Sangre de dos fronteras

Y la batalla acaba de empezar. Muchos se han perdido, pero dime ¿quién ha ganado?, U2 (Sunday Bloody Sunday, 1983).

La batalla del este

Cú Chulainn riding his chariot into battle, Joseph Christian Leyendecker, 1911.
https://commons.wikimedia.org/ wiki/ File%3ACuinbattle.jpg

Cú Chulainn era un gran guerrero. Herido de muerte en la batalla, se ató a una roca para seguir resistiendo, de forma que solo se le pudo dar por muerto cuando un cuervo se posó en su hombro para beber su sangre. Su fuerza no era gratuita, pues era nada menos que un semi-dios adiestrado por druidas. Dice la leyenda que en el clímax del combate se transformaba en un monstruo invencible, y que él solo derrotó a un ejército entero. Su historia se narra en el Ciclo del Ulster, un conjunto literario irlandés medieval que recoge leyendas de una antigüedad difícil de determinar. El revival de la cultura céltica en el siglo XIX rescató el mito para darle una nueva vida. Todavía le quedaban batallas que librar a aquel guerrero.

Ante todo, Cú Chulainn es un héroe irlandés, un símbolo de su identidad y pasado mítico, de su carácter guerrero, y de su resistencia. No es extraño, por tanto, que se convirtiese en un emblema de la independencia de Irlanda respecto del dominio británico, especialmente desde la intensificación del conflicto a principios del siglo XX. El ejemplo más célebre es The Dying Cú Chulainn, una estatua de bronce, creada por Oliver Sheppard, que se levantó en la General Post Office de Dublín en 1935. La imagen se ha convertido en todo un icono de la Irlanda independiente. Conmemora lo ocurrido en la Easter Rising de 1916, una revuelta independentista que causó casi 500 muertos, la mitad de ellos civiles, y que acabó con una violenta e indiscriminada represión con detenciones y ejecuciones. Parece adecuado que la estatua de Sheppard represente al gran héroe irlandés en el momento de su derrota y su muerte.

La batalla del sur

Ahora bien, Cú Chulainn era del Ulster. Es un héroe de Irlanda, sí, pero del norte de Irlanda. De hecho, el relato central del ciclo, el Táin Bó Cúailnge, cuenta cómo este personaje defendió su país del ataque del resto de provincias de la isla, que se habían aliado bajo el mando de la reina Mebd. Cú Chulainn murió precisamente por esa misión, por la resistencia del norte contra el sur de Irlanda. Y esa batalla recuerda a otra más reciente, y menos legendaria.

The Dying Cú Chulainn, Oliver Sheppard, General Post Office, Dublín, 1935.
https://flic.kr/p/bVArxT

Tras una guerra, en 1921 se declaró finalmente la independencia de la República de Irlanda. No obstante, el proceso había iniciado una nueva tragedia en el Ulster. Irlanda del Norte, con una mayoría fiel a la Corona, quedaba separada del resto de la isla permaneciendo bajo el amparo británico. Allí se abrió entonces una brecha sectaria y violenta entre los unionistas protestantes y los republicanos católicos, un conflicto que en los años 70 alcanzó una envergadura cercana a la guerra civil.

Norte y sur se enfrentaban, y Cú Chulainn renacía con ello. El guerrero legendario del Ulster, se convertía ahora en un referente de la lucha de los unionistas contra la amenaza del sur. Así empezó a formar parte de la simbología de los sectores protestantes más radicales: los lealistas y sus milicias paramilitares, como la UDA/UFF, organizada para aplastar cualquier disidencia republicana, especialmente la del IRA. Los murales callejeros de Belfast, la forma de expresión política norirlandesa más característica, representaron bien ese renacimiento reaccionario de Cú Chulainn. El héroe antiguo aparecía ahora junto a rifles, soldados encapuchados y lemas racistas.

Mural lealista de la UDA, en Shankill, Belfast: Cuchulainn, antiguo defensor del Ulster de los ataques irlandeses hace más de 2000 años. Actuales defensores del Ulster (Fotografía de Norman Craig) https://flic.kr/p/uQUwi

Paradójicamente, muchos de esos murales reproducen la estatua de Sheppard, icono de la causa contraria. El mismo héroe había sido invocado al mismo tiempo como un símbolo de republicanismo y lealtad monárquica, de independentismo y unionismo, de catolicismo y protestantismo. Algo tenía en común, en todo caso, era un símbolo de sangre, desde aquel cuervo que anunció su muerte.

Tomás Aguilera Durán

Para leer más:

HUTCHINSON, J., (1987), The dynamics of cultural nationalism: the Gaelic revival and the creation of the Irish nation state, Allen & Unwin, London-Boston.

 

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