Juego de Tronos y la realpolitik

Desde que se estrenó, allá por el año 2011, la adaptación televisiva de la serie de novelas Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin, son pocos los que no se han dejado seducir por este magnífico universo de fantasía épica, siendo uno de los más importantes fenómenos pop por los que esta década será recordada (si no el que más). Como seguidor tanto de las novelas como de la serie, no tengo una preferencia entre ambos formatos, los cuales considero complementarios (para mí, sería como elegir entre “papá” y “mamá”). No obstante, dado que es la serie de televisión la que ha conseguido convertir la saga en universal, vamos a centrarnos en ella en este artículo dedicado a cómo se tratan y abordan la política y el poder en esta obra de ficción.

Una ficción cargada de realismo político

Tywin Lannister, cabeza de la Casa Lannister

Si hay algo que caracteriza a esta saga (aparte de los desnudos y la violencia explícita) es haber conjugado de una manera magistral dos elementos que, en apariencia, pudieran parecer un oxímoron: la fantasía épica y una representación realista de la acción política. Si bien las referencias a “lo mágico” no empapan todo el desarrollo de la trama (al contrario de lo que vemos en otras películas/novelas del género), las mismas están presentes y, en los momentos fundamentales, provocan giros argumentales decisivos. Sin embargo, tanto el escritor como los guionistas han sabido crear un universo en el cual lo fantástico sirve de base sobre la que construir un argumento que representa las relaciones de poder de un modo sumamente convincente e inspirado en la realidad.

Poder y apariencia

Lord Varys, Consejero de los Rumores

Dentro de un mundo de clara ambientación medieval que funciona en base a una dinámica de relaciones feudo-vasalláticas, vemos cómo la serie pone de manifiesto que el poder (concepto vertebral en la saga) no reside necesariamente en el gobernante de turno, sino donde otros creen que reside (como decía Napoleón I, «el poder es, ante todo, apariencia»). Los reinados de Robert, Joffrey y Tommen, teniendo cada uno personalidades diferentes (un guerrero borracho, un psicópata y un adolescente de carácter débil), se caracterizan por un elemento común: ninguno de ellos ostenta el poder real, el cual está, en verdad, en las manos de Tywin Lannister (Charles Dance), cabeza de la familia más rica (o eso se nos hace creer) de Poniente. Sea quien sea el Rey de Los Siete Reinos, todos en la capital saben que es Tywin a quien realmente hay que temer, ya que es su oro el que sostiene a la corona y, sin embargo, con el avance de la trama nos damos cuenta de que ese poder es sólo una fachada construida a base de deudas contraídas con el Banco de Hierro de Braavos.
Para el recuerdo queda la siguiente frase de Lord Varys (Conleth Hill):

El poder reside donde los hombres creen que reside. Es un truco, una sombra en la pared, y un hombre, aunque sea pequeño, puede proyectar una sombra muy larga.

La debilidad siempre se castiga

l Rey Joffrey empequeñece frente a su abuelo Tywin

Durante la primera temporada de la serie, el personaje de Cersei Lannister (Lena Headey) nos regala una de las frases que, en mi opinión, definen la trama: «En el juego de tronos, o ganas o mueres». La debilidad, en política, siempre se ha penalizado, ya que los adversarios jamás la perdonan (y si no, que se lo digan a Salvador Allende). En Juego de Tronos, vemos sucesivamente a personajes fundamentales pero débiles ser aniquilados sin piedad, haciendo valer como una amenaza latente las palabras de Cersei. Ned Stark (Sean Bean) es débil por su honorabilidad y eso le cuesta la cabeza. Robb Stark (Richar Madden) es débil por su inexperiencia y por no desconfiar igual de sus “aliados” como de sus enemigos, y acaba encontrando un trágico final en el capítulo más recordado de la serie, Las Lluvias de Castamere. Renly Baratheon (Gethin Anthony) es un personaje carismático y querido, pero es débil porque desconoce la verdadera naturaleza de la guerra y la política, y también lo paga con su vida.
Son sólo algunos ejemplos, pero sirven para ilustrar esta cuestión. Por el contrario, ¿quiénes sobreviven más tiempo? Los fuertes, sean buenos o malvados. Cersei, Tyrion, Arya, Daenerys o Jon, cada uno a su modo, demuestran tener fortaleza y motivos, y eso es lo que les sitúa en su lugar.

Las contradicciones del poder

Daenerys toma el mando de Los Inmaculados

Decía un célebre hombre con coleta que “hacer política es el arte de cabalgar contradicciones” y que “la política es acumular poder”, y esto es algo que vemos presente fundamentalmente en un personaje de la trama, Daenerys Targaryen (Emilia Clarke). La joven reina que vive en el exilio en Essos (el continente separado de Poniente por el Mar Angosto), va acumulando durante las diferentes temporadas cada vez mayor poder, el cual desea utilizar para acabar con la esclavitud en los lugares que va conquistando y sometiendo. Sin embargo, para realizar esta noble tarea, recurre con frecuencia a una violencia extrema (el exterminio de los amos en Astapor, la crucifixión de los esclavistas de Mereen o la ejecución de un joven liberto que se tomó la justicia por su mano). Vemos a una soberana que, para cambiar el orden social preexistente, debe mostrarse implacable hasta el punto de poner en entredicho su ética. Desde mi punto de vista, ya sea intencionado o accidental, hay muchos paralelismos con la figura histórica de Iosif Stalin, dirigente soviético que fue una contradicción en sí mismo, capaz de logros incuestionables (entre los cuales están una industrialización vertiginosa, sacar a la URSS del atraso económico o la derrota del III Reich) y de actos moralmente injustificables (como las sucesivas purgas dentro del PCUS que acabaron con casi toda la vieja guardia de la Revolución de Octubre).
También vemos el desarrollo de esta idea, con muchos matices, en la triste figura de Stannis Baratheon (Stephen Dillane), el cual, a pesar de ser un hombre de honor y ser legítimo heredero al trono, recurre a actos deleznables para alcanzar su meta (imposible olvidar la marcha sobre Invernalia en la 5ª temporada).

El enemigo exterior

A modo de cierre, no podemos olvidar otra cuestión que siempre planea sobre el desarrollo de la trama: las luchas intestinas y el avance imparable del enemigo externo. Y es que, durante toda la serie, se hace evidente la amenaza que representan los Caminantes Blancos (esos seres sobrenaturales que acechan “más allá del Muro”) mientras la milenaria Guardia de La Noche sostiene una estéril guerra contra Los Salvajes, y vemos como un tema recurrente los esfuerzos de algunos personajes, como el Lord Comandante Mormont (James Cosmo) o Jon Nieve (Kit Harington) por centrar los esfuerzos en el verdadero enemigo.

Jon Nieve y Tormund Matagigantes… los mejores enemigos

Una vez más fantasía y realismo van de la mano. Una guerra que es casi como una suerte de discusión bizantina sin utilidad alguna, mientras el auténtico peligro acecha a las puertas. Como sucede en el mundo real, no hay nada como una amenaza que venga de fuera para crear una voluntad común. Y al final, los Stark siempre tienen razón… se acerca el invierno.

Antonio Cristóbal Castellano