La moda “Retro”

retroCasi todos los que vivimos o penamos en esta esfera que llamamos Tierra, tendemos a mirar con nostalgia esa época de nuestra vida que va desde nuestros primeros y borrosos recuerdos hasta ese difuso limes entre la adolescencia y la vida adulta. Un refugio donde nos vemos a nosotros mismos libres de las muchas preocupaciones y obligaciones que nos abruman en nuestra madurez y donde todo es juego, aventura y nuevas experiencias. Se trata de un tiempo que muchas veces recordamos más feliz de lo que realmente fue, pero que, sin duda, fue un período en el que muchas sensaciones eran novedosas y, posiblemente por ello, han quedado grabadas a fuego en nuestra memoria.

El mundo de los recuerdos y el vintage

Precisamente esa nostalgia por la niñez y la juventud pasadas tiene un papel fundamental en el tema con el que estrenamos este espacio dedicado a la Cultura Pop: el fenómeno que denominamos “retro”. Un fenómeno que, groso modo, pone de moda patrones estéticos propios de décadas anteriores y rescata objetos que, por su valor subjetivo en la mente de alguna generación que ya no cumplirá los treinta años, adquieren la consideración de objetos de culto y de colección. Dejan de ser viejos y pasan a ser vintage.

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Tratando de ser analíticos, queda claro que es un fenómeno estrechamente vinculado al consumo y, si nos vamos al caso español, es muy evidente que esta afición por lo “descatalogado” viene de la mano de las generaciones posteriores al franquismo y que crecieron en los 80 y 90, décadas en las que se consolidaba una sociedad consumista homologable a las de otros países occidentales. Esas generaciones de niños y jóvenes son ahora adultos con dinero en el bolsillo (unos más que otros) que buscan revivir esas experiencias que habían quedado en el baúl de los recuerdos.

Tenemos muchos ejemplos de ese amor por lo añejo: en la moda, en la decoración de nuestros hogares, en el cine y la televisión y, muy particularmente, en el mundo de los videojuegos y la electrónica. No creo que haya pasado inadvertido, para casi nade, ese repentino interés por las bombillas de filamentos led que imitan (con muy buen gusto) las clásicas bombillas incandescentes. Es un claro ejemplo de lo que hablo, pero no el único. Es habitual encontrar como elemento decorativo en algunas casas objetos tales como cámaras de fotos Polaroid, viejas cintas VHS, un vetusto AMSTRAD CPC, un póster de The Goonies, o un viejo ejemplar del Space Invaders de Atari.

En el ámbito de la televisión

Donde esta curiosa moda tiene especial relevancia es, sin duda, en el ámbito del entretenimiento audiovisual, quizá por aquello de ser la industria “de los buenos momentos” (quién no recuerda su juventud a través de las películas que ha visto, la música que ha escuchado o los videojuegos que pasaron por su viejo televisor de rayos catódicos). Mención especial merecen casos como la fabulosa (a pesar de su final regular) Super 8, dirigida por J. J. Abrams, la cual es un homenaje en toda regla a The Goonies y a la estética de cómics y películas americanas de ciencia ficción de los 80. Y cómo no hablar de la nueva serie de culto Stranger Things que, contando una historia de temática paranormal, hace constantes referencias a clásicos inmortales como Alien, E.T: El Extraterrestre, Cuenta Conmigo, Encuentros en la Tercera Fase o, una vez más, The Goonies. Eso sin olvidar esa magistral secuencia de inicio que evoca los opening de series de TV de los años 80 y 90.

Aquellos videojuegos que vienen a nosotros de nuevo

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Caso aparte es el mundillo de los videojuegos, donde este fenómeno pop se ha desatado con un vigor inusitado. Ahora se rescatan de los trasteros llenos de polvo muchas viejas máquinas de nuestra niñez, como la NES (Nintendo Entertainment System), la Sega Master System, la Super Nintendo (algunos sonreirán con nostalgia recordando aquello de “El Cerebro de La Bestia”) o la Mega Drive. Vivimos una curiosa revalorización de todos esos míticos cartuchos y videoconsolas y nos encontramos con paradojas como que, juegos que hace quince años prácticamente podíamos comprar “a granel” a precio de saldo en algunos mercadillos y tiendas de segunda mano, se han convertido en prohibitivos lujos de coleccionista (en efecto, yo mismo tuve en su época el cartucho dorado del primer The Legend of Zelda de la NES, mirad lo que cuesta ahora en EBAY y llorad conmigo) que resultan inaccesibles para bolsillos de clase obrera como el de un servidor. Y no sólo hablamos de un asunto de freaks comprando y vendiendo rarezas, ya que las propias compañías han puesto el ojo en este nicho de mercado y se han puesto en las estanterías de las tiendas joyas como esa NES Classic Mini, joya vintage que busca reencontrarnos con ese niño que pasaba horas y horas delante del televisor a ritmo de 8 bits, para desesperación de sus padres y profesores (las partidas a la “Súper” a escondidas de mis progenitores le daban al juego un plus de adrenalina).

Recuerdos, objetos, diseños, imágenes, cine, música, videojuegos, adornos… Como podéis ver, estamos ante un mercado de las viejas experiencias que, de manera diferente en cada persona, nos fueron marcando y constituyen el imaginario colectivo de nuestra juventud.

 Antonio Cristóbal Castellanologo