Tras la Revolución

2017 acabó y con ello el centenario de la Revolución Rusa. Un periodo, como ya señalé en otra entrada anterior, de profunda reflexión sobre el hecho, que ha dado como resultado la publicación de multitud de libros. Algunos de ellos novedosos, como son los de Julián Casanova (La rebelión de los siervos), Sean McMeekin (Nueva historia de la Revolución rusa), Mira Milosevich (Breve historia de la Revolución rusa) o Francisco Veiga (junto a otros dos autores en Entre dos octubres). Otros reeditados o traducidos por vez primera al castellano, como son el caso de Richard Pepis (La revolución rusa), John Reed (Diez días que estremecieron el mundo) o León Trotski (Historia de la revolución rusa); estos dos últimos convertidos ya en clásicos. Incluso se ha recurrido a formatos nuevos, como el comic. En cualquier caso, visiones muy distintas de un mismo acontecimiento.

No es mi intención realizar aquí una selección de libros. Esto lo podéis encontrar en cualquier apartado de cultura de periódico o revista (e incluso en la radio, como es este caso). En vez de ello, he planteado al director y a algunos colaboradores de Café de la Lluvia, en concreto a los que formamos la mesa humanística, que compartan para esta sección una obra cada uno que consideren emblemática sobre la URSS, o que trate un aspecto concreto de su historia, y le dediquen unas líneas. Ante todo, mi agradecimiento a todos ellos por haber accedido.

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Límites y contradicciones del “socialismo real” en la URSS (Carlos Taibo, Historia de la Unión Soviética: 1917-1991, 2010).
Por Antonio Cristóbal, Proceso Entrópico.

La experiencia soviética fue, ante todo, el intento de poner en marcha una transformación revolucionaria de la sociedad que terminó fracasando debido a sus contradicciones internas y externas, y a los límites que imponía el contexto geopolítico del momento. No obstante, también es la historia de la construcción de un modelo político, económico y social alternativo al capitalismo que, en muchos momentos, demostró su viabilidad y operatividad. Por ello, y también por su vigencia histórica y sus consecuencias aún palpables, se trata de un fenómeno histórico que suele analizarse desde trincheras ideológicas que enturbian la visión panorámica y la comprensión del mismo. En este contexto, el libro de Carlos Taibo (profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid, especialista en la Europa del Este contemporánea) aporta una visión diferente del período.

La obra de Carlos Taibo “Historia de la Unión Soviética: 1917-1991” aborda los diferentes episodios del desarrollo de la URSS desde los antecedentes de la Revolución de 1917 hasta el colapso del sistema soviético en 1991, pasando por las diferentes etapas como el mandato de Stalin, la Gran Guerra Patria, el período de Jrushchov y el deshielo, la fallida “Reforma Kosygin“, el “estancamiento brezhneviano” o la Perestroika y el colapso final. El valor del presente libro se encuentra, precisamente, en la particular perspectiva ideológica del autor, cercano a posiciones libertarias, la cual hace que aborde la historia de la URSS desde la complicidad de quien comparte anhelos con aquel proyecto, pero también desde la dura crítica a las innumerables contradicciones de aquel sistema político-económico.

Se trata de un libro que, si bien pone el énfasis en los fracasos de la Unión Soviética más que en los éxitos (a los que se hace también alguna concesión), lo hace desde una posición alejada de la de una historiografía occidental excesivamente cargada de sesgo ideológico.

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Viaje por la estepa soviética (Ryszard Kapuściński, El Imperio, 1994).
Por Miguel Conde, La Biblioteca del Conde.

Resulta una premisa casi implacable: cada vez que se pregunta a un autor proveniente de los países del viejo bloque soviético sobre la Revolución Rusa, la respuesta suele ser el rechazo y la condena. La URSS no dejó una buena mella en la Europa que dominó e incluso entre los intelectuales del propio régimen (aquellos que se aprovecharon del patrocinio del sistema y su protección), ya se hablaba en la década de los 80 en términos de utopía fallida. No aceptábamos el sistema que nos rodeaba, pero amábamos la utopía que, en un principio, ese sistema estampó en sus banderas, decía Helga Königsdorf en 1990 desde la Alemania Oriental 1. La década de los 90 fue para muchos de estos intelectuales un periodo de nostalgia y pérdida, pero también de marginación; para otros, fue simplemente de conversión.

