Prisciliano, el hereje de Hispania

Vida y obra

Prisciliano fue una de las personalidades más destacadas y enigmáticas durante los primeros siglos de la historia de la Iglesia. Se cree que nació en Gallaecia, actual Galicia, en torno al 340 d. C. en una familia senatorial, noble y adinerada. Esto demostraría su esmerada cultura y formación, lo que le llevó a interesarse desde muy joven por la filosofía, la teología y el esoterismo. De hecho, se le consideró un gran orador, ávido lector y excelente polemista. También se atribuyó su origen a otras regiones como la Bética o la Lusitania, es menos probable, pero ahonda en su procedencia hispana.

División provincial de Hispania s. iv. Fuente: hi2toriando

Los rigoristas

Desde Hispania se trasladará en el 370 a Burdigala (Burdeos), donde se unió a la comunidad rigorista del retórico Delfidio, que influyó en su ideología. Los rigoristas gozaron de gran predicamento a partir del s. ii d. C., formando parte de esos movimientos cristianos de renovación que buscaban restaurar el rigor y la pureza de la vida paleocristiana. Esto es entendible porque, junto al avance de una doctrina cristiana, van a surgir en paralelo diversas interpretaciones heréticas. También aprendió de otros maestros, siendo acusado por Itacio de Ossonoba de seguir las enseñanzas de Marcos de Menfis, un predicador gnóstico con vínculos maniqueos, astrológicos y de magia.

Pese a las influencias recibidas, Prisciliano poseía un amplio bagaje cultural, que le sirvió para predicar tras su retorno a Hispania en el 379 d. C. Precisamente, sus ideas y su manera de expresarlas rápidamente calaron en su sociedad, donde destacarían las mujeres y las clases populares. El éxito estuvo en la crítica a la pomposidad y corrupción de la Iglesia, junto al rechazo de su unión con el Estado imperial.

Su expansión alertó a la Iglesia, ante lo cual Higinio, obispo de Córdoba, mandó una carta al obispo de Mérida, Hidacio, informándole de dicha situación. Ambos, junto al antes citado Itacio, planearon un concilio en Zaragoza en el 380 d. C. con el fin de condenar estas ideas.



Corpus doctrinal del priscilianismo

Las ideas principales que dieron lugar al movimiento priscilianista las conocemos por el Códice de Würzburg. Este documento es atribuido a Prisciliano o a sus inmediatos seguidores, lo que impide distinguir las ideas propias del autor de las de sus sucesores. La síntesis general parte de la defensa de las promesas derivadas del bautismo, renunciando al mundo y sus vanidades como obra del demonio. Por tanto, hay que llevar una vida rigurosa y ascética, ayudada por el estudio de las escrituras sagradas. Algo factible, ya que el Espíritu Santo otorgaría a cada individuo la suficiente capacidad para comprenderlas.

Rechazo del Concilio de Nicea

Por tanto, se niega la idea trinitaria, al considerar al Espíritu Santo solo una fuerza divina integrada en el Padre y el Hijo. De modo que se rechaza el Concilio de Nicea (325) en favor de una visión dualista (influencia gnóstica y rigorista) del ser humano. Esta visión separa al hombre entre lo físico, como negativo, y espíritu, de mayor importancia. De este modo el demonio es una criatura malvada que influye sobre el mundo material. Así mismo se les atribuyó, de manera infundada, la condena del matrimonio, la negación de la resurrección y el ayuno los domingos, Navidad y Pascua. Los motivos están en el supuesto rechazo de las enseñanzas eclesiásticas de la vida de Cristo. Además, los priscilianistas incluían en la eucaristía leche y uvas y sus sacerdotes llevaban melena.

Este conjunto doctrinal se produce en pleno proceso de renovación de la Iglesia. La cual se producirá entre la concepción universal y eclesiástica especulativa de Nicea y la visión dogmática surgida tras Calcedonia (451). No obstante, y pese a las innovaciones de Prisciliano, la base ideológica no plantea una línea de desarrollo, sino un retorno al pasado, quizás mitificado.



Condena y muerte

Por lo cual, para rechazar la expansión priscilianista se produjo un sínodo en Zaragoza, aunque sin la presencia de representantes de la doctrina juzgada. El Concilio demostró la división en la comunidad hispana al terminar con una condena indirecta a los acusados. Además, la situación no se solucionó y la tensión aumentó por la popularidad de Prisciliano. Tanto es así que llegó a ser nombrado obispo de Ávila por petición popular y de sus seguidores. Tampoco ayudaban las acusaciones cruzadas entre bandos o la presión de la diócesis de Ávila sobre la de Mérida, donde estaba el opositor Hidacio. Este hecho provocó que Hidacio enviase una carta al obispo de Milán, san Ambrosio, solicitando la mediación de la Corte imperial, presente en la ciudad. Finalmente, el emperador Graciano declara hereje y destierra a Prisciliano y sus seguidores de todas las sedes que ocupaban.

