1985, el resurgimiento del western

1985, EL RESURGIMIENTO DEL WESTERN

Hace unas semanas hablábamos en el programa de radio de El Café de la Lluvia sobre dos películas estrenadas en 1985 que marcaron un punto de inflexión en la revitalización de un género, el western, que llevaba unos años de capa caída. Me gustó tanto el planteamiento que he pensado en ampliarlo para realizar el primer post de la temporada de Butaca 5. Además, cualquier lector asiduo ya sabrá que se trata de uno de mis géneros del cine favorito, así que vamos allá y comencemos esta nueva temporada desenfundando nuestros revólveres.

LA DECADENCIA DE UN GÉNERO CLÁSICO

El western existe prácticamente desde que nace el cine y desde que nace Hollywood. Las primeras películas del género se rodaron en blanco y negro y en cine mudo en la primera década del siglo xx. De este modo, fue creciendo hasta convertirse en una seña de identidad del cine hollywoodiense.

Las décadas de los 40, los 50 y los 60 fueron la época de esplendor del western clásico, con estrellas como James Stewart, Robert Mitchum, Henry Fonda o, sobre todo, John Wayne.

A mediados de los 60 el western clásico de Hollywood empezó a decaer y surgieron nuevos subgéneros como el spaghetti western o el western crepuscular. Estos venían a contar otras historias más alejadas de la lucha entre indios y vaqueros, donde los buenos no eran tan buenos. Este nuevo camino encumbraría a nuevas estrellas, especialmente a Clint Eastwood.

Durante la década de los 70 las producciones sobre vaqueros y pistoleros comenzaron a decaer, tanto en cantidad como en calidad, salvo contadas ocasiones. A comienzos de los 80 el género parecía completamente olvidado. Pero llegó el año 1985 y aparecieron dos películas que volvieron a darle un gran impulso. Sin ellas, seguramente no podríamos haber disfrutado unos años después de dos grandes clásicos del western moderno como Sin perdón o Bailando con lobos.



SILVERADO: UNA REVISIÓN DEL WESTERN CLÁSICO

Cartel de Silverado. Fuente: Wikipedia.

La primera de estas dos películas que comentamos es Silverado. En 1985 Lawrence Kasdan era un joven director y guionista que ya contaba en su haber con un buen currículum. Ya había dirigido en 1981 Fuego en el cuerpo, pero sobre todo destacaba por su labor como guionista, y no es para menos: El imperio contraataca, En busca del arca pérdida y El retorno del jedi.

Tomando riesgos

Con estos proyectos a sus espaldas Kasdan podía atreverse con cualquier aventura, y así lo hizo. Cinéfilo desde la infancia y un amante reconocido del género, decidió emprender un proyecto muy arriesgado, un western que sumara todos los aspectos del western clásico. La empresa era arriesgada porque en aquellos momentos el género estaba en franca decadencia. Pero, tras conseguir el apoyo de Columbia para la producción del film, Kasdan se lanzó de lleno.

Un elenco de lujo

Tras encontrar las localizaciones en Nuevo México, se procedió con la construcción de un pueblo entero del salvaje oeste para rodar la película. Mientras se construía se iniciaron las pruebas para el reparto. Kasdan contó con un elenco de actores y actrices numerosísimo. Hoy en día dicho elenco se consideraría de lujo. Pero por aquel entonces, y salvo contadas excepciones, la mayoría de los intérpretes estaban comenzando sus carreras: Kevin Kline, Scott Glenn, Danny Glover, un jovencísimo Kevin Costner, Jeff Goldblum, Rosanna Arquette, Brian Dennehy, la oscarizada Linda Hunt y la breve aparición del Monty Python John Cleese.

El proyecto fue realmente ambicioso. Kasdan incluyó en su película todos los aspectos que conforman los westerns clásicos. Hablamos de la contraposición entre el bien y el mal, el respeto por la familia, la amistad, etc. Solo le faltaron los indios, que estaban en el guion, pero se quedaron fuera porque dichas escenas se pasaban del presupuesto. Por esto, el resultado fue uno de los grandes westerns modernos que aunaba todo lo bueno del género. Como persecuciones a caballo con excepcionales paisajes de fondo, espectaculares tiroteos y un duelo final entre Paden (Kevin Kline) y Cobb con una espectacular puesta en escena, que es de lo mejorcito del género.

