Navidades paganas

Diciembre es un mes especial dentro del calendario gregoriano occidental, precisamente supone la despedida del año y además presenta el inicio de las conocidas como Navidades. Estas fechas corresponden con la celebración del nacimiento de Jesús de Nazaret, entre la noche del 24 y el 25 de Diciembre. Pero ¿por qué se establecieron estas fechas? y ¿responde solamente a cuestiones dogmáticas?. Las respuestas a ambas preguntas, tienen mucho que ver con las festividades paganas que en época romana todavía tenían peso y debido a su popularidad resultaron imposibles de desterrar por las élites eclesiásticas cristianas. Aquí está el comienzo de la transposición de festividades y la adecuación del calendario a las nuevas “necesidades” religiosas.

La problemática nacida con el natalicio de Jesús

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La adoración de los pastores por Murillo (1688)

El nacimiento de Jesús de Nazaret plantea dudas acerca de su fecha exacta, pudiendo estar alejado de las fechas navideñas, pese a las referencias no excesivamente concretas en la Biblia, las indicaciones por ejemplo de los pastores durmiendo al raso, podrían demostrarían de unas fechas más próximas a primavera, aunque recopilando datos de las sagradas escrituras surgen más dudas para una cifra exacta. Así sucede con el cálculo a partir del nacimiento de Juan el Bautista, que nacería en marzo y Jesús, según el evangelista Lucas, lo haría seis meses después aproximadamente, lo que le situaría en septiembre u octubre. También la realización del censo romano en época de Jesús, lo alejarían de diciembre. Ya desde la propia antigüedad existieron dudas sobre la fecha, impidiendo una celebración concreta en su origen para tal acontecimiento como así demuestra la ausencia de la Navidad, como tal, entre las festividades cristianas que Ireneo o Tertuliano indicaban en sus listas, las dos más antiguas conocidas desde la perspectiva cristiana. Se manejaron gran variedad de fechas, desde Clemente de Alejandría indicó como teólogos egipcios hablan del 20 o 21 de mayo durante el vigésimo octavo año de gobierno de Augusto, otras fechas como el 18 de noviembre, el 2 de abril por parte de otros intelectuales, los manuscritos del Qumrán hablarían de fechas próximas a finales de diciembre por cálculos desde el calendario judío, u otra fecha que tuvo gran predicamento como fue el 6 de Enero, con gran peso en la parte oriental del Imperio.

Finalmente se produce el establecimiento del 25 de diciembre reconocido en el Concilio de Nicea I en el 325 d.C., fecha anunciada por el considerado padre de la cronología cristiana, Sexto Julio Africano. En cualquier caso, la fecha exacta no parecía satisfacer a nadie o estar unificada hasta momentos tardíos como es el siglo IV, como indica Nicea o también autores como Juan Crisóstomo defensor de la celebración del nacimiento de Cristo el 25 a finales del siglo IV. También en este siglo, los papas Julio I o Liberio defienden el 25 como fecha de celebración. De hecho, algunos tratados hablan del concebimiento de Jesús el 25 de marzo, aproximadamente, siendo nueve meses después su nacimiento. La necesidad de buscar una fecha exacta tiene relación con la creciente devoción por la figura de Jesús y la expansión del cristianismo, surgiendo un interés desmesurado por saber acerca de todo lo concerniente por su vida, principalmente intentando cubrir vacíos que los escritos sagrados no resolvían. Por ello, aparecen una gran cantidad de textos apócrifos vinculados con la infancia de Jesús y siguiendo esta línea la pretensión de averiguar la fecha exacta de su nacimiento, quizás buscando una veneración similar a la establecida con grandes líderes políticos, sobre todo emperadores, quienes tenían festividades señaladas vinculadas con su vida y hechos más destacados, o siguiendo un modelo parecido al de otros dioses, para demostrar la importancia de Cristo para sus seguidores.

La asimilación de actuaciones paganas por parte de los cristianos primitivos, responde a una inevitable ausencia dogmática y de costumbres en los orígenes, ante la necesidad de construir su propia identidad como sucede con cualquier religión que se inicia y que se ve obligada a imitar conductas y patrones que tiene a su alrededor. Por supuesto, también mantendrá la esencia eminentemente judía debido a su origen dentro de dicha religión.

