El erudito y los signos extraños

En tales parajes la razón pierde su perspectiva; el tiempo y el espacio se vuelven vanos e irreales, y ecos de un olvidado pasado prehistórico golpean sobre la conciencia cautivada, H. P. Lovecraft (The Tomb, 1917).

La sombra de un libro

Ermita de Nª Sª de Fuente Santa (Fuente Santa. Novela Arqueológica, de Juan Muñoz, 2ª ed.,1943).

Esta es una historia pequeña, de un sabio local, un pueblo humilde, un libro desconocido y una piedra poco importante. Pero es bonita, y dice mucho de cómo funciona el pasado.

Hace unos años, el escritor Gabriel Cusac y yo estuvimos curioseando en torno a una ermita, Nª Sª de Fuente Santa, enclavada en una zona agreste de Medinilla, en el límite entre Ávila y Salamanca. Era interesante porque estaba en un lugar especial, se intuía que había sido importante tiempo atrás y, además, era un territorio virgen académicamente, pues no había ningún estudio sobre ella.

Así que, para empezar, preguntamos a los vecinos. No hizo falta indagar mucho para darnos cuenta de que la sombra de un solo libro estaba detrás de toda la información que la gente de la zona tenía sobre la historia del santuario. Los datos que nos proporcionaban sobre su origen, antigüedad y simbología provenían siempre del libro de Juan Muñoz; constantemente nos remitían a él para documentarnos: ahí está todo. Pero ese libro es una novela.

El sabio y su misterio

Ese Juan Muñoz del libro, era Juan Muñoz García (1881-1963), el propietario de una fábrica en Béjar, la pequeña ciudad de referencia de la región que nos ocupa. Pero además de industrial acomodado, era historiador y literato. Toda su vida la dedicó a escribir acerca de la historia bejarana y de sus alrededores, en libros, folletos o artículos de la prensa local, pero también en novelas históricas inspiradas en sus leyendas. Así, desde los años 30, fue uno de los intelectuales más reconocidos de la zona, el sabio al que recurrir cuando surgía algún hallazgo o duda histórica.

Juan Muñoz García (Juan Muñoz García: cronista de Béjar y ciudadano ejemplar, Béjar, 1948).

Muñoz representa totalmente el estereotipo del erudito local. Apasionado rastreador de archivos y curiosidades, pero sin demasiadas preocupaciones metodológicas: su motivación era alabar su tierra natal, construyendo para ella un pasado ideal de virtudes y héroes. Además, el erudito local es un adicto a los misterios, necesita resolver las grandes incógnitas que preocupan a su comunidad: la biografía de un personaje destacado o la fecha de un lugar o un festejo emblemático. Ese es su sentido y su función.

Pues resulta que Fuente Santa ofrece uno de esos misterios. La Virgen y la ermita reciben su nombre de un manantial que emerge en una fuente junto a la entrada. No es extraño encontrar eso en otros santuarios; lo que sí es raro es que en uno de los pequeños sillares de la fuente haya grabados unos signos indescifrables entre el musgo. Ese sí que es un misterio a la altura de un erudito.

Desde luego, el reto cautivó a Muñoz, y le dedicó algún artículo de prensa a la ermita. El problema de los signos sobrevolaba sus escritos, irresoluble y desesperante. Era imposible dar con una clave fácil, el misterio le superaba esta vez. Solo tímidamente se atrevió a dar una explicación: junto a ese manantial hubo probablemente un santuario pagano. Esa era su solución, era su apuesta.

Una novela arqueológica

Cubierta de Fuente Santa. Novela Arqueológica, 2ª ed., 1943.

No podía desarrollar su teoría porque no podía justificarla, pero sí podía escribir una novela. Fuente Santa. Novela arqueológica, se publicó en 1935. Narra la historia de la resistencia de los vettones, pueblo indígena de la zona, ante la conquista romana. La obra es una mezcla de literatura pastoril, exaltación patriótica y mitología cristiana. El mundo vettón es presentado como un lugar idílico de paz y felicidad que se ve amenazado por unos invasores despiadados. Solo los grandes héroes individuales pueden frenar el desastre, especialmente Neska, la protagonista, que incluso tras su muerte sigue alentando a las tropas milagrosamente. Ahí entra Fuente Santa, la tumba de la heroína convertida en santuario; y ahí entran los signos, la inscripción que consagra el templo a Eako, la deidad del silencio y de la noche. Así, el misterio académico que le frustraba le sirvió de pretexto para inventar un pasado utópico y glorioso.

La solución de Muñoz era algo burda y muy fantasiosa, pero lo más impresionante es su repercusión. No hay casa en Medinilla sin un ejemplar de la novela, al menos fotocopiado. Ese es el relato que nos contaban los mayores del pueblo cuando preguntábamos: hablaban de escritura y templos prerromanos, incluso identificaban la tumba de Neska en una roca con hiedra. La novela había permanecido durante décadas como el gran manual de historia local. Lo cierto es que la obra es deliberadamente confusa, con notas filológicas y arqueológicas que le dan una apariencia científica: Muñoz supo jugar con la línea que separa la historia y la ficción, haciendo su narración curiosamente verosímil para un público predispuesto.

Para unos vecinos deseosos de que se le reconociese antigüedad y prestigio a su santuario, aquel libro era enormemente valioso. Además, el renombre de su autor en un tiempo de precariedad cultural le dieron una credibilidad incuestionable. Esa es la manera en la que una novela mediocre se convierte en historia, incluso en dogma. Esa es la forma en que se construyen las tradiciones. Los signos de la fuente siguen siendo un misterio, aunque, en realidad, no parecen escritura y quizá no sean antiguos. No importa, la historia de Neska es mejor.

Tomás Aguilera Durán

Para leer más:

AGUILERA, T. (2013): “Fuente Santa: la exaltación del legado vettón en una novela arqueológica de los años 30”, Revista de Historiografía 18, 21-30.

AGUILERA, T. y CUSAC, G. (2011): Fuente Santa (Medinilla, Ávila). Estudio histórico-antropológico, Centro de Estudios Bejaranos, Béjar.

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