Por otra parte, la caída de la URSS fue un acontecimiento que llamó la atención de multitud de periodistas y académicos, no siendo pocos los que durante aquellos meses se aventuraron a viajar por las tierras del viejo orbe soviético para relatar de primera mano los cambios. De entre todas las narraciones, nos quedamos con la del polaco Kapuściński, no solo por la calidad de su pluma, indiscutible, sino también por las contradicciones de su propia persona.

En su obra, Kapuściński narra multitud de encuentros con lo que él denomina “el Imperio” (es decir, la URSS), desde su infancia hasta sus últimos momentos de existencia, con un viaje crepuscular, el que hace por Rusia y el Cáucaso, en el que se entrevén grandes cambios. Encuentros marcados por un sinfín de situaciones violentas e inhumanas. El polaco concibe el Imperio como un estado burocrático, una industria de la opresión, donde la tradición se ha sacrificado en favor de una utopía nunca construida y donde el resultado final de la revolución fue un sistema staliniano-brezneviano anacrónico, “como una antigualla decadente e improductiva”. Un espacio caracterizado por la inmensidad, atravesado por alambradas y puestos de control, donde la desconfianza y el temor imperan entre sus gentes, conteniendo (eso sí, advierte el autor) multitud de pasiones del todo impredecibles. Es aquí donde nace el célebre Homus Sovieticus, fruto, no de la modernización y el surgimiento de una sociedad cosmopolita, sino de las deportaciones masivas, los campos de trabajo y el destierro siberiano.

Y esta es una de las claves que cabe destacar de la obra (de las muchas que tiene): detrás de este “Imperio”, de esta URSS, está la Rusia tradicional, la zarista, aquella que condenaba a sus enemigos a la taiga y la estepa, que, con sus mismos excesos y defectos, marca, junto a Stalin, el resultado final aquella utopía que había impulsado inicialmente la Revolución.


1 Sobre el caso de la Alemania Oriental, de donde se extrae esta cita: Maldonado Alemán, M. (2005), La narrativa de la unificación alemana: autores y obras

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La mirada de Tintín sobre la Revolución rusa  (Hergé, Tintín en el País de los Soviets, 1926)
Por Javier Fernández Negro, Eco de Lluvia.

A finales de la década de los 20 nació en el corazón de Bélgica un reportero llamado Tintín, de manos del dibujante Georges Prosper Remi -más conocido como Hergé- y el primero de sus viajes lo realizó a la Rusia soviética.

Hergé publicó las primeras aventuras de Tintín en Le Petit Vingtième, el suplemento infantil y juvenil del diario belga Le Vingtième Siècle, periódico de carácter conservador. Por aquella época, a finales de los años 20, Rusia era un escenario sobre el que tenían puestos los ojos todas las potencias mundiales y el funcionamiento del nuevo sistema variaba dependiendo de quién crease el relato. En el caso de Le Vingtiéme Siècle no podía ser más reacio y por ende la mirada en Tintín en el País de los Soviets era negativa. Moscou sans voiles. Neuf ans de travail au pays des Soviéts, fue el libro con el que se documentó Hergé para la primera aventura de Tintín. El autor de la obra fue Joseph Douillet, cónsul de Bélgica en Rusia durante la Revolución y director adjunto de la misión Pontificia en Rostov hasta 19262 .

La primera aventura del joven reportero belga nos presenta un régimen soviético malvado que asfixia a su pueblo y pretende dar su cara más amable en el escenario internacional mediante la propaganda. De este modo el periodista viaja desde Bruselas hasta Moscú con la vigilancia permanente del OGPU, policía soviética. A los agentes se les dibuja preocupados y con miedo de que Tintín, calificado como espía, cuente las “realidades del régimen soviético”, por lo que es conveniente eliminarlo del mapa. Entre las imágenes que se proyectan cabe destacar el desabastecimiento de trigo, la coacción para elegir listas en los soviets, las colas de niños para hacerse con una hogaza de pan y la teatralización propagandística a los medios extranjeros en el país sobre el buen funcionamiento de la industria, principalmente ante los ingleses.