Silverado se convirtió en un éxito y Kasdan tenía previsto realizar una continuación, pero su apretada agenda le obligó a ir posponiéndola hasta que cayó en el olvido.




EL JINETE PÁLIDO: «Y EL NOMBRE DE SU JINETE ERA LA MUERTE. Y EL INFIERNO LE SEGUÍA»

Cartel de El jinete pálido. Fuente: Wikipedia.

Pero si existe una película que realmente ayudó a revitalizar el género esta fue El jinete pálido (Pale rider). Fogueado tras sumar diez películas detrás de las cámaras, nos encontramos con un Eastwood director muy madurado. Así, aportará al film aspectos tomados de sus años como intérprete en el spaghetti western y la experiencia de sus dos anteriores western como director: Infierno de cobardes (1973) y El fuera de la ley (1976).

Aunque el guion fue obra de Michael Butler y Dennis Shryack, habituales colaboradores del director, estos siempre reconocieron que la idea original del film fue de Eastwood, que según él mismo llevaba preparando varios años. Aunque podemos decir que la idea del film no es tan original, pues lo cierto es que el hilo argumental del film se asemeja mucho a una de las películas más míticas del western clásico, Raíces profundas, dirigida por George Stevens. Muchos consideran la película de Eastwood como un remake de la versión de 1953. Aún así, podemos decir que en El jinete pálido el director profundiza mucho más en determinados aspectos, como la elaboración del personaje principal.

El Predicador

El argumento inicial del film es uno de los aspectos más básicos de muchos westerns clásicos. Se trata de un grupo de mineros y colonos indefensos que se ven atacados por un rico terrateniente que quiere apropiarse de sus tierras de explotación. Tras esta presentación aparece nuestro misterioso héroe. Mientras una chica del grupo de mineros recita un paisaje del Apocalipsis: «Y contemplé un caballo pálido; y el nombre de su jinete era la Muerte. Y el infierno le seguía», a lo lejos aparece un jinete montado sobre un caballo pálido del que nunca sabremos su nombre real, solo se le conocerá como el Predicador. Como vemos el título de la película no es casualidad.

Con el Predicador, Eastwood nos ofrece una de sus mejores interpretaciones del género. Uno de esos personajes ambiguos de los que desconocemos todo, incluso su nombre, un aspecto que recuerda claramente a los personajes del actor en la trilogía del dólar de Sergio Leone. Este tipo de personajes son una seña imperecedera de Eastwood gracias a su rostro y mirada imperturbable.

El Predicador. Fuente: Wikipedia.

Eastwood no solo toma elementos del western clásico y del spaghetti western, también repite aspectos vistos en Infierno de cobardes y El fuera de la ley. Como amplios paisajes desolados que evocan una tremenda aura de soledad.

En definitiva, con El jinete pálido Eastwood condensó y combinó los mejores aspectos de todos los subgéneros del western. Gracias a ello nos ofreció una obra maestra que ayudó a rescatar el interés del público por el género.

INICIANDO UN NUEVO CAMINO

La importancia de estas dos películas dentro del género fue enorme. Y no solo por ser dos excelentes obras que volvieron a levantar el interés entre el público por las antiguas historias de vaqueros y forajidos. El jinete pálido marcaría el camino a seguir por Eastwood para que a comienzos de los 90 nos regalara una obra maestra y uno de los mejores westerns modernos, Sin perdón, cinta que ensombrecería ligeramente a su predecesora.

Por su parte, Silverado lanzó la carrera de Kevin Costner, que es en este género de películas donde se ha encontrado siempre más cómodo y al que siempre ha regresado para ofrecernos productos de gran calidad. Como pudimos comprobar en su impresionante Bailando con lobos, pero también la ambiciosa Wyatt Earp, Open Range (cuyo tiroteo final es uno de los mejores que he visto) y la miniserie Hatfields & McCoys.

Víctor Tirador García 

 

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