Jacob Frank, el mesías de las orgías

INTRODUCCIÓN

Yakov ben Judah Leib Frankovich, comúnmente conocido como Jacob Frank o Jakob Franck, nació en 1726 en Korolivka, actual Ucrania, dentro de una familia judía polaca (el territorio entonces formaba parte del Reino de Polonia). Su padre era rabino y esto le permitió desde joven un acercamiento a los textos sagrados hebreos. Siendo todavía joven realizó un viaje a Oriente Medio donde entró en contacto, de manera profunda, con el pensamiento de Shabtai Tzvi, fundador un siglo antes de la secta turca de los sabateos. Este hecho provocó que a su vuelta a Polonia, en 1755, comenzara a desarrollar la secta judía herética a la cual dará su nombre. Su base ideológica se centró en una visión antitalmúdica y un potente misticismo de clara influencia sabatea.

SHABTAI TZVI Y LOS SABATEOS

Auténtico retrato de Shabtai Zvi, rey de los judíos. Grabado de Cornelius Maysons (siglo XVII). Mussée d´Art et d´Histoire et d´Judaism, París. Fuente: hammersite.com

Shabtai Tzvi o Shabbatai Zevi (1626-1676) fue un rabino judío nacido en Esmirna, dentro del Imperio otomano, que afirmó ser un mesías más dentro de la historia judía. La figura de este profeta influyó de manera decisiva en Jacob Frank, volviéndose un continuador de su obra, aunque añadiendo elementos personales.

Su base ideológica

Shabtai sustentó su base ideológica en los estudios relativos a la cábala y el Talmud, a partir de los cuales plasmó su corriente mesiánica. Como consecuencia del cariz que estaba adquiriendo su visión, fue expulsado de Esmirna (en torno a 1651). Este varapalo, sin embargo, le permitió extender sus doctrinas por el Mediterráneo Próximo Oriental y los Balcanes. Este planteamiento mesiánico le hizo aglutinar a su alrededor a grupos palestinos y de judíos procedentes de la diáspora. Esto finalmente llevó a su encarcelamiento por las autoridades otomanas. En este punto es cuando, para librarse de la ejecución, decidió convertirse al islam, acción que derivó en una división entre sus seguidores. La consecuencia fue la conversión de muchos de ellos a la fe islámica, siendo conocidos como los domne, doenmeh o conversos, aunque mantuvieron prácticas propias.

Finalmente Shabtai falleció exiliado en Ulcinj, en Montenegro, pero sus enseñanzas se mantuvieron a través de sus seguidores y se expandieron a lo largo del s. xix a través del sucesor de Shabtai, también autoproclamado mesías, Baruchia Russo.



JACOB FRANK Y SU DOCTRINA

Es en este contexto de influencia sabatea, a lo largo del siglo xviii en la Europa Oriental, donde surge la figura de Jacob Frank y su movimiento religioso. De modo que la corriente frankista se ha presentado en multitud de ocasiones como una vertiente extremista dentro de los sabateos. Aunque también se ha planteado como una doctrina propia que se alejó de los sabateos. En cualquiera de los casos, la relación entre Shabtai y Jacob Frank está presente.

Por tanto, Jacob Frank liderará un movimiento judío mesiánico del cual se presentará como una reencarnación de Shabtai, tras Baruchia Russo. La base ideológica que presentaba mostraba una clara línea herética opuesta al Talmud y antinomista. Se buscaba la purificación a través de determinadas actuaciones transgresoras. El antinomismo es una visión que se oponía a la ley moral establecida por Moisés, ya que como plantearon los seguidores del ideólogo de esta corriente, Juan Agrícola (1494-1566), se podía vivir empleando la gracia de Dios para pecar y confiar en su gracia infinita para el perdón divino. Precisamente los frankistas afirmaban que las leyes y enseñanzas terminarían y cada persona debía traspasar los límites. Así el antinomismo era el camino correcto.

Redención a través del pecado

De este modo, algunas de las actuaciones de Jacob Frank y sus seguidores se vinculan con las realizadas por Shabtai consistentes en violar los tabúes judíos tradicionales. Algunos de estos fueron: el saltarse las prohibiciones alimenticias vinculadas con determinados alimentos o el ayuno durante festividades. Pero algunas corrientes posteriores sabateas llegaron más allá y terminaron por participar en orgías sexuales desenfrenadas. Esto se vio como una manera de transgredir mediante el acto carnal y el deseo físico cualquier moralidad o código. Dentro del contexto judío correspondería a un acto de pecado y se trata de una acción rupturista. Así, no es de extrañar que los frankistas recurran a estas prácticas para romper con la ley hebrea y como redención a través del pecado.