Si he elegido Tintín en el país de los Soviets como lectura es porque es un claro ejemplo del intento de romper el “idilio soviético” desde el corazón de Europa por parte de la prensa conservadora, sin olvidar el formato que se presenta, destinado a los jóvenes belgas. Un ejemplo en definitiva de lo que será con los años los que conocemos como Guerra Fría entre los dos bloques.


2 Castillo, F. (2011): Tintín-Hergé. Una vida del siglo XX, ed. Fórcola, Madrid, pp. 38-39

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La religión y la fe en el mundo soviético (Vladímir Kuroédov, La religión y la Iglesia en la URSS, 1979).
Por Javier Solís, De Natura Deorum

Los estudios relativos a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas han profundizado en diversos aspectos, siendo quizás uno de los menos estudiados su relación con la religión, pero no por su falta de interés, sino por la asunción habitual de considerar el carácter eminentemente ateo dentro de la sociedad soviética3 . La mayoría de trabajos han ido vinculados a aspectos relativos a la sociología y la religión4 o a un planteamiento marxista acerca de la consideración religiosa entre sociedad y Estado5 . Así mismo, la constante desinformación por parte de la propaganda antisoviética desde algunos sectores, principalmente eclesiásticos, planteó un cierto componente de sinónimos entre ateo y anticlerical6 . Precisamente el trabajo realizado por Vladímir Kuroédov, que en español se tituló como La religión y la Iglesia en la URSS, editado en 1979 por la Agencia de Prensa Nóvosti (Moscú), pretendía mostrar una visión diferente al respecto7 . Hay que entender que el autor llegó a ser presidente del Consejo para Asuntos de la religión, adjunto al consejo de Ministros de la URSS 8. Tan sólo dos años antes, en 1977, había aparecido una nueva constitución soviética 9, lo que indica cierta posición ideológica de manera oficial. Es decir, se trata de una obra que permite entender la perspectiva del régimen a este respecto, además de mostrar un panorama general hasta el periodo sobre la mentalidad y la vida religiosa en la URSS . Tampoco podemos olvidar que corresponde a una obra centrada en la religión cristiana, tanto ortodoxa (la cual acaba asumiendo su papel dentro del sistema), como con otras como la católica (mucho más beligerante y reacia a su posicionamiento); pero además habrá otras religiones, con gran peso y con su espacio en el texto, dentro del sistema soviético como son la musulmana 10, la judía o la budista. En definitiva, es una obra que analiza de manera oficial el proceso religioso existente en la sociedad soviética, al amparo de la nueva constitución la cual busca la integración y el reconocimiento de todas las sensibilidades religiosas, tanto basadas en las creencias como en la ausencia de las mismas, con un reconocimiento al ateísmo.


Thrower, J. (1983): Marxist-Leninist “scientific atheism” and the study of religion and atheism in the USSR. Mouton cop, Berlin.

Para ese mismo periodo, desde una óptica sociológica: Lane, C. (1978): Christian religion in the Soviet Union: a sociological Study. George Allen & Unwin, cop., London.

Esquinas Algaba, J.R. (2014): “La estrategia política de la izquierda comunista ante la cuestión religiosa en la Unión Soviética: Una comparación con la actual izquierda española”. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas nº 41, 1. Universidad Complutense de Madrid, Madrid. En el mismo hace un repaso general de la mentalidad soviética en relación a la religión desde una óptica marxista, además realiza una comparativa interesante con la mentalidad de la izquierda actual española. Incluye una entrevista con Kuroédov.

De Grunwald, C. (1961): La vie religieuse en U.R.S.S. Plon, Paris. Srruve, N. (1963): Les chrétiens en URSS. Seuil, Paris.
Una perspectiva más moderna y que sirve como comparativa: Chumachenko, T.A. (2002): Church and State in Soviet Russia: Russian orthodoxy from World War II to the Khrushchev years. M.E. Sharpe, Armonk, N.Y. (Edición inglesa traducida por Edward E. Roslof).

Interesante la visión de este aspecto desde la educación en Chuprunov, D. (ed.) (1981): “L’éducation en URSS: planification et développement recent”. Unesco, Institute international de planification de l’éducation, Paris.

Troyanovski, I. (1987): La Iglesia católica en la URSS. Agencia de prensa Nóvosti, Moscú.

10 Bennigsen, A. (1981): Les musulmans oubliés. l’Islam en URSS aujourd’hui. François Maspero, Paris.


Miguel Conde