El sincretismo de cultos paganos

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Imagen de Sol Invictus

Por este motivo, gran cantidad de cultos paganos presentaban celebraciones en torno al 25 de diciembre, vinculadas al solsticio de invierno y principalmente a las Kalendas de Enero, de hecho la festividad romana del Natalis Solis Invicti (celebración del nacimiento del Sol Invicto casualmente), se encontraría entre el 21-22 de diciembre según el calendario gregoriano, que a su vez era una celebración vinculada con Helios y sincretizado con Apolo, posteriormente también integrada con Mitra, momento en el cual la luz vence a las tinieblas, vinculado con el solsticio, también la relación con la epifanía de Osiris y de Dionisos, en este caso el 6 de enero (vinculado con la epifanía de Cristo), que estaba antecedido de un periodo de duelo desde el solsticio, y no podemos olvidar la importancia de los Saturnalia, festival romano que ocupaba esos días y anterior a todos los mencionados antes, fecha en la cual se producía un intercambio de regalos.

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Los romanos de la decadencia por Thomas Couture (1847)

El mundo nórdico tenía la celebración del nacimiento de Frey, sol naciente, de la lluvia y fertilidad, durante el 26 de diciembre, fiesta durante la cual se adornaba un árbol, representación de Yggdrasil (el árbol del Universo), costumbre que se puede relacionar con el posterior árbol de Navidad, similar a la festividad de Yule relacionado con el solsticio, donde se hacía arder un leño y se decoraban los hogares con muérdago. También la celebración de un gran banquete, tiene ya referencias relacionadas con las celebraciones navideñas en época de Gregorio Nacianceno (379 d.C.), cuando se realizó un banquete para conmemorar estas fechas, siendo continuado y extendido por todo oriente desde Antioquía, pasando por Jerusalén o Egipto, y extendiéndose por todo Occidente también. Pero sin dejar de lado la importancia del judaísmo, con la celebración del Pésaj, con una clara vocación familiar aunque la fiesta judía más próxima y vinculada al invierno (si aceptamos las indicaciones del Talmud o el Misdrash Raba) sería Hannukah. Aunque no debemos olvidar que la intención de esta entrada es la de destacar la influencia pagana en la celebración navideña.

La necesidad de adaptación del cristianismo para frenar la popularidad de las celebraciones paganas

En definitiva se va a producir una profunda adaptación y la adecuación del culto cristiano sobre otros existentes en torno a estas fechas, pues entre diciembre y enero se producen rituales expiatorios, buscando la prosperidad en una etapa de cambio. De ahí se seguirá esa tradición de adornar las mesas y las casas con ramos, luces (a través del fuego y la iluminación que produce el mismo) y acompañándolo con banquetes con diferentes manjares que son ofrecidos a las divinidades domésticas protectoras, destacando en el caso romano los lares, además de arroja la comida al fuego como signo de conciliación con estas entidades o el empleo de plantas propiciatorias como el olivo, el acebo, laurel o pino, como se indicó anteriormente en relación a celebraciones paganas. Del mismo modo se complementaba con la realización de las strenae o entrega de regalos y una serie de sacrificios de tipo adivinatorio, como durante Saturnalia.

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Jesús Pantocrato

Las acciones mencionadas anteriormente, provocaban que fuesen fiestas de carácter muy popular, lo cual llevó a la iglesia a promulgar una serie de disposiciones que evitasen la celebración de las mismas. Ejemplo de ello, el Canon 17 del Concilio de Zaragoza en el 380 d.C. donde se obligaba a todos los cristianos a acudir a la Iglesia los días comprendidos entre el 17 de diciembre y el 6 de enero para evitar su presencia y ocultación en las casas para celebrar de manera consecutiva las fiestas de culto a Saturno, el Sol Invictus, Mitra junto a las propias celebraciones cristianas, dando a entender la separación de estas últimas frente a los restantes cultos, evitando equipararlos. Finalmente, tras muchos intentos, se acabó produciendo una asimilación para hacer frente a la competencia de dichos cultos entre la población, pues las prohibiciones no se conseguían parar el fervor popular.

Por supuesto, hay muchas otras influencias que han contribuido a la construcción de la Navidad que actualmente se celebra en prácticamente todo el mundo Occidental y algunas otras regiones, ofreciendo un clara evolución a lo largo de los siglos y con las constantes asunciones y sincretismos que han conformado el Cristianismo desde sus orígenes, ante lo cual era inevitable que no escapase una de las festividades más importantes del calendario cristiano. Las navidades son un reflejo de la propia historia del culto surgido con la muerte de Jesús de Nazaret.

cabecera-solisJavier Solís Montero