¿Quién no se ha perdido en el museo? ¿Quién no ha caminado solo por las salas más recónditas ante la atenta mirada de las personas que un día fueron y hoy son lienzo?
De vez en cuando decido vagar solo por los pasillos de los museos. Es una costumbre que creo que muchas personas compartimos y no deja de ser un sano ejercicio para el alma. Un camino introspectivo que a su vez me une a siglos pasados. El velo de la historia se cae poco a poco y atisbo destellos del ayer a la vez que me descubro a mi mismo, porque de eso también se trata cuando nos asomamos al espejo de la historia, de vernos a nosotros mismos.
Si aún no has hecho el ejercicio, te lo recomiendo encarecidamente. Acude un día al museo y piérdete por sus salas, siéntate en uno de los bancos que tiene habilitados y disfruta de una de sus obras de arte, aunque no la conozcas, contempla y vuela porque en ocasiones también necesitamos evasión, no sólo análisis y profundidad.
El poder del arte
Roberto Iniesta sacó en 2023 su último disco, “Se nos lleva el aire”. En aquella obra maestra, el de Plasencia le dedicó una canción al “poder del arte”. Esta oda refleja perfectamente lo que puede significar perderse en un museo, entre otras cosas (hasta el Museo Nacional del Prado creó un vídeo con un fragmento de la canción).
Porque a veces perderse es la mejor opción para encontrarse y alimentar el alma:
“Tal vez, si pudiera hablarte
De si fuera cierto
Que el poder del arte
Bien nos pudiera salvar
De una vida inerte
De una vida triste
De una mala muerte
Bien nos pudiera salvar” (Roberto Iniesta)
Javier F. Negro


