Renoir y Wagner: cuando los extremos se tocan

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Bayreuther Festpielhaus

Para los amantes de la música clásica el festival de Bayreuth es una de las citas obligatorias que se dan todos los veranos en la localidad bávara del mismo nombre.

Como es por todos conocido, el festival hace honor al compositor alemán Richard Wagner (1813-1883), para quien mandó construir Luis II de Baviera (1845-1886) un colosal teatro, el Bayreuther Festspielhaus. Fue en este teatro donde el propio Wagner estrenó El anillo del nibelungo (16 de agosto de 1876) y el Parsifal (26 de julio de 1882), siendo desde entonces la catedral del mundo wagneriano.

Un encuentro inesperado en Italia

Renoir conoció a Wagner en Palermo a comienzos del año 1882. Debió de ser un encuentro más bien fortuito porque Renoir llevaba unos meses viajando por Italia (y antes de esto por Argelia), mientras que Wagner pasaba sus inviernos en esta localidad siciliana. Después de muchos esfuerzos, Renoir logró que el maestro cediese media hora de su tiempo para hacerle un retrato al dibujo que después tomaría como referencia para hacer el retrato que hoy encontramos en el Musée d’Orsay.

En el diario de Wagner (que escribía su esposa Cósima) encontramos una referencia a este dibujo de Renoir: “Sobre el fantástico efecto azul-rosado opina Richard que parece como el embrión de un ángel, tragado por un epicúreo como si fuera una ostra”.

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Retrato de Wagner por Renoir en 1882. Hoy lo tenemos en el Musée d’Orsay

Una cerilla te puede estropear una ópera de Wagner

Esta relación Renoir-Wagner tuvo su continuidad -fallecido Wagner en 1883- en el verano de 1896, cuando Renoir fue invitado por el compositor y fotógrafo Martial Caillebotte (hermano del pintor Gustave Caillebotte) al festival de Bayreuth, donde se representó La Valkiria.

La experiencia no pudo ser más dantesca. Renoir, pese a haber sido introducido a la música wagneriana en el seno del grupo impresionista, no aguantó estar cuatro horas mirando de frente a lo que acontecía en el escenario iluminado mientras el resto del teatro estaba en penumbra.

En un momento de tedio o casi de desesperación le dio por encender una cerilla para ver la hora, provocando las protestas entre el resto del público. Finalmente se marchó. Podemos imaginar qué cara se le quedó al pobre Martial Caillebotte, que le había invitado al festival.

Varios años después, cuando Renoir se hallaba postrado en una silla de ruedas y su hijo Jean tenía la pierna inmovilizada por la bala de un soldado alemán durante la Iª Guerra Mundial, sacó a la luz este episodio: “No hay derecho a encerrar a la gente en la oscuridad durante tres horas. Es un abuso de confianza […] Se ve uno forzado a mirar al único punto luminoso, la escena. ¡Es una tiranía! Puedo tener ganas de mirar a una mujer bonita en un palco. Y además, seamos francos. ¡Esta música de Wagner es muy aburrida!“.

El encuentro con Vermeer en Dresde

Al día siguiente de escabullirse del Bayreuther Festspielhaus Renoir realizó un nuevo viaje, pero esta vez en solitario. Se marchó a Dresde porque tenía la necesidad de ver con sus propios ojos una nueva obra que se le acababa de atribuir al por entonces enigmático Vermeer de Delft (1632-1675), de quien prácticamente nada se sabía antes de que Théophile Thoré (también llamado William Bürger o Thoré-Bürger) pusiese el foco de atención en su obra en la década de 1860.

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Bei der Kupplerin por Vermeer en 1656

La pintura que Renoir fue a ver a Dresde no era otra que La cortesana, posiblemente la única escena ubicada en un prostíbulo que realizó Vermeer, lo cual es bastante revelador porque Renoir no se desplazó a Dresde en busca de una obra de Vermeer cualquiera, sino que era singular por su manera de representar las relaciones medidamente ambiguas entre tres hombres y una mujer.

De este modo, y aunque la fascinación por el magnetismo de Wagner dio como lugar un retrato, por quien lo dejó todo fue por Vermeer. Por eso en Renoir encontramos a partes iguales dos medidas: la Tradición y la Modernidad.

Manuel Fernández Luccioni. Los Laberintos del Artelogo

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA RECOMENDADA:

• RENOIR, J.: Renoir, mi padre. Madrid: Alba Editorial, 2007.

• THORÉ-BÜRGER, Th.: “Van der Meer de Delft”, Gazette des beaux-arts, tomo 21, oct-dic 1866, pp. 297-330, 458-470 y 542-575.

• VV.AA.: Renoir. Intimidad [Catálogo de exposición: 18 octubre de 2016-22 enero de 2017]. Madrid: Museo Thyssen-Bornemisza, 2016.

• http://www.wagnermania.com/efemerides/?id=15%2F01

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