Pasado, presente y futuro de la saga Star Wars

Rogue One

El pasado mes de diciembre llegó a las salas de cine de todo el mundo una nueva entrega de la franquicia STAR WARS, con la particularidad de que no se trataba de un episodio de la saga principal, sino de un spin off (el tercero si contamos con las dos películas sobre los Ewoks que se estrenaron en los años 80). En esta entrega se nos traslada a los acontecimientos que suceden inmediatamente antes del Episodio IV: Una Nueva Esperanza, narrándonos cómo la Alianza Rebelde consigue robar los planos del arma definitiva del Imperio, la Estrella de la Muerte y, de paso, resuelve algunos interrogantes que el film de 1978 no terminaba de dejar claros.

Darth Vader, en una escena de Rogue One

Resulta innegable que la película de Gareth Edwards nos brinda una perspectiva diferente a lo que ya habíamos visto dentro del universo STAR WARS, demostrando que es una saga que puede tener nuevos e interesantes enfoques alejados de lo que algunos hemos convenido en denominar “fantasía épica espacial” (historias fantásticas, épicas y caballerescas ambientadas en un universo tecnológico). En esta ocasión no estamos ante una historia de caballeros Jedi y su cruzada para mantener el equilibrio en la fuerza frente al Lado Oscuro, sino que se nos muestra el desarrollo inicial de una sublevación contra un estado autoritario protagonizada por un grupo de rebeldes de moral dudosa y métodos cuestionables, y se da una importancia considerable al elemento bélico.

Por supuesto, se ha tenido en cuenta a los fans de siempre y la película cuenta con ciertos guiños que gustarán a todos aquellos que han seguido la historia desde el comienzo, pero, en general, el tono de la película es bastante diferente a lo que habíamos visto hasta ahora.

Una escena de la película Rogue One

Una saga en disputa

No entraré en más detalles sobre el nuevo título de Lucas Films, ya que no pretendo hacer una crítica del mismo, sino que quiero, a colación de este último estreno, hacer una reflexión acerca del futuro de esta histórica space opera.

Si algo nos queda bastante claro cada vez que se estrena una nueva entrega de esta franquicia (antes en manos de George Lucas y ahora de la factoría Disney) es que es una saga en disputa entre los fans de toda la vida y el público mainstream. Eso significa que los nuevos creativos encargados de las últimas dos entregas (Ep. VII: El Despertar de la Fuerza y Rogue One) y de las cuatro (al menos) que están por venir en los próximos años se enfrentan a un dilema complejo: satisfacer el sentir nostálgico de los fans de la primera trilogía, el de los seguidores de la segunda (si, aunque parezca extraordinario, las precuelas también tienen firmes defensores) o buscar fórmulas diferentes que conecten mejor con los nuevos tiempos y capten nuevos adeptos para este universo de naves espaciales y sables de luz.

Duelo entre Luke Skywalker y Darth Vader en Episodio V: El Imperio Contraataca

Por ahora, parece que Disney ha utilizado las dos primeras películas lanzadas bajo su batuta para tantear el terreno y, mientras que el Episodio VII fue claramente un homenaje a la película original de 1978, el reciente spin off ha servido de experimento para ver la acogida que podía tener una historia contada de forma no canónica. Los buenos resultados de ambos largometrajes pueden servir de refuerzo a la tesis de una saga principal conservadora en lo estético (y de la que esperamos algo más de inventiva argumental en los próximos dos episodios) y una serie de títulos colaterales que cuenten historias secundarias con enfoque y estilo narrativo diferentes.

El futuro de STAR WARS

Teniendo en cuenta este dilema de los productores y directores a la hora de cómo abordar las nuevas entregas, creo que es interesante plantear un par de preguntas acerca de hacia dónde debe encaminarse la franquicia.

Obi-Wan y Qui-Gon Jinn en Episodio I: La Amenaza Fantasma

¿Qué estética debe seguir Star Wars? Obviamente, los tiempos cambian, la tecnología evoluciona y los cánones estéticos van modificándose. George Lucas tuvo eso en cuenta cuando dirigió las precuelas (episodios I, II y III) y dio a las mismas una personalidad y apariencia bastante modernas en comparación con lo que podíamos ver en la trilogía original. El problema es que, precisamente por ser secuelas, muchos nos quedamos con cierta sensación de anacronismo al ver que lo que acontece primero tiene una pátina de modernidad y, lo que en la cronología sucede a posteriori presenta una estética totalmente “retro”. Si, el Universo Expandido (el antiguo canon ahora denominado “Legends”) daba una explicación a esta paradoja, pero no deja de ser un remiendo realizado por parte de la comunidad de seguidores para tapar las incongruencias y fallos de continuidad que presentan las dos primeras trilogías de esta odisea galáctica. Como todos podréis deducir, es una cuestión que no tiene fácil solución, ya que la franquicia (una verdadera gallina de los huevos de oro) se ha convertido en un fenómeno atemporal y, pese a que los seguidores tenemos cariño por esa estética sucia de las primeras películas, es evidente que, con el paso del tiempo, la misma se está volviendo totalmente anticuada. Otras sagas han sabido reconvertirse, como ocurre con las películas de James Bond, pero son casos completamente diferentes debido a la extrema atemporalidad del personaje de Fleming. Otro ejemplo es Star Trek, en cuyos largometrajes se ha optado por el reboot o reinicio de la franquicia, lo cual ha permitido una renovación estética total que no parece posible en la obra creada por Lucas.

Una escena de Episodio VII: El Despertar de la Fuerza

La otra gran cuestión es saber qué “personalidad” debe tener la saga de aquí en adelante. El estilo y ritmo de la trilogía original parece seguir funcionando muy bien entre el público, mientras que el de las precuelas tuvo peor acogida. No obstante, los gustos en cuanto a cine que tiene el público van evolucionando y, lo que hoy tiene éxito, puede dejar de tenerlo en unos años, por lo que la idea de Lucas de hacer algo diferente en los episodios I, II y III no era descabellada de antemano (aunque el resultado final fuese cuestionable). Un claro ejemplo es el cine de superhéroes, en el cual los antiguos patrones de los años 70 y 80 ya no funcionan (cómo olvidar el caso de Superman Returns de Bryan Singer, un claro homenaje al Superman de Donner tan bienintencionado como anacrónico y desafortunado) y ahora se buscan enfoques más realistas o introspectivos.

Es evidente es que el futuro de esta serie de películas está aún por debatirse y será interesante ver qué hoja de ruta siguen los próximos directores y productores para mantener vivo el interés de los fans hacia esa space opera ambientada hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana.

Antonio Cristóbal Castellano