Revocación del rescripto

Por este motivo, Prisciliano viajará en el 382 a Roma y a Milán, respectivamente, para la revocación del rescripto imperial contra él. A pesar de la negativa inicial a recibirle, logró, en la Corte de Milán, la anulación de la condena. Tras volver a Hispania, la posición de los priscilianistas se fortaleció por la sentencia y las acciones favorables de las autoridades locales. Este fue el caso de la acusación de calumnias por parte del procónsul de Lusitania a Itacio de Ossonuba, quien tuvo que huir a Tréveris.

Busto del usurpador Magno Clemente Máximo. Fuente: Wikipedia

Un año después (383), el gobernador de Britania, Máximo, asesinará a Graciano y usurpará el trono de Occidente. Ante su posición inestable atacó al priscilianismo, que ganaba poder en Hispania y las Galias, logrando el apoyo de la jerarquía eclesiástica en estas provincias. De este modo, Máximo planteará la condena del priscilianismo convocando un concilio en Burdeos. A este sí acudirán Prisciliano y sus seguidores, lo que termina con una nueva condena. Una vez más, Prisciliano se trasladará hasta la Corte, ahora en Tréveris, buscando convencer al emperador.

La trampa de Tréveris

Pero en Tréveris (385) le esperaba una trampa, ya que Itacio de Ossonoba había convencido a la Corte imperial para evitar el perdón. Una vez allí, Prisciliano es acusado de realizar prácticas inadecuadas de carácter mágico-ritual. Una vez apresado y bajo tortura, confesará todo. Fue condenado a muerte y fue decapitado con otros de sus seguidores, convirtiéndose en los primeros herejes ajusticiados por una institución secular bajo instancia eclesiástica.

Muchas personalidades, pese a no ser seguidores, se posicionaron en contra de dicha actuación y de la injerencia imperial en los asuntos de la Iglesia. Así, san Martín de Tours, san Juan Crisóstomo, el papa Siricio o san Ambrosio, argumentaron su rechazo a tal medida excesiva. A partir de entonces se estableció un peligroso precedente.




Consecuencias y repercusión

Las consecuencias posteriores afectaron a nivel religioso y político. En el 388, Teodosio derrota y ejecuta a Máximo, excomulgando a Itacio un año después.  Ese mismo año (389), los discípulos de Prisciliano pudieron exhumar a los ejecutados para llevarlos en peregrinación desde Tréveris a Gallaecia. A este respecto, se han querido relacionar los restos de Prisciliano con los del apóstol Santiago dentro de la Catedral de Santiago de Compostela, por el supuesto peregrinaje hasta Hispania y el tipo de muerte. Pero parece improbable por la poca importancia de Santiago en la época y porque los restos existentes datan de los siglos iii d. C.

Capilla de Os Martores o San Mamede. Alrededor de la misma se encuentran una serie de fosas funerarias pertenecientes a antiguos enterramientos. Fuente: Galicia Máxica

La hipótesis de la Capilla de los Martones

También destaca la hipótesis de la Capilla de los Martones, en San Miguel de Valga (Pontevedra), con tres sarcófagos del mismo periodo que Prisciliano (s. iv). Además, el topónimo «Os Martores» significa ‘los mártires’, como sus discípulos ajusticiados en Tréveris. Esto tiene que ver con la rehabilitación de su figura durante el s. xx, vinculada al nacionalismo gallego que le presentó como figura central de una Iglesia y una sociedad separadoras. Pero la ausencia de un concepto de nación para esa época y el uso parcial de la historia impide esa visión. No obstante, su discurso reflexivo sobre la opulencia influyó en la conflictividad social en un periodo de dinamismo político y económico en toda Hispania.

Así mismo, la permanencia de priscilianistas en el noroeste peninsular dará lugar a la convocatoria del Concilio de Toledo (396). El mismo finalizó con la abjuración de los seguidores de sus ideas y la condena definitiva de la doctrina de Prisciliano. No obstante, existirán todavía referencias a seguidores de Prisciliano en concilios hasta  el s. vii, lo que demuestra que tuvo un inmenso arraigo.

Por tanto, Prisciliano fue más que un asceta que repercutió en su época. Llegó a convertirse en el primer condenado a muerte como consecuencia de un debate teológico. Hablar de Prisciliano es hablar de cómo la religión y la política se interrelacionan y juegan un papel a diversas escalas.

Javier Solís Montero

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