 241 d.C.), marchó a la India donde permaneció aproximadamente hasta el 243 d.C.; donde se empapó de otra serie de creencias y doctrinas.

A su regreso, el rey Ardashir I, con quien se iniciaba la importante dinastía sasánida, dejaba paso a su hijo Sapor I. El nuevo monarca fue de vital importancia para la expansión del maniqueísmo, pues protegió y fomentó las doctrinas de Mani. Gracias a ello, se expandieron sus enseñanzas no solo al Imperio Persa, sino también a otras muchísimas regiones tanto occidentales como orientales. De tal manera, que desde la primera gran conversión que realizaría el profeta en Babilonia, su nueva doctrina llegó hasta Roma, pasando por Egipto o al poniente de China.

La expansión del maniqueísmo desde la corte de Sapor I

Dracma de representación de Sapor I coronado y busto con coraza, periodo Sasánida 240-272 d.C. Classical Numismatic Gruop. Meter en expansión desde corte de Sapor I. Wikipedia.

El éxito de Mani dentro de la corte del rey Sapor I es rotundo. Tanto con el monarca, con quien tendrá hasta tres conversaciones, y al cual dedica el famoso escrito Sahpuhrogan o Escrito dedicado a Sapor durante el primer encuentro entre ambos en Abril del 243 d.C., que impresionó al dirigente; como también a su hijo Ormaz I, que pese a tener un reinado escueto, duró un año y diez días en el poder, fue un gran seguidor y discípulo suyo. Además tampoco se debe olvidar al hermano de Sapor, Mihrŝah, quien rechazaba la supuesta predicación como Apóstol de Mani, así como la existencia del Paraíso de Luz que prometía. Pero según la tradición maniquea, el propio profeta le hizo aparecer ese paraíso ante sus propios ojos, con dioses, un jardín espectacular y el soplo inmortal de la vida. Ante tal hecho, el príncipe cayó inconsciente y se convirtió de inmediato en fiel de la nueva religión.

Gracias a estas actuaciones y su conexión con la familia real, el monarca le autorizó a predicar de manera libre sus enseñanzas por todo el imperio e, incluso, le acompañaría en algunas de sus campañas militares. Durante este periodo de protección, pudo escribir de manera extensa las conocidas Escrituras maniqueas y fundar la génesis de su iglesia.

Caída en desgracia de Mani y su doctrina

Pero no todos los familiares de Sapor I estaban a favor del maniqueísmo, como era el caso del hijo del rey, el futuro Bahram I, quien se oponía a sus doctrinas y se decantaba por las enseñanzas tradicionales del zoroastrismo. Precisamente tras la muerte de Sapor, y el leve gobierno de Ormuz, le sucederá Bahram, quién apoyará de manera abierta a los magos iranios, donde destacará Mobed Kartir. Este destacado miembro dentro de la élite religiosa persa, logrará inmensos poderes, llegando a ser fundador de la llamada Iglesia nacional sasánida, maestro de ceremonias, señor del templo del fuego de Anahita, así como, jefe del templo de la ciudad de Istar, acrecentando su influencia en la sociedad y en el gobierno. Precisamente la acumulación de cargos y su creciente peso en la corte de Bahram I, le permitieron posicionar al zoroastrismo como única religión autorizada del Imperio, originando un renacimiento del culto, que vieron con tan buenos ojos las élites del periodo. De hecho, consiguió que las dos clases sacerdotales tradicionalmente rivales como eran la de los magos, con su sede en Siz (Media) y la de los herbad en Persia, se fusionaran, originando la iglesia estatal zoroástrica, además de redactar de manera canónica el Avesta.

Así mismo, como sucede en tantos momentos de la historia, frente al miedo por el ascenso de otras doctrinas que pudieran hacerles sombra, en paralelo a la creación eclesiástica y el entrelazado ideológico, se produjo una radicalización de sus creencias, provocando acciones intolerantes hacia los pensamientos que creían heréticos, como es el caso de los maniqueos, y contra otras religiones como era el cristianismo u otros cultos.

Ante semejante situación, no resultaba extraño que la vida de Mani corriese peligro. De hecho, ante las presiones de Kardir, Bahram, ordenó el encarcelamiento del dirigente religioso durante su estancia en Gundesapur, Susiana, en el 276 d.C. Tanto el líder como el resto de maniqueos fueron acusados de apartar a los súbditos del imperio de la religión oficial, de las tradiciones y de ser incapaces de hacer cualquier acto provechoso para la sociedad. Pese a los intentos del profeta de defenderse ante el monarca recordando los milagros que realizó, el bien en favor de la familia real o de no haber hecho nada malo, incluso planteando lo contrario, pues consideraba haber librado a la sociedad de demonios y falsos espíritus, así como de enfermedades; el rey no cambió de parecer y condenó a muerte a Mani.

Los últimos días de Mani

Los escritos posteriores a su vida, relatan cómo fue encarcelado y torturado antes de su muerte. Durante su cautiverio, que llegó al mes, llevó tres cadenas en las manos, otras tantas en los pies y una en el cuello, impidiendo cualquier movimiento y provocando un dolor espantoso, lo que generó su particular periodo de penitencia o pasión, que en los propios términos maniqueos se denominó como “crucifixión”, siguiendo el concepto cristiano. De hecho, la figura de Jesús tuvo cierta importancia dentro de la doctrina impartida por Mani, entre otras razones por atribuirle una función cósmica e incluirlo en una línea sucesoria de profetas, entre los cuales estarán Set, Noé, Abraham, Zoroastro, Platón o Buda entre otros y que finalizaba con el propio Mani.

Tras el tormento sufrido fue ejecutado, variando según las fuentes y relatos en la forma de llevarlo a cabo, aunque lo más probable es que fue decapitado y su cabeza se expuso en la Gundesapur, mientras el resto del cuerpo recibió sepultura por parte de sus discípulos en Ctesifonte.

Pero la represión frente al maniqueísmo no terminó con la ejecución de Mani, pues Bahram I ordenó acabar con sus seguidores de manera violenta. Algo que sin embargo no lograron, extendiéndose durante los siglos posteriores dicha religión, siguiendo con el propósito del profeta de unir Oriente y Occidente. Tanto es así que sus escritos, basados en las enseñanzas reveladas a Mani, fueron traducidos a miles de lenguas y se extendieron desde Roma hasta China. Las persecuciones se produjeron en todos los lugares donde estuvieron presentes los maniqueos, lo que les obligó a trasladarse a las zonas rurales desde el mundo urbano, donde hay que destacar como paradigma la región de Asia Menor. También en Roma las persecuciones estuvieron presentes hasta el s.VI, o en China, donde llegará a ser religión estatal durante el breve imperio de los turcos Uigures (con un fuerte arraigo en la región de Sinkiang).

En cualquiera de estos lugares la visión dualista del mundo que tenían los maniqueos, donde la constante lucha entre luz y tinieblas estaba presente y se expandía a cualquier plano de la realidad, marcó la consideración hacia ellos. Esta visión, que ha perdurado hasta nuestros días, permite que cualquier persona que hace referencia a este grupo religioso, aunque sea de manera inconsciente en relación a su origen, les asimilan con esa manera dicotómica de entender la vida. Por tanto, Mani y de los maniqueos, ahora extintos, siguen entre nosotros de algún modo.

Javier Solís Montero

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