Eco de lluvia

Reencuentro con los espacios refugio

No me equivoco si digo que nunca se nos olvidará el año 2020. Aquel punto de inflexión rompió muchas cosas, pero tejió otras tantas. Durante su transcurso y con la leve apertura pandémica comenzaron a abrirse al público de nuevo algunos espacios refugio. Uno de ellos fue el Museo Nacional del Prado con una propuesta denominada Reencuentro.

Alimentar el alma

Todos solemos tener en la medida de lo posible algunos espacios refugio a los que acudir cuando la espiral social y el mundanal ruido nos atronan. Dependiendo del perfil de cada uno de nosotros nos deslizamos aquí o allá con el ánimo de evadirnos y también alimentar el alma.

En el caso del que escribe, durante mucho tiempo abracé La Rosa de los Vientos, excelente programa radiofónico liderado por José Antonio Cebrián, ¿qué sería de mi adolescencia sin la voz de uno de los más grandes? Los espacios refugio también se encuentran en la música, literatura, arte, videojuegos y otras tantas cosas. Por supuesto que amigos y familiares son otro claro ejemplo, pero en este caso hablo de la evasión en “soledad”. El viaje que recorremos para encontrarnos con nosotros mismos.

Reencuentro

El 6 de junio de 2020 El Museo Nacional del Prado volvió a abrir sus puertas en formato reducido después de una serie de meses cerrado por la pandemia. Aquella muestra se denominó Reencuentro y ocupó la Galería Central del museo. Más de 190 obras vistieron el eje vertebral del Prado seduciendo los sentidos del visitante con nombres propios como La Anunciación de Fra Angelico y El Descendimiento de Van der Weyden. También vistieron las paredes Las Meninas y Las Hilanderas de Velázquez, así como el Saturno devorando a sus hijos de Goya.

El embarco de santa Paula Romana |Museo Nacional del Prado

La propuesta artística contaba de siete paradas temáticas que desglosaban todo aquello que puede significar el arte para el ser humano.Una de los espacios refugio se titulaba “El arte como evasión” donde me detuve un buen rato frente a una de sus obras, se trataba de El embarco de Santa Paula Romana, lienzo pintado por Claudio de Lorena en 1639.

El poder del arte

Y allí estaba yo, frente al despuntar del alba, observando en el fantasioso puerto de Ostia una noble romana partía rumbo a Antioquía para encontrarse con San Jerónimo. El juego de luces me embriagaba e invitaba a tomar un barco y partir de aquel paraje. Estaba dentro de otro tiempo que a su vez hilvanaba en una obra varios siglos de historia. La sensación que recorría mi cuerpo me resulta aún hoy en día indescriptible. Aquel espacio refugio alimentó mi alma y vidrió mis ojos e incluso lo sigue haciendo cada vez que recuerdo aquel Reencuentro que de forma tan atinada elaboró el Museo Nacional del Prado.

Javier F. Negro

Redacción
Author: Redacción

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