El culo de Caillebotte

En ocasiones escuchamos la expresión “tener culo” como sinónimo de ser afortunado.

En el caso de Caillebotte su fortuna fue económica, lo que le permitió por una parte convertirse en uno de los artistas más originales de su generación y por otra poder formar una colección de arte impresionista al alcance de incluso pocos magnates norteamericanos de la época. Además, tuvo la inmensa fortuna de conocer en persona a casi todos los impresionistas y trabar una amistad duradera con Renoir y con Monet.

La fortuna poco afortunada

La suerte que tuvo a nivel material no le acompañó como artista. Si bien es cierto que durante gran parte de su carrera no buscó el éxito comercial o el reconocimiento del Salón de París, su pintura, novedosa, de mirada curiosa, excelente en su factura y altamente autobiográfica quedó ensombrecida por su faceta como coleccionista y por el pecado capital que cometió al ser burgués y embarcarse en la aventura impresionista.

. 1875-Gustave Caillebotte-Les Raboteurs de parquet, 102 x 146,5cm. Musée d'Orsay, París
Les raboteurs de parquet de Gustave Caillebotte, 1875

Tampoco la fortuna le acompañó en su vida personal, porque pese a que nunca le faltó de nada y pudo realizarse tanto como pintor como siendo jardinero, su existencia quedó dramáticamente interrumpida a los cuarenta y cinco años, una cuestión, la de la muerte temprana, que le venía obsesionando desde que tenía veinticinco años y que le llevó a realizar unos cuantos testamentos.

Asimismo, la muerte de Caillebotte el 21 de febrero de 1894 y el cumplimiento de su último testamento, siendo Renoir y su hermano Martial sus albaceas testamentarios, supuso que su legado, formado por un conjunto de aproximadamente sesenta pinturas impresionistas se convirtiera en motivo de escándalo, chocando de bruces con los grandes tótems de la pintura oficial como William-Adolphe Bouguereau, o Jean-Leon Gérôme, quienes intentaron boicotear la aceptación del legado de Caillebotte llegando a amenazar con presentar una dimisión en bloque de la Junta Directiva de la Escuela de Bellas Artes. Esta situación fue conocida en la época como el affaire Caillebotte.

La crítica al Impresionismo

De las palabras de Gérôme en una entrevista en 1894 se deduce lo crispados que estaban los ánimos contra los impresionistas en aquellos años: “No conozco a esos señores y de esa donación sólo conozco el título… ¿Hay ahí pintura de Monet, no es verdad?, ¿de Pissarro y compañía? Para que el Estado haya aceptado semejantes basuras, hace falta un gran relajamiento moral“.

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Bal du moulin de la Galette de Renoir, 1876

Es así que la fortuna crítica de Caillebotte como pintor, asunto en el que también entra la suerte, quedó relegada a un segundo plano frente a su papel como primer coleccionista del Impresionismo y como primer caballero andante de esta causa. El llamado affaire Caillebotte llevó a su tumba su fama, no siendo redescubierto hasta bien pasada la mitad del siglo XX en los Estados Unidos, donde se realizaron las primeras exposiciones que permitieron contemplar al artista sin dicha connotación claramente peyorativa.

El pintor fotográfico

Quizá muchas veces, debido a que el destino es caprichoso, nos encontramos de repente con un artista que a la gran mayoría nos es desconocido, pero que misteriosamente nos cautiva con sus puntos de vista tan exageradamente fotográficos, con el encanto de trasladarnos en el tiempo al recién construido París del Barón Haussmann, que también muestra los primeros pasos de la arquitectura del hierro precedentes a la construcción de la Tour Eiffel.

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Richard Gallo and his dog at Petit Gennevilliers de Gustave Caillebotte, 1884

Por un momento los espectadores nos sentimos afortunados de que el olvido haya preservado casi como en una cápsula del tiempo el atractivo arte de Caillebotte, porque a nosotros llega como una brisa refrescante y porque la recuperación de su figura nos sirve para comprender mejor qué fue aquello que llamamos Impresionismo y las fisuras que se sucedieron en las distintas exposiciones del grupo.

Con todo, el mayor de los privilegios fue la libertad con la que Caillebotte nos enseñó su vida en las parisinas rue Miromesnil primero y en el Boulevard Haussmann después, sus veranos en el palacete paterno en Yerres o la intimidad de sus jardines en la casa que se construyó, el Petit Gennevilliers. La pintura de Caillebotte es semejante a un reportaje de su tiempo, de las costumbres y aficiones de un burgués, de sus lugares y de sus amistades, por eso descubrirle ahora, sin que el tiempo haya pasado por él, es un auténtico regalo.

Manuel Fernández Luccioni. Los Laberintos del Arte. logo

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:

• REWALD, J.: Historia del Impresionismo. Barcelona: Seix Barral, 1994.

• VAISSE, P.: Deux façons d’ecrire l’histoire. Le legs Caillebotte. París: Ophrys, 2014.

• VV.AA.: Caillebotte. The Painter’s Eyes [Catálogo de exposición: 28 junio-5 octubre]. Washington D.C., The National Gallery of Art, 2015.