Imhotep, de hombre a divinidad

Nombre en jeroglífico de Imhotep grabado en la base de una estatua del faraón Zoser, actualmente perdida. Imagen: Giovanna Magi (2008): Saqqarah. La pirámide, las mastabas y la zona arqueológica. Bonechi ed. Florencia. p. 7 (Edición española).

Una de las personalidades más destacadas del Antiguo Egipto es Imhotep (aproximadamente 2690-2610 a.C.), quien aglutinó en torno a su figura múltiples profesiones y actividades, y fruto de las cuales logró tal fama que terminó por convertirse en algo más que un hombre. El mismo Imhotep fue Chaty/Chati (una especie de equivalente a la posterior figura del visir) del faraón Zoser (también conocido como Djeser o Necherjet-Dyeser entre otros nombres), además de Sumo sacerdote de Heliópolis, médico, arquitecto o astrónomo.

Como Chaty, es decir, como el cargo más alto de los funcionarios del Antiguo Egipto, ejercía las labores de tesorero del faraón del Bajo Egipto, era la primera figura política o primer magistrado después del monarca en el Alto Egipto, y también administrador del Gran Palacio (incluyendo la construcción de la tumba y del funeral del regente). Todas estas labores le llevaban a la administración económica, el control de la seguridad, los transportes y también de la justicia. Por consiguiente, englobaba un gran poder.

Un sabio y un científico

Vista general de la Pirámide de Saqqara (también conocida como Pirámide escalonada de Zoser) en la actualidad. Foto: Wikipedia.

Precisamente la suma de todos estos cargos demuestra la amplia variedad de conocimientos de los que gozaría. Entre ellos cabe destacar el uso avanzado (para la época) de las matemáticas, lo cual ha llevado a ser considerado como un sabio y uno de los primeros científicos, si aceptamos la terminología moderna, reconocido de la historia. De hecho, sus labores como médico y arquitecto fueron valoradas en su tiempo, presentando importantes avances en la medicina, atribuyéndosele el conocido papiro Smith relativo a curaciones y anatomía, así como una cierta racionalización de las enfermedades, que hasta el momento estaban orientadas más a un aspecto mágico-religioso. Esta última perspectiva no se va a perder totalmente en la Antigüedad, pero si se presentan en Egipto los primeros avances orientados hacia una línea más sanitaria y enfocada al tratamiento mediante un diagnóstico basado en una nueva lógica racional. A nivel arquitectónico fue el responsable de la famosa pirámide de Saqqara, la cual supuso, hasta entonces, un hito por las dificultades técnicas que presentaba.

Inhotep divinizado

Estatua sedente de Imhotep, presente en el Museo Lovre de París. Foto: Nigel Hawkins

Por tanto, no es de extrañar que su figura termine logrando una importancia desorbitada en su tiempo, y que superará su éxito incluso tras su muerte. Curiosamente, si Imhotep suponía una preconización de la nueva medicina frente a la tradicional vinculada exclusivamente al mundo mágico-religioso, él mismo terminará convertido y asimilado en un dios relativo a la medicina y la sabiduría. Dicho proceso secuencial se iniciará en el Imperio Nuevo (iniciado en 1550 a.C.) donde es reconocido como patrón de los escribas (de hecho se le representará sentado con un papiro sobre sus rodillas), para pasar a su deificación ya en el periodo tardío, primero con la asimilación y sincretización con Nefertum (dios guardián de las fronteras del Este y que simbolizaba el nacimiento del Sol entre otras atribuciones, y que los griegos relacionaron con Prometeo, no de manera casual) y, con posterioridad, a Thot/Tot (Dios de la sabiduría, la escritura, la música, etc. También relacionado por los griegos con Hermes)1

Imhotep/ Asclepio. El Paso definitivo a la divinidad

El gran paso para la consideración divina de Imhotep lo encontramos en época Ptolemaica, donde la influencia helenística en Egipto, así como a la inversa, fue notable. En este periodo logrará su gran impulso popular y político, siendo asimilado a Asclepio, o interpretado como tal, que a su vez será el futuro Esculapio romano2 (primero como Asklepios-Imhoutes/Imutes y posteriormente como Esculapio-Imhoutes en algunas de sus manifestaciones).

Dibujo de una reconstrucción de parte del Asklepieion de Epidauro. Se puede contemplar la famosa estatua sedente del dios, realizada en oro y marfil, por Trasímedes de Paros. Imagen: Richard Caton (1900): The temples and ritual of Asklepios at Epidauros and Athens. Two Lectures delivered at the Royal Institution of Great Britain. C.J. Clay ed., London, p. 18.


De este modo, se puede contemplar como un alto cargo del gobierno egipcio, debido a sus labores y sus amplios conocimientos, quedará presente en el imaginario popular, logrando que la sociedad le atribuya características mágicas o sobrehumanas. Un caso que no es aislado en la Antigüedad (recordemos los Thêos aner3 o, en el mismo Egipto, Amenhotep), donde la separación de la realidad de las cuestiones mágicas-religiosas es imposible. Precisamente, la aparición de un hombre que presenta innovaciones técnicas a nivel médico, entre otras ramas, y que, él mismo, las basara en un método empírico físico-racional, la población lo interpretaría con otra visión; lo cual llevó a que tras su muerte se acudiese a su figura para resolver determinadas dolencias o males. Junto a esta reinterpretación y acercamiento a su figura estará el impulso otorgado por las autoridades a lo largo de los siglos, ya fuese por cuestiones políticas, por veneración popular o por cambios conceptuales en la visión cosmológica de la realidad, que irá unido al propio avance médico y sanitario, como se contempla en la evolución Imhotep-Asclepio-Esculapio. Pese a todo, la aplicación más racional de la medicina, durante estos siglos de evolución, no significa la separación total de la religión o la magia, básicamente por la naturaleza de las creencias antiguas y porque parte de las curaciones que se realizaban en los templos (es decir un recinto sagrado y religioso) de Asclepio, Esculapio o el propio Imhotep, eran revelados a los enfermos en sueños (la famosa incubatio).

Del mito al logos y viceversa

Se trata de un proceso general a lo largo de la historia, donde las interpretaciones religiosas de aquello que se desconoce van dejando paso a una visión diferente y constatable, similar al tránsito del mito al logos. Pero no debe hacernos desmerecer el progreso generado durante estos siglos, y que produce una maravillosa dicotomía. De este modo, mientras surge un ser humano que aplica métodos racionales en el tratamiento de dolencias, y que le llevó a convertirse en un dios tras su muerte; al mismo tiempo se desarrolla una evolución de sus aplicaciones dentro de un sistema religioso, el cual llevó con posterioridad a dejar atrás gran parte de la interpretación religiosa en los avances médicos futuros. En definitiva, Imhotep se convierte en mito mediante el logos, para volver al logos mediante el mito, logrando que la leyenda y el hombre se acaben reencontrando.

1Para más información ver la entrada sobre Hermetismo en este blog.
2Recordar el artículo en este mismo blog de la introducción del culto a Esculapio en Roma.
3En el artículo: Taumaturgia y Teúrgia, el manejo de lo sobrenatural, los citamos.

Javier Solís Montero

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