Hace unas semanas se habló en la prensa de un movimiento que pretendía que los denominados influencers cayeran en el cajón del olvido. ¿Esto es posible? No lo creo. No puede caer algo que es inherente a las sociedades humanas, nos guste o no.
¿Qué es un influencer?
Un influencer, más allá de anglicismos, es una persona influyente. Se trataría de alguien que tiene la competencia de sentar cátedra en ciertos aspectos y convertirse en referente para algunas personas o grupos sociales.
En la actualidad, nos las encontramos bajo el espejo de las redes sociales. Allí hay de todo, profesionales en un campo que divulgan sus contenidos en este formato y también los “grandes”. Estos últimos son los que tienen mayor impacto en la población y las marcas les emplean para promocionar sus productos. Los perfiles son de lo más variopinto y muchos de ellos se cosifican con el objetivo de aumentar el número de seguidores.
Los “grandes” influyentes
Me detengo en el último tipo de “influencer” referido pues es el que ha asomado a la prensa con un movimiento espontáneo que aboga por su caída. No quiero dar nombres propios, seguro que tú, ávido lector, conoces perfectamente que tipo figuras son descritas en esta columna.
Los personajes con la patente de corso para decir y hacer lo que más les convenga no destacan por su brillantez intelectual, pero atrapan e incluso polarizan a una parte de la población.
¿Por qué queremos a los influencers?
Porque muestran los anhelos de una sociedad aspiracional. Estas personas son el espejo en el que quieren mirarse miles de jóvenes que no dejan de pasar pantalla en su teléfono móvil. Prima el individualismo, el “ si quieres, puedes”, la gran farsa de un sistema que nos mantiene atrapados y enredados, sin mecanismos de defensa.
Las marcas buscan consumidores y se apoyan en ellos para este cometido, mientras que los mass media, instrumento del poder, proyecta sus figuras en clave de “entretenimiento muerto” para “zombificar” más al personal. No deja de ser un buen apoyo a espacios televisivos como la “Isla de las Tentaciones” y otras lindezas de carne algorítmica a la que pronto le dedicaré un “columnazo”.
Jaque mate al ejercicio periodístico
No sólo son proyectados y catapultados por los medios de comunicación, si no que los propios directivos de los medios o empresas del sector que trabajan para dichos medios, les contratan como reporteros. Seguro que recuerdas el sonado caso de una persona que hacía bromas para sus redes y que acabó en la Vuelta a España de este año como reportera. Este es tan sólo un caso de los que hemos visto a lo largo de estos años y seguiremos viendo en el futuro.
Influencia versus intelectualidad
Los “influencers” han eclipsado a otras figuras que antaño fueron faro, referentes intelectuales que paraban de vez en cuando en uno u otro programa televisivo. Personas que intentaban aportar sensatez, entre otras cosas. Ahora ese equilibrio no existe.
La deriva es problemática y los espejos rotos son cada vez más. La ansiedad se apodera de una sociedad que aspira a una riqueza material que poco tiene que ver con la del alma. Si siempre hemos estado perdidos, ahora lo estamos más que nunca. La caída no es de los influencers, la caída es la nuestra. Bienvenidos al ocaso del pensamiento crítico.
Javier F. Negro


