Se acercan las elecciones generales en España y los partidos políticos han comenzado a mover la maquinaria electoral con una amplia presencia en los medios de comunicación y en todo tipo de actos. En este jaleo aparecen los opinadores que ven la fachada del actor, pero no las propuestas o la trayectoria de los actores políticos. ¿Y nosotros qué? Nosotros nada porque poco importamos.
Costra política y periodismo de desinformación
Frases de azucarillo, sonrisas almidonadas y caretas infinitas, así se perfila la costra política ante la opinión pública para adquirir los votos dentro de un sistema asfixiante que nos obliga a no pensar y seguir los designios de un algoritmo polarizador que inyecta ese veneno del sentimentalismo irracional.
La luz azul de las pantallas trabaja a todo trapo para atontar al personal bajo moralinas o sentencias que nos dibujan el fin del mundo. En este combate final de “buenos y malos” el diálogo es una utopía y las descalificaciones una realidad. Se trata de derribar al enemigo político y en consecuencia a sus votantes.
La deriva tensionada es tal que ni Valle-Inclán hubiera sido capaz de imaginarse tal esperpento mundano. Mucha culpa de ello tienen los propios medios que fomentan espacios de “analistas” que vociferan con la bandera de la absoluta imparcialidad.
¿Y qué hacemos?
Primero, necesitamos tiempo para pararnos, sentarnos y pensar. Tenemos que alzar una mirada crítica y reflexiva. Para todo ello la formación es una obligación. Formarse no es apuntarse a un estudio superior (que también), formarse es mostrar interés y buscar diversos caminos para adquirir conocimiento de tal o cual materia. Seminarios, charlas, libros, conversaciones y experiencias vitales propias son algunas sendas por las que caminar. El estudio es algo que debería acompañarnos hasta el último suspiro de nuestra vida, un noble ejercicio que nos aporta mecanismos para poder enfrentarnos y cuestionar los engranajes del poder.
Las fallas del Sistema
¿Qué le exigimos al Sistema? A este sistema le tenemos que exigir una transformación que lo depure de la perversión a la que ha estado sometido durante años. Es necesario que los puntos programáticos de los partidos políticos sean fiscalizados por la ciudadanía. ¿Qué sentido tiene que se presenten a las elecciones con una carta de puntos y una vez en el poder se lo pasen por las gónadas? Es una burla constante.
La costra política no puede acaparar cargos y puestos en las administraciones públicas, estas tienen que ser independientes con técnicos, profesionales que no dependan del partido de turno que gobierna. El clientelismo costril debe de ser cosa del pasado. Por otro lado, el diálogo debe de implementarse bajo tonos serenos puesto que hay cuestiones clave que necesitan grandes consensos.
Los medios de comunicación deben de ser honestos más allá de la línea editorial de la que pendan. El cuarto poder tiene que realizar un ejercicio real de sus competencias y no fomentar el odio o la propaganda de tal o cual partido político.
Estos son tan sólo algunos puntos que considero relevantes aunque lo cierto es que este Eco de Lluvia podría ocupar 1001 páginas. Alcemos la mirada crítica y no nos dejemos llevar por la espiral polarizadora del borreguismo ilustrado. No se trata de sonrisas y frases de azucarillo o de insultos constantes, se trata de propuestas concretas y una hoja de ruta para realizarlas. Que termine el circo y se dé paso a la responsabilidad política y ciudadana. De este modo nos libraremos de costras y cartones de tres al cuarto.