Estos actos son los más llamativos dentro de las manifestaciones cultuales del frankismo, lo que ha llevado a multitud de planteamientos sobre si se puede hablar de una doctrina frankista distinta a la del sabatismo. Lo que no se puede negar es que algunos autores no han dudado en considerar los modos de actuación y la ideología de Jacob Frank como de incomprensibles, grotescos o cómicos. No obstante, parece factible pensar que el frankismo sí presenta novedades y originalidad frente al movimiento sabateo. Jacob Frank mostraba una línea gnóstica, ya que consideraba necesario alternar en armonía lo sagrado y lo profano, pues había que destruir las estructuras sociales y religiosas establecidas en el mundo por un falso Dios para dar lugar a la revelación de un verdadero Dios.

Orgías sagradas

Detalle de dibujo de Jacob Frank. Siglo XVIII. Jewish Historical Institute.
Fuente: www.jhi.pl

Frank indicaba a sus seguidores que no había llegado para elevar su espíritu sino para humillarlo y, una vez este tocase fondo, solamente la divinidad podía elevarlo. Este aspecto parece estar relacionado con las prácticas de carácter sexual, donde destacarían las orgías sagradas. Estas generaban un escándalo social del cual se aprovechaban para propagar el movimiento.

Asimismo se va a presentar deificado e incluido en la trinidad cristiana mostrándose como receptor directo de revelaciones procedentes del cielo. Posteriormente, solicitará a sus seguidores que se conviertan al cristianismo como etapa de transición hacia una religión mesiánica final que aglutinaba diferentes aspectos teológicos del cristianismo, judaísmo y del islam. En este último caso bajo influencia de los seguidores conversos de Shabtai y en menor medida.



CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO

La conversión a la religión cristiana estuvo motivada por varios enfrentamientos con las autoridades judías polacas entre 1756 y 1759. Sobre todo por las constantes polémicas públicas y las quemas de ejemplares del Talmud en diversas ocasiones. Entre todos los casos cabe destacar el relativo a una ceremonia mística y erótica celebrada en la ciudad de Lanckorona. Aquí se encerraron en una posada con la esposa de uno de los rabinos locales, a quien sentaron desnuda con una corona realizada con la Torá sobre su cabeza. Mientras, los seguidores de Frank cantaban y bailaban a su alrededor, además de besarla y llamarla Mezuzá. Asimismo, la ceremonia se completaba con pan y vino de manera alegórica.

Un antes y un después

Este suceso marcó un antes y un después en la visión que se tenía entre el mundo hebreo de los frankistas, ya que no solo utilizaban de manera provocativa el simbolismo religioso, a modo de profanación, o el recurrir al aspecto erótico-sexual en la ceremonia como debilitamiento de la autoridad rabínica, sino que empleaban símbolos del cristianismo. Ante tal acto la comunidad judía de Europa del Este, a través de su órgano de mayor representatividad, el Consejo de las Cuatro Tierras, actuó buscando la acusación de herejía y excomunión. Este hecho provocó que los sectores tradicionales del judaísmo empujasen a la exclusión de la sociedad judía de dos mil frankistas y su conversión al cristianismo.

Esta situación llevó a Frank y sus seguidores a buscar el apoyo de los obispos de la región, aunque se ganaron el enfrentamiento con las autoridades judías y algunos sectores del clero católico que intentaban buscar una paz social.

La respuesta por parte de los frankistas no se hizo esperar, ya que confirmaron el uso de sangre cristiana por parte de los judíos en las ceremonias religiosas, los llamados libelos de sangre, no solamente con fines curativos o mágicos sino como requisito en los mandamientos religiosos. Este aspecto no era baladí, ya que provocaba que cualquier judío practicante fuese sospechoso de dichas prácticas.

Las luchas dentro del judaísmo

Esta controversia muestra de fondo una lucha intestina entre diferentes ámbitos del judaísmo que terminó por diferenciar a frankistas y sabateos. Estos últimos habían sufrido las críticas de los rabinos, pero la presión cada vez mayor del frankismo llevó a ataques desaforados contra ellos. Asimismo, Jacob Frank residiendo en Turquía entre 1756 y 1757, comenzaba la aceptación de la Santísima Trinidad y el rechazo del Talmud por sacrílego, lo que encauzaba a sus seguidores hacia el cristianismo.

