Ni ángeles ni demonios, antihéroes en el cine

En el cine de hoy y de siempre, en multitud de ocasiones nos encontramos con historias que nos plantean un conflicto moral entre el bien y el mal, una división entre “buenos” y “malos” que, especialmente en las películas de súper héroes, se nos presenta de manera bastante maniquea. Es en el contexto de este cine donde aparece una figura que, si bien resulta controvertida, ayuda a dar matices a ese escenario excesivamente simplista de villanos y héroes donde unos son la encarnación del mal y otros son portadores de la virtud.

¿Qué es un antihéroe?

Antes de continuar, es importante objetivar qué entendemos por antihéroe. Cabe la posibilidad de que la mente de algún lector haya considerado de inmediato la figura de personajes como Batman/Bruce Wayne, pero no. Ser una desdichada alma torturada por un trauma infantil que vive sumida en la depresión y el auto castigo no convierte a un personaje en antihéroe, sino sus actos y sus fines (en esto, el hombre murciélago es un héroe de manual). Un antihéroe es un personaje que, si bien persigue fines que podrían considerarse nobles o heroicos, para alcanzar los mismos recurre, en muchas ocasiones, a métodos moralmente cuestionables o, incluso, parte de motivaciones personales de índole nada altruista. En definitiva, estamos ante una figura de ficción que, si bien puede tener cualidades excepcionales, tiene un comportamiento mucho más cercano al de cualquier persona corriente, con sus dudas, sus equivocaciones y sus actos reprobables.

Puede que haya cierta confusión entre el antihéroe, el héroe y el villano, sobre todo en el cine moderno, en el cual tenemos desde héroes sumamente oscuros (el ya citado caso de Batman es el mejor ejemplo) pero que no dejan de ser genuinamente “buenos”, hasta héroes malogrados (aquí, el caso del Anakin Skywalker/Darth Vader del universo Star Wars es idóneo) que acaban siendo malvados. No, el antihéroe no es ni lo uno ni lo otro, sino que tiene sus propias motivaciones e intereses (las cuales no son explicadas en muchos casos) y, sin ser una figura perversa, sus actos no se guían por nada más que la consecución de los fines que persigue.

Los ejemplos en el cine son muchos y dan para realizar un verdadero tratado psicológico, pero dada la limitación de este formato, citaremos a continuación tres casos fácilmente reconocibles en el ámbito de la industria de Hollywood.

Michael Corleone

He aquí un ejemplo de libro en la saga El Padrino. Tanto en las novelas de Puzo como en la saga cinematográfica de Coppola, el hijo mediano de Don Vito Corleone es una figura compleja que parece destinada a no seguir el camino criminal de su progenitor, pero a la que las circunstancias colocan en la situación de velar por el futuro de su familia. Para ello, y siempre con ese noble fin último (proteger a los suyos), es capaz de cometer verdaderas atrocidades y de convertirse en un ser frío como el hielo, incapaz de transmitir ninguna clase de sentimiento de amor hacia su mujer e hijos, a los que acaba perdiendo como consecuencia de su modo de vida. Un hombre que, para proteger a La Familia, acaba destruyéndola, incapaz de escapar de la espiral de violencia en la que se adentró cuando apretó el gatillo en el Ristorante Louis’s.

corleone

James Bond 007

james-bondEl personaje que me motivó para escribir esta columna. Un verdadero sicario que trabaja a las órdenes del Servicio Secreto de Su Majestad. Obviamente, un papel encarnado por tan diferentes actores en un período tan extenso presenta muchas aristas, pero, en definitiva, no deja de tratarse de un agente secreto con licencia para matar, la cual emplea sin vacilación llegado el momento. Si el Bond de Sean Connery encarna cierta elegancia aséptica que resta dramatismo a sus actos, el del ridículo Roger Moore llegó a convertir al personaje en una verdadera caricatura. Sería Timothy Dalton en 007: Alta Tensión y Con Licencia Para Matar el que rescataría a la figura del antihéroe que había imaginado Ian Fleming en sus novelas (un personaje que hace lo que debe sin dudar, pero que no goza con ello para nada) y, finalmente, el Bond de Daniel Craig nos mostraría la versión más ruda, violenta, atribulada y realista en sus cuatro participaciones (Casino Royale, Quantum of Solace, Skyfall y Spectre).

V

vEl personaje de V de Vendetta es otra muestra magistral del antihéroe en el cómic y el cine. Sobre el papel, puede parecer incluso un héroe idealista y empático, pero en cuanto observamos sus métodos vemos su verdadera naturaleza. Se trata de un hombre terriblemente torturado que, en pos de la libertad, no duda en masacrar a los enemigos de la misma, convirtiéndose en un verdadero ejecutor vengativo que carece de toda piedad. Queda para el recuerdo cierta escena de la única adaptación realizada hasta la fecha, en la que, incluso, es capaz de mostrar ternura hacia la persona a la que acaba de matar. Sin duda, un personaje fantástico lleno de matices.

Como podrán observar los lectores a poco que reflexionen sobre los ejemplos que comentamos, la figura del antihéroe resulta fundamental en la industria del séptimo arte para aportar cierto realismo o profundidad a historias que, de entrada, se alejan bastante del universo de contradicciones en el que vivimos. ¿Existen realmente los héroes y los villanos en la vida real? Permítanme dudar de ello y de la moralización de nuestra existencia. En un mundo en el que el bien y el mal son términos discutidos y discutibles, el héroe sería tal cosa en función del observador, mientras que el villano podría no ser ni más ni menos que todos esos sociópatas o psicópatas con los que nos cruzamos a diario sin saberlo.

logoAntonio Cristóbal Castellano