¿Qué leerías si fuera el último día de tu vida? Lecturas para el fin del mundo (o para terminar cualquier día)

PASADO, PRESENTE, FUTURO

¿Qué libro leerías si fuera el último día de tu vida? ¿Si fuera el último día de la vida de la Tierra? Como un baile, dos agujas se encuentran y separan, mientras van creando algo. Algo confortante, algo bello u horrible, da igual. Se unen colores, hilos, nudos… alguna vuelta que se repite. Y es en ese momento en el que te das cuenta de que te has equivocado en alguno de los puntos y tienes que volver al principio. Regresar al principio de todo para poder vivir el presente (Figura 1).

Tejer, café y libros.

Figura 1. Tejer, café y libros.

Y analizar el presente, saberlo aprovechar, es difícil. Da miedo. Miedo a perder el control, miedo al ser consciente de haberlo perdido. Miedo a no poder controlar absolutamente nada, porque el futuro es impredecible.

¿Qué libro leerías si fuera el último día de tu vida? ¿Si fuera el último día de la vida de la Tierra? Como esa manta, todos estamos compuestos por un número (cuantificable o no) de lecturas.

En este momento, cuando leas esto, espero que me cuentes cuáles son tus lecturas.



LO QUE DURA UN CHASQUIDO

«Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong» —nos decía Isak Dinesen (pseudónimo literario de Karen Christence Blixen-Finecke)—. […] «Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: “Estoy donde debo estar”».

Así recordaba ella sus días felices en África y, aunque habla del pasado que no volvió (jamás regresó a África), esa experiencia le valió para conformar su espíritu ya en origen curioso.

Sería una buena lectura para el final del mundo. Imagino el final de Rogue One (¡Atención, spoiler!, en el que los protagonistas viven ese último instante abrazados. No se besan (¿para qué habría que besarse? Apenas se conocen, han vivido una guerra juntos y son compañeros en la vida. El amor romántico no cabría en esa escena); se abrazan y esperan al fulgurante último resplandor, con la esperanza de que el futuro cambie.

Son visiones distintas del presente, Karen rememora el pasado, Jyn y Casian piensan y mueren en el futuro.

En euskera, la línea temporal de la formación de los tiempos verbales es diferentes al castellano. El presente solo dura un chasquido, y ya estás en el futuro.

Sería muy interesante leer esos relatos de Ramon Saizarbitoria en Guárdame bajo tierra, en su lengua original. En El huerto de nuestros mayores, ¿y si cambiáramos ese último momento, cuando escribe «Tú eres mi patria» pero jamás se lo llegará a decir (o tal vez sí, la imaginación al poder) (Figura 2).

Figura 2. ¿Qué leería?

Figura 2. ¿Qué leería?

¿SOLO O ACOMPAÑADO?

Solo o acompañado, ese último día, ¿qué te gustaría leer?

Tal vez una gran novela, que devorarás impaciente por si no te da tiempo a terminarla, algo de Bernhard o Proust o Grossman. O quizás no leyeras, y harías como Sócrates en sus últimos momentos, y aprenderías una canción nueva.

Quizás, y solo quizás, la pasarías en la cama, con esa persona (sabes a lo que me refiero), si no, te recomiendo que leas Lo que mueve el mundo, de Kirmen Uribe, e hicieras una reflexión sobre la memoria. Yo la leería y escucharía en bucle esa canción no editada en disco de Luis Ramiro Entre el mundo y mi cuerpo. «Tu pecho va a ser mi tumba», dice Juan. Y Robert Mussche y Herman juntos, riéndose de la vida tumbados en una cabaña (Figura 3).

Figura 3. Leer juntos o a solas

Figura 3. Leer juntos o a solas.



MI BIBLIOTECA

Seguro que ya conocéis parte de mi biblioteca, pero si me dieran la oportunidad de leer un último libro, un último libro…

Entre mis libros tengo un ejemplar dibujado a boli bic sobre pitufos vascos (sí, dibujado a boli azul), de Piru. También tengo una Didáctica del Euskera que me regaló mi amigo Luis (ya fallecido) en su última visita a la biblioteca donde trabajaba. Él había sido electricista y le mandaron a Vitoria. Siempre me lo contaba entusiasmado, y cuando hablaba de su mujer, enferma, hablaba con amor y dolor. Él se iría con ella. Mi amigo Luis.

¿Cuál sería su última lectura?

Esta pandemia me ha hecho cuestionarme muchas cosas que creía ya afianzadas. He desaprendido y estoy volviendo a aprender. Casi todo sobre mí misma, que estoy compuesta de experiencias, taras, lecturas y canciones.

No podría elegir un último libro, pero sí un último poema.

La heroína es tan dulce como hacer el amor,

decía ella en otro tiempo.

 

Los médicos dicen que no ha ido a peor,

día va día viene, y que nos lo tomemos con calma.

Pero hace ya un mes que no ha vuelto a despertar,

desde la última operación.

 

Y sin embargo seguimos visitándola todos los días

en el sexto box de la unidad de cuidados intensivos.

Al entrar, el enfermo de la cama de enfrente lloraba,

no ha venido nadie a visitarme, le decía a la enfermera.

 

Hace ya un mes que no oímos la voz de mi hermana.

No veo como antes toda la vida por delante,

nos decía,

no quiero promesas, no quiero disculpas,

tan sólo un gesto de amor.

 

Ahora sólo le hablamos mi madre y yo.

Mi hermano, antes, no decía gran cosa;

ahora ni siquiera aparece.

Mi padre se queda en la puerta, callado.

 

No duermo por las noches, nos decía nuestra hermana,

tengo miedo a dormirme, miedo a las pesadillas.

Las agujas me hacen daño y tengo frío,

el suero enfría mis venas.

Si pudiera huir de este cuerpo podrido.

 

Mientras tanto, dame la mano, nos pedía,

no quiero promesas, no quiero disculpas,

tan sólo un gesto de amor.

Kirmen Uribe (2015). Mientras tanto dame la mano. Madrid: Visor Libros.

Y tú, ¿qué leerías si fuera el último día de tu vida?

Mary Nafría

Mary Nafría
Author: Mary Nafría