De tal manera que en 1759 se realizó un bautismo comunal frankista en Leópolis (actualmente Ucrania) frente a la nobleza y jerarquía eclesiástica locales. Asimismo Jacob Frank se convirtió al cristianismo en Varsovia frente a Augusto III. Todo ello mientras su posición se fue consolidando así como su visión mesiánica, llegando incluso a seleccionar a doce apóstoles de entre sus seguidores.




SEPARACIÓN DE LOS SABATEOS Y ETAPA FINAL

Jacob Frank en Offenbach, siglo XVIII. Museum of the Jewish People de Beit Hatfutsot.
Fuente: www.bh.org.il

Tras la conversión al cristianismo se produjo la aceptación del Nuevo Testamento, se radicalizaron los mensajes antisemitas y se presentaron como auténticas las creencias cristianas de los frankistas. Estas actuaciones se deben contemplar entre las habituales de conversión producidas desde la Edad Media a lo largo de la historia europea. Estas se complementan con escritos apologéticos abiertamente antisemitas para ganarse el favor de la sociedad y las élites eclesiásticas.

Las diferencias con los sabateos

Pese a todo, los frankistas no renunciaron a sus prácticas judías, pues muchos mantuvieron nombres hebreos, no hubo matrimonios mixtos, no comían carne de cerdo y descansaban el sabbat. Como respuesta a estas actuaciones las comunidades cristianas variaron: desde los protestantes que les siguieron viendo como idólatras, hasta los católicos que los intentaron integrar, emplear en el desarrollo jurídico y oponerles al protestantismo. De hecho, el propio Jacob Frank se aproximaba al catolicismo por su interés en la mística y el ritualismo que presentaba.

Frank se asentará en Brno (hoy perteneciente a la República Checa) con el favor de la archiduquesa de Austria, María Teresa I, para fomentar la conversión de judíos, lo que establece un elemento más de diferenciación con los sabateos. Tanto es así, que Jacob Frank se consideraba un innovador frente a Shabtai y buscaba constantemente la diferencia y singularidad a través de sus actuaciones. Asimismo, las diferencias entre ambos movimientos se pueden observar mediante la perspectiva pública del frankismo y su interés en formar parte del Gobierno interno judío, lo que junto a la cristianización, llevó al rechazo rabínico al verles como un grupo que podía dividir al judaísmo, frente al carácter no rupturista sabateo.

Eva Frank, la sucesora

Eva Frank, hija y sucesora de Jacob Frank. Muerta en 1816. Museum of the Jewish People de Beit Hatfutsot.
Fuente: www.bh.org.il

Desde 1786 hasta su fallecimiento en 1791, Jacob Frank vivió en la ciudad alemana de Offenbach del Meno, gracias a las donaciones de sus acólitos. Posteriormente el liderazgo de la secta lo ejerció su hija, Eva Frank, quien desde 1770 ya era considerada como la encarnación de la Shejiná; es decir, la presencia de Dios desde una perspectiva femenina vinculada con el planeta Venus. La importancia astrológica en la doctrina frankista está muy presente. El propio líder se presentó como reencarnación de Shabtai, que en hebreo significa Saturno.

El frankismo y los intelectuales

La proximidad del frankismo con las altas esferas sociales demuestra su reducida variedad social y la extraña protección de la cual gozó. Se trató de una secta formada por un grupo reducido de intelectuales y personalidades con amplios recursos financieros que poco a poco se fueron alejando de Jacob Frank y sucesores. Los enclaves principales se centraron en tres grandes ciudades: Offenbach, Praga y Varsovia. La importancia del grupo de Praga es mayor. Esto se debe a que pudieron ser los responsables de relacionar al frankismo con los sabateos y su influencia con la Ilustración judía.

Lo que sin duda queda claro es que Jacob Frank y sus seguidores formaron parte de la vida intelectual y política de la Europa del momento. Sirvieron de extraño punto de conexión entre el mundo judío y el cristiano con un resultado llamativo. El frankismo debe entenderse como una respuesta rupturista a la realidad existente por parte de sectores judíos influidos política y culturalmente por un contexto no hebreo. Este se fue diluyendo con el paso del tiempo.

 

Javier Solís Montero

 


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